
La esteatosis hepática, conocida como hígado graso, afecta a una proporción significativa de la población adulta en México y en otros países de la región.
Esta condición puede presentarse sin síntomas evidentes y avanzar hasta etapas graves. De acuerdo con un análisis de la revista Healthline, mantener una hidratación adecuada resulta esencial para el buen funcionamiento del hígado y la prevención de la acumulación de grasa en este órgano.
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¿Por qué el agua es fundamental para el hígado?
El hígado cumple funciones vitales, como filtrar toxinas, metabolizar nutrientes y almacenar energía. Para desempeñar estas tareas, requiere un suministro constante de agua.
Healthline destaca que la hidratación facilita la eliminación de toxinas y el procesamiento de grasas, lo que ayuda a evitar complicaciones asociadas con la esteatosis hepática. Además, una ingesta insuficiente de agua puede dificultar la circulación sanguínea y la secreción de bilis, procesos esenciales para la salud hepática.
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La recomendación general indica que las personas con hígado graso deben consumir al menos 2 litros de agua al día, equivalentes a ocho vasos. Esta pauta puede ajustarse en función del peso corporal, el nivel de actividad física, el clima y otros factores individuales.
Cómo calcular la cantidad de agua necesaria
Especialistas citados por Healthline sugieren una fórmula sencilla para personalizar el consumo de agua: 35 mililitros por cada kilogramo de peso corporal. Para una persona de 70 kilos, esto representa aproximadamente 2.450 mililitros, o cerca de 10 vasos diarios. Este ajuste es especialmente relevante en situaciones de clima cálido o si se practica ejercicio con regularidad.
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Distribuir el consumo de agua a lo largo del día, en lugar de ingerir grandes cantidades en poco tiempo, contribuye a mantener el hígado en condiciones óptimas. Tomar un vaso al despertar, antes de las comidas y durante la tarde es una estrategia recomendada por los expertos.
Consecuencias de la deshidratación en el hígado
El hígado graso se produce cuando más del 5 % de su peso corresponde a grasa. De no recibir suficiente agua, el órgano encuentra dificultades para eliminar toxinas y procesar nutrientes, lo que favorece la inflamación y el avance de la enfermedad. Healthline advierte que la falta de hidratación puede agravar la esteatosis hepática y aumentar el riesgo de evolucionar a etapas más graves, como la hepatitis grasa, la fibrosis y la cirrosis.
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Entre los síntomas que pueden aparecer en fases avanzadas se encuentran fatiga, dolor abdominal, debilidad y alteraciones en los análisis de sangre. El aumento de casos a factores como la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de azúcares y grasas, y enfermedades como la diabetes tipo 2.
Factores de riesgo y población vulnerable
Las personas con síndrome metabólico, obesidad abdominal, resistencia a la insulina, dislipidemias o hipertensión presentan mayor vulnerabilidad ante el hígado graso. Los adultos mayores, especialmente entre los 50 y 70 años, también se consideran grupos de riesgo debido a la disminución de la capacidad de reparación hepática.
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Las mujeres con síndrome de ovario poliquístico o en posmenopausia muestran tasas elevadas por alteraciones hormonales y metabólicas. Incluso quienes mantienen un índice de masa corporal normal pueden desarrollar la enfermedad si presentan grasa visceral elevada o antecedentes familiares.
Bebidas recomendadas y las que se deben evitar
Además del agua, existen otras bebidas que pueden favorecer la salud hepática. Healthline resalta que el té verde, por su contenido de catequinas, ayuda a reducir la inflamación y mejora la función del hígado. El café, en cantidades moderadas, se asocia con menor riesgo de fibrosis y cirrosis debido a sus compuestos bioactivos. Las infusiones de diente de león o cardo mariano y los jugos naturales de beterraga o zanahoria también muestran efectos positivos en la protección de las células hepáticas.
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Por otro lado, el consumo excesivo de alcohol constituye una de las principales causas de daño hepático, incluyendo la hepatitis alcohólica y la cirrosis. Las bebidas energéticas, gaseosas y jugos procesados resultan perjudiciales por su alto contenido en azúcares y aditivos, lo que potencia el desarrollo de hígado graso no alcohólico.

Estrategias para prevenir la esteatosis hepática
Prevenir el hígado graso implica adoptar hábitos de vida saludables. Entre las principales recomendaciones figuran:
- Mantener una alimentación balanceada, rica en frutas, verduras y cereales integrales.
- Limitar el consumo de grasas saturadas y azúcares refinados.
- Evitar el alcohol.
- Realizar actividad física al menos 30 minutos diarios.
- Controlar el peso corporal y enfermedades asociadas como la diabetes y el colesterol alto.
- Realizar chequeos médicos periódicos, incluyendo análisis de sangre y ecografías hepáticas.
El agua es un aliado central en la prevención y el control del hígado graso. Su consumo adecuado, junto con una dieta equilibrada y actividad física, contribuye a preservar la función hepática y a evitar complicaciones graves.
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