
Una mañana me miré al espejo y —como nos ocurre a todos en algún momento de nuestras vidas— me pregunté ¿cuál es mi misión en el mundo?, ¿para qué hago lo que hago?, ¿realmente soy feliz? Afortunadamente, yo pude encontrar respuestas que, con el tiempo, le dieron un propósito a mi vida personal y profesional. No fue sencillo, pero considero que nunca es tarde para plantearnos esas interrogantes e intentar responderlas.
Ahora bien, primero es importante saber que un propósito profesional es esa razón que le da sentido a nuestra vida y nos motiva a ser mejores, a comenzar cada día con buen ánimo para enfrentar los obstáculos y alcanzar nuestras metas. Y, para no perderlo de vista, debemos cuestionarnos constantemente si estamos en el lugar y el camino correcto, si nuestro trabajo nos permite mantener un equilibrio con la vida personal y si todo nuestro esfuerzo nos conduce al horizonte que deseamos alcanzar.
Desde mi punto de vista, un error común a la hora de buscar nuestro propósito es creer que tenemos que ser profesionalmente exitosos para ser felices. Sin embargo, tal como menciona una publicación del Foro Económico Mundial, “ser exitoso no asegura la felicidad, pero la felicidad te da más posibilidades de éxito”. En ese sentido, creo que lo importante es definir un propósito personal y profesional de acuerdo con nuestro propio concepto de felicidad. Para algunos será formar una familia, realizar trabajo social, viajar por el mundo, etc. Para otros puede ser escribir un libro, ser famoso o empresario. Todas las opciones están bien siempre y cuando le den sentido a nuestra vida y trabajo.
Al respecto, resulta interesante interpretar los resultados de la última encuesta de satisfacción laboral nacional realizada por Ackermann International en 2020, la cual reveló que 8 de cada 10 colaboradores no se sienten felices en el trabajo. Evidentemente, esta cifra es el resultado de diferentes variables como el clima laboral, el salario, la modalidad de trabajo, el tiempo de la jornada, los elevados costos de vida, la falta de vocación; pero, principalmente, la ausencia de un propósito profesional.
Definitivamente, una persona que descubre su propósito profesional será mucho más feliz; y, según este mismo estudio de Ackermann International, esa felicidad le permitirá ser un trabajador hasta 40% más productivo y 80% más creativo e innovador. Por esa misma razón, a diferencia de la era industrial donde el bienestar general del colaborador no era prioritario, cada vez más empresas están buscando generar experiencias laborales mucho más exitosas y satisfactorias. Sin embargo, más allá de las iniciativas propias de cada organización, somos nosotros mismos quienes debemos identificar y buscar sentirnos plenos y felices con lo que hacemos día a día, tanto en lo personal como en lo profesional.
Amigos, nunca es tarde para reflexionar sobre nuestro propósito, nuestras verdaderas motivaciones, por qué luchamos, si lo que hacemos es coherente con nuestros valores y aspiraciones. Cuidemos y valores nuestro ikigai, como se le dice en la filosofía japonesa, a esa motivación vital o misión que nos impulsa a aportar valor y ser felices.

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