
Es lamentable leer el último informe de la Liga Antidifamación (ADL por sus siglas en inglés), la organización que lleva cuatro décadas monitoreando crímenes contra judíos en Estados Unidos, puesto que el año pasado es el peor que han registrado en términos de violencia en casi medio siglo de análisis.
Los judíos estadounidenses representan apenas del 3% de la población del país, y a pesar de eso, la mayoría de los crímenes basados en la religión fueron contra judíos o instituciones judías en 2019.
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Los datos de la ADL son avalados por un nuevo estudio del Comité Judío Americano, en el que un 35% de judíos de EEUU dijeron haber experimentado antisemitismo en los últimos cinco años y un tercio confesó que ocasionalmente ocultaba manifestaciones externas de su judaísmo, es decir, vestimenta y símbolos.
Esto no es solo triste, es también grave y nos remite a tiempos que creíamos superados.
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La auditoría del ADL señala que en 2019 los incidentes antisemitas aumentaron en un 12% con respecto al año anterior, con cinco muertos. Esto se traduce en 2.100 actos de agresiones, vandalismo y acoso, en comparación con los 1.879 incidentes registrados en 2018.
El antisemitismo no es solo patrimonio de los nazis de la Alemania de los años 30 y sus proxies. Vemos cómo sucede hoy en día en EEUU, pero también en otros países del mundo, y siempre por parte de grupos o personas extremistas, si bien no necesariamente pertenecientes a ningún partido político en particular. Lo único que los une es un odio a las personas e instituciones judías.
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Precisamente porque no hay un solo partido o movimiento que lidera este sentimiento, los judíos estadounidenses están siendo atacados por un mal sin cabeza, y el miedo e inseguridad provocan que muchas personas se lo piensen dos veces antes de salir a la calle con una kipá o una estrella de David. Incluso visitar su sinagoga.
Pero hemos debido de aprender la lección desde los años 30, y si en 2020, como se lee en el informe de la ADL, hay un promedio de seis ataques antisemitas por día en EEUU, deben implementarse soluciones con urgencia, como políticas nacionales claras que no muestren fisuras a la hora de oponerse a la discriminación, ninguna discriminación y tampoco discriminación contra los judíos. Que gobiernos e instituciones muestren tolerancia cero con el antijudaísmo y otros crímenes por motivo racial, cultural o religioso. Y más fondos y recursos para dar más y mejor educación al público, tanto adultos como niños, y atajar la violencia antijudía luchando contra la ignorancia y los estereotipos.
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La autora es fundadora y directora ejecutiva de Fuente Latina
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