Uno de los conceptos más utilizados para hablar metafóricamente de la vida es el deporte. Y, del menú de opciones que el planeta deportivo nos ofrece, ninguno mejor para un latinoamericano que el fútbol. Es que el fútbol brinda pasión, alegría, decepciones, disfrute, sufrimiento, goce… en fin, más de uno podría considerar que, en realidad, la cuestión es al revés: la vida no es más que una metáfora de unos buenos y vibrantes 90 minutos.
Sea como fuere, la lógica futbolera parece reconocer principalmente dos academias teóricas. Un sector de la biblioteca estaría representado hoy por el entrenador del Manchester City, Josep Guardiola. Este espacio ideológico-deportivo ha tomado (supuestamente) la bandera de la elegancia, del buen trato al balón y de priorizar el “jugar bien” antes que ganar de cualquier manera.
El otro extremo teórico-práctico estaría liderado en la actualidad por el director técnico del Atlético de Madrid, Diego Simeone. Dicen los que saben que esta corriente se destaca por buscar ganar a toda costa. Hay que vencer al rival sea como fuere. Porque el otro equipo, más que contrincante, es, durante el partido, un enemigo al que es preciso doblegar como sea.
Por más que estos nombres son los que resuenan hoy en día, cualquier lector que tenga conciencia de la historia del deporte sabe que esta dicotomía es tan vieja como el fútbol mismo. Si debiéramos apegarnos a los archivos, no nos alcanzarían los caracteres para enumerar las rivalidades en cuanto a los métodos tácticos ante un partido. Sólo porque mi Documento de Identidad argentino me lo obliga, debo mencionar a César Luis Menotti y a Carlos Salvador Bilardo como referentes obligatorios de estos dos extremos.
Ahora bien, los medios muchas veces necesitan alimentar rivalidades. Uno incluso podría decir que disfrutan haciendo esto. Porque, es sabido, el enfrentamiento siempre vende. Pero, en realidad, muchas veces los extremos se tocan. Más de una vez uno toma prestados aspectos del rival que, internamente, reconoce como positivos.
Es obvio para cualquier amante de la música que la existencia de Los Beatles obligó a Los Rolling Stones a ser más creativos y pensar por fuera de la fórmula que les venía dando resultado. La irrupción de Netflix forzó a los popes de la industria cinematográfica a romperse la cabeza para generar que el público siguiera llenando las salas de cine. Para Mario Vargas Llosa, la existencia de Gabriel García Márquez habrá sido un motivante fundamental para no dormirse en los laureles. Y todos sabemos que Batman no hubiera sido más que un simple sheriff de pueblo si no hubiera existido el Joker. Y viceversa.
La existencia de alguien “del lado de enfrente” tiene entonces dos aspectos muy positivos: me obliga a ser mejor en lo que yo me destaco y, a la vez, me permite adquirir cualidades que no estaban naturalmente en mí.
En la vida muchas veces tenemos ideales que deseamos cumplir pero, vaya uno a saber por qué, no siempre nos salen como planeábamos. No existe vivir sin que debamos enfrentarnos a situaciones inesperadas.
La palabra “coach” tiene últimamente una carga tan negativa que hubiera preferido elegir otro ejemplo. Pero lo cierto es que debemos intentar adoptar estas dos “escuelas de entrenamiento” para nuestra vida. El blanco y negro es sólo una cuestión mediática. Cada situación en la vida es un partido distinto. Y, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a acostar, vamos a enfrentar a distintos “rivales”.
Más importante aún, lo más probable es que nuestro contrincante más complicado seamos nosotros mismos. Casarnos incondicionalmente con una postura es, como mínimo, poco inteligente, porque la diaria es más compleja de lo que creemos. Es más, muchas veces Guardiola ha defendido un resultado como lo hubiera hecho Simeone, y en más de una oportunidad, el Atlético ha dominado el partido como si hubiese estado comandado por el entrenador del City.
La rivalidad de los extremos sólo sirve para vender diarios (o sumar clicks). Una persona inteligente sabe tomar lo bueno de cada uno de ellos y aplicarlo, cuando sea apropiado, a las vicisitudes del día a día.
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