
En 1990 se estrenó la famosa película “Desafío Total”, un filme de ciencia ficción que revolucionó el mundo del arte y el espectáculo, no solo porque contó con uno de los actores de mayor proyección para el momento como Arnold Schwarzenegger, sino que fue una verdadera historia que nos hizo comprender la frontera que existe entre una realidad virtual, implantada por sueños y una memoria adulterada, y la auténtica realidad. El éxito de esta película fue tal, que recientemente cuando se cumplió 30 años de su estreno, fue reproducida en las carteleras españolas.
Hago referencia a esta película por el simple hecho de que me recuerda que la realidad a veces se nos vuelve difusa a todos, incluyendo a quienes con frecuencia la analizan e interpretan con alto grado de intelectualidad. Escucho a analistas comentar que la economía venezolana crecerá por encima del 20% este año, sin medir ni dimensionar que se ha contraído por encima del 90% en los últimos 7 años y que representa la tragedia económica más gigantesca que haya conocido la humanidad, en términos de colapso del PIB, crecimiento de la inflación y empobrecimiento.
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Pero estos analistas son sencillamente prisioneros de un relato, de una especie de mito construido con un espejismo refrendado en bodegones, conciertos, lujosos restaurantes, portentosos edificios en el Este de la capital y, por supuesto, muchos dólares que son inyectados por los nuevos ricos, los cuales tienen una silueta que se asemeja a lo de los oligarcas rusos, pues su riqueza desproporcional ha sido edificada a punta de privilegios otorgados discrecionalmente por las elites del poder. El estilo de vida de estos emisarios deslinda groseramente del 99% de los venezolanos, pues estos hacedores de negocios para los apagones tienen plantas eléctricas, para sus mercados tienen bodegones con productos importados, para sus problemas de salud tienen seguros internacionales, y para sustentar sus gastos tienen ingentes recursos provenientes de la corrupción y el crimen organizado que sostiene a Maduro.
Pero lo que se ve frente a nuestros ojos, también tiene asidero matemático y estadístico. El profesor y economista Omar Zambrano publicó recientemente un estudio titulado ¿Venezuela se arregló?: Tendencias recientes en la distribución del ingreso. En el mismo desglosa un conjunto de datos que esclarecen el panorama sobre los niveles de ingreso de la población y la supuesta recuperación económica. En el análisis se demuestra que el ingreso de la población más pobre cayó 11% entre 2020 y 2021, mientras el ingreso de los más ricos creció 91%. El estudio va más allá e indica que en el año 2021 el ingreso del 20% más rico fue 46 veces mayor al del 20% más pobre. Como conclusión, este interesante y riguroso documento subraya una verdad irrefutable: Venezuela se está arreglando, pero solo para unos pocos.
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Lo anterior pone en evidencia la enorme desigualdad que se está presenciando en el país. De acuerdo con el Coeficiente Gini (modelo que sirve para medir la desigualdad) y el resultado de la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) que realiza las universidades del país, para 2021 Venezuela se ubicaba como el país más desigualdad de Latinoamérica, con un indicador 56,7.
Debo ser enfático en que la desigualdad no es solo de ingresos. Es de estilo de vida, de derechos y hasta de sueños. Los hogares más pobres no sueñan con comprarse un vehículo o una casa con sus ahorros, sueñan con que el dinero les rinda para poder al menos comer. El crecimiento de la desigualdad es proporcional al crecimiento de la burbuja creada por la dictadura. En la medida en que se multiplican los lujos para unos cuantos, se estancan o reducen las oportunidades de los otros. El derroche de recursos solo alcanza a una pequeña porción de la población que está conectada a las mieles del poder y que desfila riquezas mal habidas sin importar que en los hospitales mueran personas por falta de insumos.
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La dictadura de Nicolás Maduro desde hace unos meses orquesta una intensa campaña dentro y fuera del país para vender una supuesta recuperación económica. Esta campaña no cesa y para el momento que escribo estas líneas sigue su curso pujante en los medios de comunicación censurados por la dictadura, en las calles del país y en las conversaciones públicas. La historia está llena de experiencias donde los sistemas totalitarios intentan recrear la realidad, valiéndose de instrumentos como la propaganda para confundir, manipular y arrodillar las conciencias de los pueblos. Pero lo que siempre termina imponiéndose es esa voluntad indoblegable de libertad que caracteriza a los humanos. El desafío total siempre será romper el grado de dominación del sistema y eso nace a partir de creer que las dictaduras no son infalibles, se equivocan y no son eternas.
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