Joe Biden y las relaciones entre EEUU y China

El presidente electo tiene escaso margen para retroceder frente al país asiático

En la imagen, el presidente electo de EE.UU., Joe Biden. EFE/Tracie Van Auken/Archivo
En la imagen, el presidente electo de EE.UU., Joe Biden. EFE/Tracie Van Auken/Archivo

Durante la campaña presidencial de los EEUU han prevalecido las opiniones de que las relaciones entre China y los EEUU tenderían a mejorar a partir de una presidencia de Joe Biden. Quedaría así superada la impronta inéditamente confrontativa que Donald Trump le imprimió al vínculo bilateral y que desató un conflicto sin precedentes con la potencia asiática.

La visión de los “optimistas” se basa en los siguientes supuestos. En primer lugar, se asume que es esperable la política exterior de Biden hacia China tenga un enfoque similar a las presidencias de Barack Obama, a quien Biden secundó. Por otra parte, se suele afirmar que Biden es un líder razonable y dialoguista, que buscará recomponer las relaciones que Trump dinamitó. Esa misión reconstructiva también incluiría el crítico vinculo con China.

Finalmente, los optimistas afirman que los EEUU recuperarán un necesario rol de liderazgo en la escena internacional, volviendo a ser la voz dominante en cuestiones como valores democráticos, defensa de los DDHH y lucha contra el cambio climático. Al menos, esa es la intención manifestada por Biden. No obstante, hay argumentos para rebatir estos supuestos optimistas, en base a elementos concretos para argumentar en sentido contrario.

Biden, con escaso margen para retroceder frente a China

Ante todo, replicar la política exterior de Obama para con China parece imposible. Si los demócratas quisiesen volver a la postura del relacionamiento competitivo, Trump ha llevado las cosas a tal punto con China que será muy difícil retroceder sin exhibir debilidad y despertar criticismo, incluso en el propio electorado. El propio Biden ha reconocido que China es una amenaza por sus avances tecnológicos y prácticas represivas.

Al mismo tiempo, la sociedad estadounidense se ha vuelto muy sinófoba. Trump tuvo mucho que ver en despertar ese sentimiento, sumado al hecho que la desgraciada pandemia se originó en China. En ese sentido, Biden supo esquivar con mucha habilidad los embates de Trump en campaña, quien lo definió como “el candidato de Xi Jinping”. Por su parte, el demócrata le replicó enrostrando el fracaso en materia de resultados de la guerra comercial.

Tampoco hay que olvidar que Biden ha tenido definiciones muy duras respecto a China y, en particular, hacia la persona del presidente Xi Jinping. Probablemente, Biden estuvo condicionado por el frenesí de la campaña y la estrategia de Trump. Pero difícil pasar por alto el hecho de haber llamado “matón” a Xi Jinping y el proclamar que “hará todo para que China se comporte de acuerdo a las reglas”. No muy diferente a la visión esgrimida por Trump.

Respecto a las supuestas cualidades de Biden como un líder dialoguista y razonable, si bien ya se nota un claro contraste con Trump, estamos frente a una gran incógnita. Biden nunca ocupó cargos ejecutivos, nadie sabe cómo puede llegar a conducir a los EEUU en un hipotético giro hacia la desescalada de la tensión con China. ¿Y realmente eso es lo que quiere Biden? No quedó muy claro durante la campaña.

¿Hacer a América respetada de nuevo?

En su discurso inaugural, Biden dedicó buen tiempo a la necesidad de restablecer la posición histórica de los EEUU en la escena global, con la idea de “hacer a América respetada de nuevo”. Básicamente, esto implicaría recuperar la confianza y el prestigio perdido frente a los principales socios norteamericanos. Pero hoy el país está en una situación de gran debilidad relativa para lograrlo. La prioridad, como el propio Biden ha planteado, es superar la pandemia y sanar las profundas heridas internas de un país muy dividido y con perspectivas económicas para nada alentadoras. Ni hablar de lo que espera al pobre Biden en el corto plazo, en materia de una transición que se prevé muy complicada con el presidente saliente.

En definitiva, de avanzar los EEUU en el camino de la recuperación de su preeminencia a escala global, todo indica que será un proceso largo y cargado de enromes dificultades. Además, hay que tener en cuenta que los otros también juegan. En términos de control de la pandemia y recuperación económica, China ha sacado una clara ventaja respecto a los EEUU, mientras hace en simultáneo un gran esfuerzo para contener la ola de sinofobia y mejorar su imagen internacional. Pero no caben dudas de que el Partido Comunista luce fortalecido frente a la ciudadanía china, con Xi Jinping concentrando cada vez más poder.

China quiere más cooperación, pero no cederá en sus grandes objetivos

China no resignará las posiciones trabajosamente ganadas con el presidente Xi, quien ha elevado el perfil internacional de China y se ha sentido muy cómodo en su paradojal rol de defensor del libre comercio, el multilateralismo y la globalización. Desde ya que a China le conviene tener una relación más cooperativa y previsible en lo bilateral con los EEUU. En temas como el cambio climático, por caso, hay grandes coincidencias con Biden. Lo mismo puede decirse de otros asuntos, como salud global y lucha contra la pobreza.

Sin embargo, en Beijing no hay mucho optimismo sobre mejora de las relaciones. Además, no hay voluntad de resignar los grandes objetivos de mediano y largo plazo, con la consolidación del ascenso económico, la búsqueda de autosuficiencia tecnológica y la reafirmación de la soberanía territorial como aspectos fundamentales. En ese sentido, el presidente Xi anunció recientemente que es “perfectamente posible” que China duplique el tamaño de su economía hacia 2035, pese a las adversidades inéditas. Y esto se logrará independientemente de las intenciones de los EEUU y otras potencias.

Democracia, derechos humanos y expansionismo militar chino

Hay otro factor a tener en cuenta, que es la cuestión de la democracia y los DDHH, central en la agenda de los demócratas (sobre todo para el ala progressive). Es esperable que este tema tan sensible cobre importancia en la relación bilateral con China, con espinosos frentes ya abiertos respecto a la situación en Hong Kong y Xinjiang. A ello se suma el creciente apoyo económico y militar a Taiwán. De hecho, estas han sido una de las pocas cuestiones con consenso bipartidario durante la administración de Trump, con varias leyes aprobadas.

A su vez, está el desafío que plantea el expansionismo militar de China en la región del Indo-Pacífico. Biden prometió recomponer las descuidadas relaciones con socios históricos de la región que han sido destratados por Trump, como Japón, Corea del Sur y Filipinas. De nuevo, el mundo ha cambiado mucho para los demócratas y China ha logrado afianzar el vínculo con esos países, aprovechando el repliegue aislacionista de Trump en la región.

En conclusión, si Biden es realmente consecuente con su discurso de campaña y con el ideario de su partido, sumado a los factores de contexto anteriormente destacados, es muy probable que las relaciones entre China y los EEUU no sólo no mejoren, sino que incluso tiendan a empeorar. Al menos, es un escenario que en absoluto debiera descartarse.

El autor es director del Observatorio Sino-Argentino, docente del Posgrado sobre China Contemporánea de la UCA y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).