Sobre el origen del COVID-19 y los emails del Dr Fauci

Dr. Anthony Fauci (Foto: REUTERS)
Dr. Anthony Fauci (Foto: REUTERS)

El presidente Joe Biden ordenó a la inteligencia de Estados Unidos que profundice sobre los orígenes del COVID-19. Está tratando de encubrir el vergonzoso cierre de la investigación anterior que él mismo ordenara, porque el dique finalmente se rompió y la evidencia de que el virus pudo haber escapado del Instituto de Virología de Wuhan (WIV) se ha derramado. Siempre fue razonable preguntar si el virus provenía de un laboratorio cercano que maneje virus peligrosos. Después de todo, ¿qué probabilidad hay de que, de todas las ciudades del planeta, aparezca este coronavirus precisamente en donde hay un laboratorio con problemas de seguridad que lleva años jugando con ese mismo tipo de coronavirus, sin que haya provenido de ese laboratorio? Y si esta probabilidad es remota, aún más baja es la siguiente: ¿Qué probabilidad hay de que un régimen comunista diga la verdad?

La publicación de la correspondencia electrónica de Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, obtenida por The Washington Post y Buzzfeed revela que desde el inicio de la pandemia se plantearon dudas sobre su origen, aun cuando fueron sistemáticamente negadas. En un correo del 1 de febrero de 2020 Kristian Andersen, virólogo del Instituto de Investigación Scripps en California -principal organismo de biomédica de los Estados Unidos- expresó a Fauci que “al ver de cerca todas las secuencias del virus, algunas de sus características parecen diseñadas” y que, junto a otros tres colegas, habían descubierto un genoma “inconsistente con las expectativas de la teoría evolutiva”.

La controvertida afirmación fue desestimada por Fauci y otros expertos, quienes afirmaron que la filtración del virus desde el laboratorio de Wuhan era “extremadamente improbable”. El 6 de febrero de 2020, Botao Xiao de la Universidad de Tecnología del Sur de China publicó un artículo en el que concluía que el virus “probablemente se originó en un laboratorio en Wuhan”. Pero el gobierno chino controla estrictamente la investigación sobre los orígenes de COVID-19 y el investigador de biomecánica molecular debió retirar su publicación.

Ante la insistencia de la administración de Trump sobre esta teoría, el Partido Comunista se ofendió, y su embajador en Washington declaró que las teorías de filtraciones de laboratorio eran “absolutamente locas” y podrían “avivar la discriminación racial y la xenofobia”. Los medios optaron por su negación y el clero de salud pública también estableció límites para la discusión permisible: el 19 de febrero de 2020, The Lancet publicó una declaración condenando las “teorías de conspiración que sugieren que COVID-19 no tiene un origen natural”. Aunque algunos académicos discreparon, el documento se promovió como prueba de que la posibilidad del laboratorio estaba desacreditada, a pesar que la declaración de The Lancet fue organizada por Peter Daszak, cuya organización EcoHealth Alliance ha financiado investigaciones en el WIV por 3.4 millones de dólares con fondos provenientes del National Institute of Health.

El actual escrutinio debió haber comenzado hace un año, pero el partidismo de los medios y de “expertos” que hicieron cálculos políticos descarriló la discusión. El Dr. Fauci ha dicho que sus correos fueron sacados de contexto, lo cual podría ser cierto. Pero es una razón más para investigar los vínculos de Estados Unidos con el WIV y la financiación de la investigación de “ganancia de función”. El problema se relaciona con los orígenes de Covid, pero también con los riesgos y beneficios futuros de dicha investigación y de futuras pandemias.

Por otra parte, esta cuestión no solo permanece abierta; con toda probabilidad desafiará una resolución final a menos que, y hasta que, el gobierno chino presente sus propios registros, lo que parece bastante improbable dada la actitud de sumisión y respeto de Occidente hacia el gigante asiático.

Jean François Revel comenzaba su libro “El Conocimiento Inútil” con una frase terrorífica: “La primera de las fuerzas que mueve al mundo es la mentira”. Siendo el punto esencial de la reflexión reveliana el totalitarismo comunista y su devastadora influencia en el siglo XX, podría pensarse que las cosas habrían cambiado tras la caída del Muro y el colapso de la Unión Soviética. No es así. El mantenimiento del comunismo en China, Cuba y otras dictaduras marxistas-leninistas y el renacimiento de guerrillas comunistas en América, no permiten mucho optimismo respecto del aserto reveliano de los ´80. Al contrario, la obscena recuperación en Occidente del prestigio académico e intelectual del comunismo -encarnado hoy en día en China- ratifican su análisis: no importa lo que sabemos del mundo cuando nos negamos a aceptar la verdad. La actual discusión sobre cómo se inició la pandemia del novel coronavirus es prueba de ello.

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