Simpatizantes libaneses del movimiento chiíta Hezbollah ondean banderas nacionales y del partido (amarillas), mientras marchan en un suburbio del sur de Beirut para celebrar el Día Internacional de Al Quds (Jerusalén) el 31 de mayo de 2019 (Photo by Anwar AMRO / AFP)
Simpatizantes libaneses del movimiento chiíta Hezbollah ondean banderas nacionales y del partido (amarillas), mientras marchan en un suburbio del sur de Beirut para celebrar el Día Internacional de Al Quds (Jerusalén) el 31 de mayo de 2019 (Photo by Anwar AMRO / AFP)

El pasado 25 de mayo, como todos los años, Argentina celebro el día de la patria. Fue una fiesta nacional genuina y verdadera. En paralelo, los 25 de mayo son celebrados en El Líbano desde el año 2000 como un día llamado de la "resistencia y liberación". Sin embargo, lo cierto es que esa celebración conmemora eventos falsos y actos de heroísmo que, en realidad, jamás han sucedido.

Los hechos reales fueron muy diferentes de lo que sostienen los agitadores favorables a Hezbollah dentro y fuera del Líbano haciendo gala de una brutal ignorancia y maledicencia, llegando incluso a la calumnia de comparar al jefe de Hezbollah, Hassan Nasrallah, con el libertador y padre de la patria José de San Martín. Pero no acaba allí lo canallesco y la falta de respeto, por ejemplo, en Argentina, elementos de la militancia favorable al terrorismo islamista comparan la gesta gloriosa de Malvinas con la "causa palestina".

Volviendo a los hechos reales en Líbano, estos indican que el 22 de mayo de 2000 el ejército israelí se retiró unilateralmente de la zona de seguridad del sur libanés de conformidad con la Resolución 425 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSONU) y por razones estrictamente relacionadas a la política interna israelí.

Desde muchos años, antes y después, he manifestado que tal retirada debía realizarse. Sin embargo, la forma de llevarla a cabo del ex PM Ehud Barak, fue fatal para Israel y, como escribí en su tiempo en la prensa internacional: dio lugar al fortalecimiento del terrorismo en la región, a las calamidades de la guerra del verano de 2006 y a las amenazas actuales de seguridad para Israel. La retirada israelí generó un vacío de seguridad al sur y abrió puertas a guerras de baja intensidad que Israel sufre en el presente.

Con la retirada israelí, Damasco amplió su ocupación y controló totalmente el gobierno de Beirut no permitiendo que el ejército libanés se desplegara al sur para cubrir ese vacío. En su lugar, Siria ayudó a Hezbollah a controlar la zona ante la inacción de las tropas de la FINUL. Así, la organización política-terrorista Hezbollah comenzó a patrullar la frontera libanesa-israelí.

No obstante, más allá de sus consecuencias, lo concreto es que los israelíes se retiraron sin ninguna batalla ni escaramuzas militares con Hezbollah, con el ejército libanés o con el ocupante sirio. Fue allí cuando Siria fortaleció su ocupación en Líbano y declaró a Hezbollah como libertador del sur alegando la farsa que había obligado a Israel a retirarse del país.

En realidad, Hezbollah no obligó a ninguna retirada israelí y no jugó ningún papel de libertador. Contrario a ello, Hezbollah y Siria demoraron deliberadamente la retirada israelí por más de 14 años, pues que cada vez que los israelíes contactaron un gobierno libanés para un dialogo bilateral bajo el paraguas de Naciones Unidas para asegurar mutuamente un retiro organizado, los sucesivos gobiernos libaneses se negaron a cooperar y a desplegar su ejército al sur del río Litani, acusando a Israel de conspirar para dividir a los libaneses. Estas conductas gubernamentales a los ofrecimientos israelíes fue una decisión dictada por Damasco a los gobiernos libaneses títeres durante su ocupación. Desde entonces, Hezbollah secuestró las decisiones soberanas del Líbano, rechazó su desarme y lanzó campañas políticas y militares publicitando la aniquilación de Israel.

Combatientes del partido libanés chiíta Hezbollah desfilaron en un suburbio del sur de Beirut para conmemorar el Día Internacional de Al Quds (Jerusalén), el 31 de mayo de 2019 (Photo by Anwar AMRO / AFP)
Combatientes del partido libanés chiíta Hezbollah desfilaron en un suburbio del sur de Beirut para conmemorar el Día Internacional de Al Quds (Jerusalén), el 31 de mayo de 2019 (Photo by Anwar AMRO / AFP)

En la actualidad, el terror patrocinado por el poder iraní ha infiltrado totalmente el Líbano, lo cual pone en peligro imprudentemente la vida, la seguridad y los medios de subsistencia de los libaneses. Hezbollah ha destruido sistemáticamente y día a día al Líbano, la organización política-terrorista iraní socavó pieza por pieza sus instituciones gubernamentales y, actualmente, intenta derrocar el Estado libanés para erigir en su lugar una réplica de la República islámica de Irán.

Mientras ello ocurre, el mundo libre y la Liga Árabe se mantienen en silencio sin tomar medidas concretas para poner fin al complot encabezado por Hezbollah, y la mayoría de políticos, funcionarios y clérigos libaneses comparten responsabilidades por actuar de manera servil en favor de Damasco y Teherán.

Si el liderazgo libanés hubiera sido valiente, en su momento pudo frenar a Hezbollah, pero eligió ignorar sus atrocidades y violaciones a los derechos humanos sin enfrentar sus tácticas de intimidación y expansionismo. Los políticos libaneses escogieron "amamantar al bebé de Rosmary" desde 1982. Hoy esta criatura se ha convertido en el monstruo que devoró el país, erigió su propio mini-Estado en el Dahiya (suburbio sur de Beirut), en el Valle del Bekaa y en toda la región al sur del río Litani hasta la frontera norte de Israel.

Si los políticos libaneses hubieran sido valientes, Hezbollah tampoco hubiera podido conformar su ejército de 80 mil hombres ni almacenar más de 100 mil misiles para confiscar cualquier toma de decisión independiente del Líbano como país libre y soberano. Sin embargo, la mayoría de políticos libaneses se rindió a la ocupación siria-iraní, no sirvió a los intereses de su pueblo, contrario a ello traicionó a sus ciudadanos, y hoy viven engañándose a sí mismos en la creencia que las armas de Hezbollah permanecerán en defensa del Líbano, ignorando neciamente que un día se volverán contra ellos como ya sucedió el 07 de mayo de 2008 cuando Hezbollah invadió los suburbios sunitas de Beirut durante 72 horas y asesinó a sangre fría a 109 ciudadanos inocentes.

Tal fracaso dirigencial en servir al Líbano permitió que muchos ciudadanos libaneses y algunos países árabes-musulmanes apoyen la propaganda del terrorismo y la falacia de Hezbollah cuando finge haber liberado el país.

Sin embargo, más allá de posiciones de los que son favorables al terrorismo y los que no. La prueba irrefutable de la propaganda espuria de Hezbollah las aportó un funcionario del gobierno alemán que, en diciembre de 2003, obtuvo una copia legal del Acuerdo que demuestra la mentira montada por los islamistas por Damasco y por Teherán. El acuerdo fue filtrado a la prensa alemana y el 13 de junio de 2004, el diario Spiegel publicó los detalles secretos del mismo, entre Hezbollah e Israel. Ese fue el documento que allanó el camino para la retirada de israelí del sur del Líbano.

El acuerdo, conocido como "reglas del juego", fue entre un comité de seguridad de Hezbollah y el ejército israelí. El objeto del mismo fue retirar al ejército israelí del sur del Líbano a cambio de garantías de seguridad de Hezbollah de no atacar la frontera norte de Israel.

La primera fase del acuerdo incluyó la formación de un comité de seguridad de Hezbollah y las Fuerzas de Defensas de Israel (FDI) para desarrollar un plan de campo que organizaría el retiro de las FDI. El acuerdo indicaba que el ejército israelí retiraría sus fuerzas de todo el territorio libanés y de la franja de seguridad del sur del Líbano a la frontera internacional dentro de un período no mayor de tres meses y bajo la supervisión de un representante del Secretario General de las Naciones Unidas, de conformidad con las resoluciones internacionales relacionadas con el Líbano meridional y el estado de guerra allí. La retirada no incluía a las granjas de Shebaa por el hecho de que eran territorios bajo dominio sirio vinculados a los Altos del Golán.

En el acuerdo, el ejército libanés asumiría los cargos militares y de seguridad de las FDI inmediatamente después de su evacuación para evitar que sean llevados a cabo ataques por parte de organizaciones palestinas o terroristas hostiles a Israel.

El párrafo C del documento indicaba que las FDI se comprometían a no atacar a miembros o instituciones del partido y permitiría que Hezbollah mueva sus armas semi-pesadas en la zona roja para mantener la seguridad sobre grupos palestinos armados estacionados allí. Así, las milicias de Hezbollah se desplegarían junto al ejército libanés en toda la zona roja de la "franja de seguridad" en la frontera libanesa-israelí.

El párrafo C in fine, mencionaba que Hezbollah garantizaría la seguridad de estas áreas bajo su control "evitando que las organizaciones terroristas lancen cohetes al norte de Israel", también Hezbollah detendría la infiltración de elementos que amenazaban la seguridad de la frontera norte israelí y los entregaría a las autoridades libanesas para su juicio; Hezbollah se comprometió a prevenir las actividades militares y no militares de organizaciones terroristas palestinas o libanesas hostiles a Israel en la Zona Roja.

El párrafo E del acuerdo indicaba que los gobiernos libanés y sirio se coordinarían con Hezbollah en la implementación del acuerdo e Irán se comprometió a convertirse en la referencia e influencia sobre Hezbollah para garantizar dicho acuerdo para alcanzar la seguridad en esa zona. En contraprestación, Irán recibiría de los Estados Unidos los primeros fondos iraníes congelados por Washington y reclamados por Teherán.

Todo el Acuerdo indicaba claramente que la retirada israelí del sur del Líbano fue un escenario acordado entre las partes (Israel y Hezbollah, y avalado por Siria, Irán y Estados Unidos), por lo tanto el discurso de la liberación no es más que un escenario falso de toda falsedad.

En consecuencia, que Líbano considere el 25 de mayo como día nacional no es más que un fraude y una conducta irrespetuosa a los miles de mártires que ofrendaron su vida en el altar del Líbano por la verdadera independencia, por la libertad y la soberanía libanesa. Si los políticos libaneses fueran valientes deberían cancelar la farsa del 25 de mayo como día nacional. Tal fecha, no lo es ni lo será nunca en aquellos que pensamos que no se necesita de ninguna resistencia para vencer a nada ni a nadie que no sea la propia postergación y decadencia a la que los islamistas pretenden retrotraer al país.

Así como el 25 de Mayo de 1810 es la fecha de la Patria en Argentina, el verdadero día de la Patria en Líbano es el 22 de noviembre de 1943, fecha en que se conmemora la Independencia de Francia. Jamás, ni antes ni ahora, el 25 de mayo de 2000 será un día honorable y su consideración no es más que una falsificación histórica y una burla al intelecto.

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