Adam Smith, economista inglés autor de la “mano invisible”, el mecanismo del libre mercado que logra una asignación óptima de los recursos para todos
Adam Smith, economista inglés autor de la “mano invisible”, el mecanismo del libre mercado que logra una asignación óptima de los recursos para todos

El Liberalismo lo definimos como la doctrina política, económica y filosófica que defiende la libertad individual, preconiza el Estado limitado restringiendo su intervención en la vida social y promoviendo en consecuencia la iniciativa privada como medio para el crecimiento económico y el bienestar general. Asimismo es un firme y apasionado defensor de las libertades individuales oponiéndose desde sus inicios al absolutismo y al despotismo ilustrado, regímenes vigentes principalmente durante la lúgubre Edad Media. Constituye, en síntesis, la corriente de pensamiento cuyas columnas básicas fundamentales son el Estado de Derecho, la Democracia y la Economía de Mercado.

La historia del Liberalismo se extiende por la mayor parte de los últimos siglos a partir de la Revolución Gloriosa, del Constitucionalismo inglés y de la Revolución Americana, entre otras fuentes importantes, como respuesta a las brutales guerras religiosas en Europa durante los siglos XVI y XVII y a la falta del reconocimiento de la dignidad y de los derechos de las personas, haciendo énfasis en la elaboración de argumentos contrarios a la monarquía absoluta y su pretensión de monopolio sobre la verdad desde el punto de vista político, económico, filosófico y religioso. Los fundamentos intelectuales fueron establecidos por John Locke que apuntó a un decisivo impulso de la Ilustración cuyas ideas constituyen el andamiaje rector del Sistema Institucional de la Libertad que comenzó a cuestionar las viejas tradiciones de las sociedades medievales y sus gobiernos despóticos y totalitarios. Estas nuevas ideas se unieron finalmente en poderosos movimientos revolucionarios que derrocaron regímenes feudales, autoritarios, especialmente en Europa, América Latina y América del Norte.

El Liberalismo es un modo de entender la naturaleza humana y una propuesta para que las personas accedan al más alto nivel de prosperidad potencial que tengan de acuerdo con los valores, actitudes e idoneidad que posean, unido al mayor grado posible de libertad en el seno de una sociedad que reduce al mínimo los inevitables conflictos. Al mismo tiempo esta doctrina descansa en dos actitudes vitales que conforman su génesis: la tolerancia y la razón, en consecuencia contrario a dogmas que solo traen atraso, pobreza intelectual y económica. El gobierno o sea la autoridad política debe resultar del consentimiento de las personas libres con el objeto de regular la vida pública sin interferir en la esfera privada, incluidas las ideas políticas o religiosas de sus habitantes.

Para el liberalismo el Estado ha sido concebido para el individuo y no a la inversa. Se valora el ejercicio de la libertad individual como condición insustituible para alcanzar los mayores niveles de progreso, enfatizando que el derecho a la propiedad privada es fundamental puesto que sin ella el individuo está perpetuamente a merced del Estado.

Asimismo debemos recordar que el Liberalismo se basa en la responsabilidad individual ya que no puede haber libertad sin ella. Los hombres y mujeres son responsables de sus actos, asumiendo riesgos siempre teniendo en cuenta las consecuencias de sus decisiones, sin interferir nunca en los derechos de los demás. Precisamente y para regular los derechos y deberes del individuo con relación a sus pares, nace el Estado de Derecho, es decir una sociedad regida por leyes positivas que no otorguen ventaja a persona, partido o grupo alguno, evitando de esta manera en forma terminante con cualquier tipo de privilegios.

Desde el punto de vista económico el Liberalismo señala que la mejor forma de alcanzar el desarrollo individual y la eficiencia en la asignación de los recursos es a través de un mercado libre, sin la intervención del Estado, cuya única función al respecto es crear las condiciones de competencia e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Sus orígenes se consolidaron como una respuesta a los privilegios de la nobleza que poco y nada aportaban a la sociedad en su conjunto y por otro lado como respuesta al mercantilismo, retrógrada doctrina colonial que defendía la malsana intromisión del Estado en la economía.

Para el Liberalismo, las fuerzas de oferta y demanda son la que de forma natural llevarán a un equilibrio en donde los precios reflejan la escasez relativa de los bienes a disposición. Desde la década de 1920 el economista y pensador austriaco Ludwig von Mises demostró porqué en las sociedades no era posible planificar centralmente el desarrollo. Señaló con meridiana claridad, en contra de las corrientes socialistas y populistas, cómo cualquier intento de fijar artificialmente la cantidad de bienes y servicios que debían producirse, así como los precios que deberían tener, conduciría al desabastecimiento y a la pobreza generalizada. No se equivocó y la experiencia universal revela que estas medidas han naufragado inexorablemente en todo el mundo.

Von Mises demostró que el mercado o sea la libre concurrencia en las actividades económicas de millones de personas que toman diariamente millones de decisiones orientadas a satisfacer sus necesidades de la mejor manera posible, generaba un orden natural espontáneo infinitamente más armonioso y creador de riqueza que el orden artificial de quienes pretendían planificar y dirigir la actividad económica. Por ello se opuso terminantemente a los controles de precios, de cambio y de salarios que privilegian una actividad económica en detrimento de las demás y que siempre a lo largo de la historia han terminado en fracasos catastróficos.

No obstante, el verdadero precursor del liberalismo económico fue Adam Smith, economista inglés quien en su obra magistral, "De la riqueza de las Naciones" (1776), desarrolló la idea de la "mano invisible" que consiste en que los individuos, al buscar su propio beneficio empujan a la economía a un equilibrio óptimo que promueve el bienestar general sin que sea necesaria nunca la intervención del Estado. En otras palabras, es el mecanismo del libre mercado el que actúa como una mano invisible llevando a una asignación óptima de los recursos para todos.

Friedrich Hayek, autor muy influyente y discípulo de Ludgwig Von Mises en la Escuela Austríaca fue un duro crítico también del socialismo y de la economía planificada. En su libro "Camino de Servidumbre", este Premio Nobel de Economía (1974) decía con aguda visión: "Cuanto más planifica el Estado, más complicada se le hace al individuo su propia planificación".

En esencia, para el Liberalismo el rol fundamental del Estado debe ser mantener el orden, asegurar la competencia y garantizar que las leyes se cumplan. Es importante mencionar que la igualdad no es la utopía de que todos obtengan los mismos resultados sino que todos tengan las mismas posibilidades de luchar por obtener los mejores resultados y en ese sentido la educación, objetivo primordial, debe ser el punto de partida para poder acceder a una vida mejor, en igualdad de condiciones y oportunidades para todos.

Los liberales, intrínsicamente demócratas por convencimiento, no por imposición, creen en el gobierno de las mayorías dentro de un marco jurídico que respete los derechos inalienables de las minorías. La Democracia, para que realmente lo sea en forma integral, tiene que ser multipartidista y debe estar organizada con un gobierno reducido pero extremadamente eficiente ya que la experiencia ha demostrado que las burocracias estatales tienden a crecer parásitamente, abusan de los poderes que les confieren, malgastan los recursos de la sociedad y son el terreno fértil para la corrupción generalizada.

Un punto importante de enfatizar en este sentido es la confirmación que un gobierno reducido no quiere significar de ninguna manera que debe ser débil. Al contrario, sólo es fuerte si cumple con sus cinco funciones inalienables, tres de ellas monopólicas y excluyentes: Justicia, Defensa y Seguridad y dos subsidiarias: Educación y Salud. El Estado así concebido es el medio para hacer cumplir la ley, mantener la concordia entre los ciudadanos y eventualmente para proteger adecuadamente a la Nación de amenazas exteriores a través de Fuerzas Armadas bien adiestradas, excelentemente equipadas y altamente profesionales.

En definitiva el Liberalismo ha sido el responsable fundamental del indiscutible progreso de la humanidad en los últimos siglos siendo la Economía de Mercado el Sistema compatible con una justicia independiente basada en el cumplimiento de la igualdad ante la Ley con el fin de asegurar la preservación de los derechos y garantías individuales por los cuales el mundo luchó incansablemente siendo este el medio para que se puedan consolidar los requisitos fundamentales para el óptimo desenvolvimiento de una República: estabilidad política, confianza económica y seguridad jurídica.

Sin embargo este camino de prosperidad incuestionable no estuvo exento de obstáculos por parte de doctrinas totalitarias durante los últimos cien años. Ejemplos evidentes, el marxismo y el nacional-socialismo, que comparten los mismos principios básicos: férreo control del estado en todas las áreas, confiscación de la propiedad privada, aversión a la división de poderes, mordaza a la prensa independiente, atropello profundo a la dignidad individual, en fin rechazo total al Sistema Institucional de la Libertad que es la antítesis de ambos ya que esta Doctrina, a través de la razón, apunta a la tolerancia, a la confluencia de intereses y a la interdependencia como motor de la globalización en el más amplio sentido de la palabra, aspectos estos que se aglutinan en el excelso respeto de los derechos y garantías del ciudadano como dique de contención al avance del estado sobre los individuos. En definitiva, el Liberalismo es el garante universal de la libertad.