Jugar con la vida de todos: el coronavirus y la parcialidad de la ONU

Conferencista y escritor
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, cuestionado por el manejo de la pandemia (REUTERS/Denis Balibouse)
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, cuestionado por el manejo de la pandemia (REUTERS/Denis Balibouse)

La revelación por el gobierno de Taiwán de correos dirigidos a la Organización Mundial de la Salud, OMS, informando de la aparición de un brote de coronavirus que provocaba una neumonía atípica y que por su parte esa institución asegurara que tal información no existió, confirma una vez más la parcialidad en las decisiones de importantes agencias de la ONU.

No permitamos que se adulteren las situaciones. Los directores y cuerpos rectores de las agencias de Naciones Unidas, como la FAO, ECOSOC, OMS, UNESCO y hasta la propia ACNUR, en teoría son imparciales, pero en realidad son representativos de los países miembros que en ocasiones actúan por su conveniencia y la de sus aliados, no en base a lo correcto, sin excluir que la condición humana tiende a favorecer sus intereses del tipo que sean.

Una de las pocas revistas extranjeras que se podía leer públicamente en Cuba sin que un represor actuara, aunque era muy difícil conseguirla, era la lujosa revista de la UNESCO. Las fotos eran impresionantes por su belleza, pero los artículos en su inmensa mayoría eran panegíricos del mundo socialista. Recuerdo que en ocasiones traía informaciones de Cuba que conocíamos eran mentiras.

Cuando arribé a Venezuela en la década de los ochenta visité la oficina capitalina de la ACNUR con un grupo de compatriotas. En un gráfico en el que se mostraban la cantidad de refugiados por países no aparecían los cubanos: aparentemente el castrismo no había provocado que cientos de miles de seres humanos abandonaran la Isla. El trato de la funcionaria que nos atendió lindaba con lo grosero. Después supimos que era exiliada de una dictadura latinoamericana cuya oposición era muy cercana al castrismo.

El caso de la ECOSOC, tal vez sea el más emblemático de todos. Esta agencia controló la Comisión de Derechos Humanos hasta el año 2006. Muchas de las sesiones de esta Comisión en Ginebra, Suiza eran una falta de respeto absoluta a quienes padecían la persecución de las dictaduras. Los regímenes de Libia, Cuba, China y Rusia tenían una gran influencia entre los países miembros. Muammar al-Gaddafi y Fidel Castro controlaban el voto de muchos de los países africanos y latinoamericanos. Paradójicamente era Estados Unidos quien denunciaba en ese foro a la tiranía cubana; la mayoría de nuestros “hermanos” votaban a su favor o se abstenían.

La dictadura libia impidió en plena sesión de la Comisión que representantes de Reporteros sin Fronteras criticaran su violación a los derechos humanos y el castrismo bloqueaba, con el apoyo de sus aliados, el acceso a las organizaciones contrarias a la dictadura que aspiraban a integrar la Agencia.

Los cubanos defensores de los derechos humanos que viajaban a Ginebra eran asediados, como presencié en una de las sesiones en la sede en Ginebra, cuando un esbirro castrista disfrazado de diplomático atacó a Frank Calzon por la espalda golpeándole brutalmente en la cabeza. Simultáneamente, fue pateado en el suelo por una periodista del mismo régimen.

Las tropelías en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas fueron tantas que fue sustituida por un Consejo. En realidad no ha resuelto nada, porque es inconcebible que en votaciones relacionadas con los derechos humanos la Venezuela de Nicolás Maduro haya obtenido más votos que Costa Rica.

Tal vez las críticas de varios gobiernos a la OMS, encabezado por Estados Unidos, ayude a sincerar el funcionamiento interior de la ONU, donde por muchos años se ha apreciado que la mayoría de sus miembros han actuado en base a sus intereses y no en beneficio de la justicia, consecuentemente con el hecho de que un amplio número de Estados no son representativos de los pueblos que encarnan, puesto que no llegaron al poder por elección popular.

Sin dejar de reconocer la necesidad de una gestión política más comprensiva de las infamias de la sociedad, comparto la opinión del novelista José Antonio Albertini, quien expresó que la “política de acción afirmativa de Naciones Unidas o cualquier otra entidad, al conferir ciertas oportunidades a los segmentos sociales más desfavorecidos, disminuye la equidad, calidad e integridad de sus prestaciones”.

Los cuestionamientos a la Organización Mundial de la Salud por su conducta en relación al coronavirus y la República Popular China quizás conduzcan a una reforma a fondo de la forma en que se seleccionan los ejecutivos de la ONU. Es fácil apreciar que no solo se juega con los derechos de los otros, sino con la vida de todos.