
Cada día Cuba y Venezuela se parecen más. Por un lado, los Castro y sus familias y, por el otro, Chávez, Maduro y su cleptocracia se apoderaron de la riqueza, ahora pobreza, de su país y lo explotaron -y hoy lo explotan- en beneficio personal o de su familia. Ambas castas de dirigentes lograron empobrecer a los países más ricos de la región y hoy los tienen acabados y sin futuro.
Los datos son muy claros. En 1959, el año en el que se tomó el poder Fidel Castro, Cuba era el cuarto país más rico de América Latina, después de Argentina, Uruguay y Venezuela, con un ingreso per cápita, entonces, de entre 400 y 500 dólares, muchísimo más alto que el de Colombia o Brasil. Su sistema de salud era uno de los mejores del continente, con la tasa más baja tasa de mortalidad infantil en la región, 37 a 40 por cada 1.000 nacimientos. En contraste, Argentina tenía una tasa de 60, Uruguay de 60, Chile de 100, Mexico y Colombia entre 80 y 90 y el de Brasil era de 100 niños muertos por cada 1.000 nacimientos.
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En educación era algo similar, aunque Argentina, Uruguay y Chile tenían mejores indicadores. Cuba entonces tenía un indice de alfabetismo del 77 por ciento, mientras que el de Argentina era de 90, el de Uruguay entre 85 y 90 y el de Chile era de 80 a 85. El índice de México era de 60 a 65, el de Colombia, 55 a 60, y el de Brasil, 50 a 55.

NI hablar de la infraestructura, que era una de las más modernas en el continente, donde solo la superaban Argentina y Uruguay. Tenía una cobertura en energía y en telecomunicaciones solo por debajo de Argentina y Uruguay, y muy por encima del resto de países de la región. Sus puertos, sus ferrocarriles y su principal aeropuerto, el José Martí, estaban a la altura de los mejores de la región, y La Habana era, junto a Buenos Aires, Ciudad de México y Rio de Janeiro, una de las metrópolis más importante del continente.
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Hoy, como en Venezuela, el pueblo no tiene luz y, en ambos casos, se robaron los recursos que China y Rusia les habían dado para mejorar sus infraestructura eléctrica. Una investigación a los Castro, a sus familias y a su entorno da el mismo resultado si los nombres se cambian por Maduro, Padrino López, Jorge Rodríguez o Diosdado Cabello. La diferencia cuantitativa es grande, pues Cuba no tuvo petróleo, pero lo poco que tenía se lo fueron apropiando. Su control de las empresas estatales era igual que el de Tarek el Aisami en PDVSA y los ingresos del turismo, y hasta de los recursos que la Unión Soviética y luego Venezuela enviaron a ese país, se despilfarraron, y mucho se perdió.

Investigar esta corrupción es casi imposible por la falta de información o el acceso a ella, pero en los Panama Papers ya aparecen personas cercanas a los líderes del régimen. Además, dos hijos de Raúl Castro -Mariela y Alejandro- y un ex cuñado, Luis Alberto Rodríguez, aparecen mencionados en distintas investigaciones sobre el tema, influyendo en las entidades que tienen que ver con ingresos del turismo -los corruptos siempre trabajan en dólares- o con el grupo creado para manejar todas las entidades del estado GAESA, donde, sin control alguno, sin información y sin transparencia hacen lo que quieren con los recursos del Estado.*
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Lo triste del caso es que durante décadas muchos latinoamericanos se nutrieron de ese mito, y lo enseñaban, y lo estudiaban, no la verdadera realidad, eso sí; los transmitían de generación en generación, preservando esa mentira terrible donde el infierno era vendido como un paraíso. Ese mito que tantos muertos dejó en la región hoy se derrumba ante la proliferación de información incontrolable que la dictadura cubana hoy no puede frenar.

65 años del “revolución” que solo han dejado miseria, opresión y pobreza. La dictadura cubana no ha construido nada valioso para su pueblo, solo un mito que benefició a una familia y a su entorno. La dictadura cubana, no Cuba, ni los cubanos, que son otra cosa, vivió de las dádivas de la Unión Soviética y de Venezuela, como una prostituta vive de sus clientes. Ya está jugando en el Caricom, al lado de Guyana y en contra de Venezuela, increíble, pues sabe que el futuro de posibles ayudas va a venir de allá. El régimen cubano se vistió de lujo para atraer otro cliente dadivoso.
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Hoy Cuba, junto a Venezuela y a Haití, son los países más pobres del continente, mientras que en Colombia el presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez elogian ese modelo que ha sido, y es, un fracaso. Tratan de vendernos ese mito, pero la verdad es que quieren emular esa cleptocracia que, como los Castro o los Maduro, guardando las proporciones, obviamente, se perpetúa en el poder, roba a manos llenas y empobrecen el país, lo que ya están haciendo en Colombia.
Hoy, con todos estos medios digitales, es posible acabar esta mentira cubana. Es una urgencia fundamental, en especial en Latinoamérica, donde todavía hay incautos que se creen el cuento. Claro, aún queda mucho por contar, como la homofobia de ese asesino, el Che Guevara, que hace parte de ese mito que, de una vez por todas, hay que destruir. Por ahora, rezar, para que los cubanos sin luz, sin agua limpia y sufriendo, ahora sí, todas las consecuencias de 65 años de horror, despierten y salgan de ese letargo, que es el primer paso para acabar de una vez por todas con esa tragedia mundial.
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*La doble vida de Fidel Castro un libro para leer sobre el tema, escrito por un hombre muy de adentro del régimen, el exiliado cubano Juan Reynaldo Sánchez.
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