
El otrora venerable Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se convirtió en el epicentro de una controversia muy frecuente en estos tiempos en que los abusos se develan, denuncian y exponen, pero es algo muy poco frecuente en los medios de las finanzas. Acaece que, aparentemente, el actual presidente del BID desarrolló una amistad cercana con una empleada, lo cual está prohibido por el código de ética de la institución que exige la salida de uno de los dos protagonistas y la develación del asunto al departamento de recursos humanos.
El suceso ha llevado a muchos ‘opiniócratas’ a indicar que debe regresarse a la práctica de designar como presidente de esta institución a un ciudadano de Latinoamérica. Como se sabe, existía una regla no escrita desde la fundación del banco en la que Estados Unidos, con el propósito de fomentar la integración económica entre las naciones Latinoamericanas y entre ellas y su economía, decidió no ejercer su derecho de designar al presidente del banco. Es decir, el accionista mayoritario decidió permitirles a los minoritarios que escogieran al jefe.
Pero 63 años después, los loables propósitos de Estados Unidos no parecen haberse concretado en una realidad. Las naciones de América Latina no se han integrado económicamente a pesar de que, además del BID, existen siete organismos encargados de fomentar la integración en la región. El BID se ha convertido en el mejor think tank del mundo en materia de integración pero ha fallado estrepitosamente en fomentar el desarrollo de la infraestructura comercial que habría hecho más competitivas a las economías de América Latina. Objetivo que estuvo en el corazón de los creadores del banco.
Cabe entonces preguntarse: si tras 61 años bajo liderazgo de latinoamericanos no se logró construir la infraestructura que hoy está financiando el Banco de Desarrollo de China, cuál es la razón para sustituir al actual presidente por un latinoamericano.
Quizás lo mejor sería que la junta directiva del BID se avoque a estudiar bien la trágica situación de la infraestructura latinoamericana, diseñe un plan para iniciar la construcción de una plataforma para el comercio digna del siglo XXI y busque entre los más destacados expertos en la materia un líder para el banco que sea capaz de ejecutarlo y con ello saque a la región del siglo XIX.
Regresar al tema del origen nacional del presidente del BID es francamente decimonónico y estéril. Porque para que el banco cumpla con su misión debe contar con un líder que realmente sepa cómo opera el comercio mundial. Y esta persona debe ser escogida por sus habilidades y destrezas, no su nacionalidad.
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