
Quitar las sábanas, lavar los platos o sacar la basura del alojamiento quedaron fuera de la lista de tareas que un anfitrión puede exigir a sus huéspedes. Airbnb anunció esta semana una nueva política que limita las labores de limpieza al momento del checkout, tras años de quejas de viajeros que consideraban excesivas las exigencias de los propietarios, sobre todo cuando ya pagaban una tarifa de limpieza.
Las nuevas directrices, aplicables a todas las reservas realizadas desde el 20 de noviembre, prohíben a los anfitriones solicitar tareas que impliquen un “esfuerzo o tiempo considerable” o que normalmente realizaría un servicio profesional de limpieza. Quitar la ropa de cama, lavar y guardar la vajilla o transportar la basura fuera de la propiedad son algunos de los ejemplos que la plataforma menciona de forma explícita.
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No obstante, los propietarios conservan cierto margen: pueden pedir a los huéspedes que dejen los utensilios usados en el fregadero o que coloquen la basura junto a la puerta. La compañía también contempla excepciones en circunstancias particulares, como la posibilidad de solicitar duchas breves si existen restricciones hídricas por sequía en la zona.

Los anfitriones deberán elegir entre siete normas estándar y mostrarlas antes de la reserva
Airbnb rediseñó la forma en que se presentan las normas de convivencia. Ahora, los anfitriones deben seleccionar entre siete reglas estándar —que abarcan ocupación máxima, horarios de silencio, presencia de mascotas, devolución de llaves, realización de eventos y sesiones fotográficas comerciales— y estas aparecerán de manera visible en la página del anuncio y en los recordatorios de la reserva.
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Si bien los propietarios pueden añadir solicitudes adicionales, estas deben considerarse razonables. Queda prohibido introducir nuevos requisitos después de que el huésped haya confirmado la reserva, ya sea mediante mensajes, carteles dentro de la vivienda o conversaciones directas, según detalló la empresa.
Se eliminan las multas y los contratos paralelos
Otra de las restricciones afecta a las sanciones económicas: los anfitriones ya no pueden imponer multas a los huéspedes por incumplimientos menores. En caso de un problema grave, como daños en el alojamiento, ambas partes deberán colaborar para encontrar una solución a través de los canales de la plataforma. Del mismo modo, los propietarios no podrán exigir la firma de contratos distintos al acordado en Airbnb al momento de la reserva, salvo en circunstancias muy específicas, como cuando lo exija la ley o las normas de una asociación de propietarios.
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Los anfitriones que incumplan las nuevas directrices se exponen a recibir una advertencia o a que sus anuncios pierdan visibilidad en los resultados de búsqueda, informó The New York Times.
Las quejas por tareas excesivas se acumularon durante años
La decisión llega después de una larga cadena de reclamos. En redes sociales, usuarios compartieron listas de tareas de varias páginas que incluían exigencias como devolver las piezas de juegos de mesa a su lugar original o colocar los controles remotos en sus soportes designados, con multas de hasta 25 dólares por cada infracción.
Nick Ewen, editor en jefe de The Points Guy, relató al Washington Post una experiencia en Vancouver durante un alquiler de ocho noches: tuvo que enviar varios mensajes a los propietarios para descifrar el sistema de reciclaje, que requería tomar un ascensor hasta una habitación cerrada con llave donde se almacenaban distintos contenedores. Con la nueva política, Ewen podrá simplemente dejar la basura junto a la puerta.
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En TikTok, los videos de los anfitriones Cassie y Jon, que muestran inspecciones minuciosas de su propiedad en Georgia tras la partida de los huéspedes, se volvieron virales. En uno de ellos, la pareja acusa a los visitantes de “irrespetar las normas de la casa” por dejar un control remoto fuera de su lugar. Aunque fueron criticados por sus estándares estrictos, ambos aseguraron que su contenido fue malinterpretado. Sus publicaciones, sin embargo, inspiraron parodias de otros creadores.
La medida se enmarca en una transformación más amplia de Airbnb
El cambio en las normas no es un hecho aislado. Airbnb, que nació como una alternativa disruptiva a la hotelería tradicional, ha venido ajustando su modelo de negocio ante la evolución de las preferencias de los consumidores y el avance de regulaciones en distintos mercados. Este año, la plataforma incorporó listados de hoteles independientes y boutique con el objetivo de convertirse en una “ventanilla única” para viajeros, según declaró su director ejecutivo, Brian Chesky, durante una conferencia de resultados en agosto.
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En una entrevista con The New York Times en mayo, Chesky reconoció que algunos anfitriones exigían demasiadas tareas. “Nadie debería tener que meter las toallas en la lavadora y encenderla”, afirmó. “Para los anfitriones, se trata de recordar ser lo más hospitalarios posible. Estas personas están de vacaciones, y están de vacaciones de sus tareas domésticas”.
No todos los anfitriones reciben la noticia con entusiasmo. Una petición en Change.org, que acumulaba unas 4.000 firmas el jueves por la mañana, pidió a la empresa que revierta la política. “Lavar los platos que uno ha utilizado no equivale a limpiar una propiedad entera”, argumenta el texto de la iniciativa.
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Rossana Imbrogno, cuya propiedad en Roma ostenta la distinción de “favorita de los huéspedes” en la plataforma, lo planteó en otros términos en redes sociales: “No es una cuestión de obligación, sino de buenos modales”. La “superanfitriona” aseguró que ella misma limpia y quita las sábanas incluso cuando se aloja en un hotel.
En la vereda opuesta, Alec Orenstein, de 42 años, anfitrión y huésped habitual desde Norwich, Vermont, dijo a The New York Times que comprende la lógica detrás de la medida. “Siempre he detestado que alguien me obligue a hacer la colada” durante las vacaciones, sostuvo, y agregó que jamás les pediría algo así a los huéspedes de sus propiedades.
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