El nuevo imperio

Beijing celebra el Congreso del Partido Comunista Chino, lo que va a suceder es que su actual líder, Xi Jingping, que debía dejar el poder después de 10 años, cual Ortega o Maduro, tomó la decisión de quedarse por lo menos otros cinco años más

Guardar
El Presidente chino Xi Jinping en la apertura del Congreso del Partido Comunista Chino en Beijing
El Presidente chino Xi Jinping en la apertura del Congreso del Partido Comunista Chino en Beijing

En Beijing en estos días se celebra el Congreso del partido comunista chino. Que sucede cada cinco años, define la ruta del país en la siguiente etapa y además decide quien queda al mando de la segunda economía del mundo y los 1.300 millones de chinos. Lo que se viene es preocupante para el mundo democrático pues lo que allí se discute no solo pone de presente la tremenda disputa geopolítica que se viene entre la dictadura China, con Rusia e Irán como aliados, y el mundo liberal occidental sino plantea una hegemonía con un nuevo orden mundial a cargo de esta nación.

Lo primero que va a suceder es que el actual líder chino Xi Jingping que debía dejar el poder después de 10 años, cual Ortega o Maduro, tomó la decisión de quedarse por lo menos otros cinco años. Pero puede ser más si el congreso decide nombrarlo Presidente del Partido (chairman) cargo que solo ha tenido Mao en la historia de la China comunista. El discurso de Xi mandó claros mensajes en ese sentido y con el poder que hoy tiene no sería raro que esto sucediera.

Xi dejó claro, entre frases sobre la paz mundial, que China busca un nuevo orden mundial. Sus ataques a occidente, en especial a los Estados Unidos, su elogio a la imposición de la dictadura en Hong Kong, sus severas advertencias sobre la reunificación de Taiwan y sus recurrentes menciones a un nuevo renacer de China en un orden mundial distinto dejan claro que la agresiva politica exterior de los últimos años de Xi y de su país toma nueva fuerza, pone en peligro la estabilidad en esa región del mundo y crea unas líneas rojas que pueden desencadenar en este caso una guerra mundial.

China durante los diez años de Xi se convirtió en un gigante mundial. Que tanto tiene que ver con el gobernante o con las políticas económicas de últimos 25 años es difícil de discernir. Pero lo logrado por China no es menor. Su ingreso per capita se dobló en los últimos 10 años a12.550 dólares y la economía pasó de 8.5 a 18 trillones de dólares.

Sin duda la integración con el mundo occidental y una economía orientada hacia la exportación permitió esos crecimientos. Pero la inequidad, China es uno de los países más in equitativos del mundo (el 1 % controla más del 50% del capital), la sustancial caída en el tamaño de la población y el mismo éxito económico presentan retos inmensos que un modelo cada vez más autoritario no necesariamente es el mejor para mantener el ritmo de crecimiento que China hasta hoy llevó.

El mejor ejemplo es el manejo del covid que Xi exaltó y reafirmó en su discurso. El cierre de ciudades enteras no solo ha creado gravísimos problemas económicos en China sino que generó traumas sociales y ansiedades de gran calado en muchos de los lugares donde esta política aisló comunidades enteras por muchas semanas y castigó la libertad de movilidad de cientos de millones de chinos.

Hoy el desempleo juvenil llega al 19 por ciento por cuenta de esta política contra el covid. Y la nueva política económica que Xi quiere imponer y que reemplaza el actual modelo exitoso basado en el crecimiento por uno cuyo objetivo es el autoabastecimiento, con políticas de centralismo económico que han fracasado en todas las naciones que las han utilizado, va a generar una revolución de expectativas fallidas de millones de chinos que verán sus ingresos, sus posibilidades económicas y de superación retroceder.

El creciente autoritarismo político y económico de Xi por ahora le da el margen de maniobra que necesita para mantenerse en el poder e imponer su visión sobre China. Pero ese modelo tiene enemigos dentro de China. Que hoy están callados esperando la oportunidad o la equivocación del actual liderazgo para mostrar los dientes. Y además tiene inmensos riesgos para la seguridad. Nada más fácil que ante el unanimismo que se impone con ese modelo autoritario y que busca satisfacer al líder por encima de los hechos cualquier equivocación pueda escalar de manera rápida y desembocar en un enfrentamiento militar de vastas proporciones.

Un ejemplo pequeño pero que da una idea es lo sucedido en un consulado de China en Manchester, Inglaterra. Una persona protestaba contra Xi y los guardias del consulado salieron, lo metieron al jardín del consulado y comenzaron a golpearlo. Un policía británico tuvo que meterse al consulado para rescatar al protestante. Un funcionario diplomático del ministerio de Relaciones Exteriores de china acusó al protestante de haberse metido al consulado cuando la evidencia claramente muestra que no es así. Fácil imaginarse un escenario más complejo que escale a opciones más violentas.

Este incidente solo muestra la nueva mentalidad de la política exterior China. Que toma represalias económicas contra Australia cuando este país pide una investigasción independiente sobre el origen del covid. O que tiene embajadores y cónsules que usan twitter como un medio para acusar, criticar e utilizar insultos contra países y personas que ellos sienten han insultado a su país. Ya incluso ese tipo de diplomacia coercitiva tiene un nombre: la diplomacia del lobo guerrero (lone wolf diplomacy).

Este tipo de diplomacia asociado a Xi y su política exterior tiene como elementos fundamentales una actitud de lucha ideológica con Occidente y una agresividad verbal brutal que incluso puede llegar a ser física, como lo de Manchester o la de Fiji cuando dos funcionarios de la embajada china golpearon a un oficial taiwanés. Los casos son muchos y dejan entrever la actitud de un nuevo imperio.

Finalmente Occidente poco a poco despierta. Europa hoy entiende la amenaza, aún mas después de la invasión de Ucrania, y si algo logró Xi es poner de acuerdo en una sola cosa a Trump y a Biden, China como amenaza a las libertades y a la democracia.

Hoy, China es un gigante que empieza a ocupar cada vez más espacio y que ya cree como la Alemania de la Segunda Guerra que su espacio vital es Asia. Por eso la respuesta del expresidente uruguayo Pepe Mujica a un estudiante que le preguntó sobre el imperialismo americano cae como anillo al dedo. “Si estás preocupado por el imperialismo americano espérate que te toque el imperialismo chino”, le respondió.

SEGUIR LEYENDO: