
Estamos en una carrera contra el tiempo. Durante los últimos quince años, la fuerza de la democracia en el mundo ha ido disminuyendo. Y los países latinoamericanos, donde la democracia siempre fue esquiva, no son una excepción.
De hecho, el aumento del populismo, la reducción de una agenda progresista relacionada con los derechos de las minorías y la falta de provisión de bienes públicos para cerrar las brechas sociales están dañando los cimientos de nuestras democracias.
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La pandemia, la inflación económica y la crisis alimentaria magnifican esta crisis. Ante ello, la respuesta ciudadana parece insuficiente para tomar medidas masivas que impulsen las reformas necesarias para recuperar la democracia en nuestros países. No nos damos cuenta de cuánto la situación actual reducirá el futuro potencial de nuestras vidas.
Recuerda esto. Los políticos siempre podrán esperar para formular y ejecutar reformas. Sin embargo, las personas, sobre todo las más vulnerables, no pueden esperar. Entonces debemos entender que esta carrera contra el tiempo involucra a todos nosotros, sin importar dónde estemos.
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Es imperativo revertir esas tendencias. Cualquier paso adelante nos ayudará a recuperar la posibilidad de cumplir nuestros sueños. Pero no asegurará que esta situación aparezca en el futuro, condenando a la misma suerte a nuestras siguientes generaciones.
Seamos sinceros. La educación es la única manera de transformar nuestra realidad para consolidar una democracia que nos permita concentrarnos en los mayores problemas de la humanidad como la cohesión, la salud, el medio ambiente o la tecnología. Solo entonces podremos sentirnos aliviados de que nuestra próxima generación tenga un futuro mejor que el nuestro.
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Entonces, debemos iniciar una #RevoluciónEducativa ahora mismo. Tal vez no sea la revolución que deseamos, pero sí la que necesitamos. Aquella que sepa identificar oportunidades para generar un cambio real y use el tiempo sabiamente.
Nuestra economía puede recuperarse a través de un mejor aprendizaje, mejorando nuestra productividad como un camino confiable hacia oportunidades laborales justas y bienestar social. Esta situación nos protegerá de futuras crisis sanitarias cuyos impactos también podríamos reducir mejorando nuestra convivencia.
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Esto último también nos ayudará a tener un diálogo más constructivo en lugar de uno conflictivo. Este diálogo nos conducirá hacia la cohesión social necesaria para sustentar la democracia y un país donde podamos construir un verdadero sentido de pertenencia.
Por eso, los pilares de este CADE Educación, evento virtual que se realizará del 13 al 16 de setiembre, se construirán sobre la urgencia de impulsar la revolución educativa que el país necesita, asegurando que nuestras futuras generaciones sean mejores que nosotros.
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Este cambio que buscamos promover propone colocar a cada estudiante en el centro de su proceso de aprendizaje y darle prioridad al desarrollo socioemocional, para atender las heridas que deja la pandemia y la necesaria recuperación de aprendizajes producto de casi dos años de clases virtuales.
Nos enfocaremos en la primera infancia que fue la más golpeada y en la adolescencia que tiene los mayores retos de aprendizajes.
Profundizaremos en el aprendizaje autónomo necesario para potenciar el camino ganado con la educación a distancia y repensaremos los espacios educativos para fomentar más y mejores aprendizajes.
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También mostraremos la necesidad de contar con directivos que inspiren y lideren, de innovar nuestra educación superior para hacerla a prueba de futuros cambiantes y de ser más resilientes frente a las crisis que se avecinan.
Podemos recuperar nuestra economía, la salud y hasta la política a través de una #RevoluciónEducativa. Pero debe suceder AHORA. Si continuamos posponiendo este cambio, perderemos nuestro recurso más importante: el tiempo.
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Debemos pensar que la #RevoluciónEducativa es posible y decirlo desde el fondo de nuestro corazón. Te esperamos en CADE Educación 2022.

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