En China, la presión sobre el empleo y el avance del trabajo por encargo están dejando jornadas más largas, ingresos más bajos y una oferta laboral que ya no absorbe con facilidad a quienes antes encontraban salida en la construcción, la industria o los servicios urbanos, según Financial Times.
La magnitud del cambio aparece en dos cifras: más de 53 millones de personas trabajaron en 2025 como repartidores de comida o conductores de plataformas en China, 10 millones más que dos años antes, de acuerdo con el China New Employment Forms Research Center, un centro de estudios vinculado a la Capital University of Economics and Business de Beijing. Ese mismo organismo calcula que el empleo flexible, una categoría más amplia que incluye trabajo a tiempo parcial y autoempleo, llegará a 320 millones este año, frente a 280 millones del año pasado.
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La economía china, que entre 1980 y 2020 se apoyó en la migración de cientos de millones de personas desde áreas rurales pobres hacia fábricas y obras en las ciudades, atraviesa ahora un escenario distinto: crisis prolongada del sector inmobiliario, debilidad del consumo y una persistente amenaza deflacionaria. En ese marco, las oportunidades laborales tradicionales se redujeron y el excedente de mano de obra se desplazó hacia aplicaciones de transporte y reparto.
La tensión también se percibe en la calle. En los aeropuertos de Pudong, en Shanghái, de Daxing, en Beijing, y de Tianfu, en Chengdu, algunos taxistas aceptan esperar siete, ocho y hasta 10 horas por un viaje. Hou Feng, taxista con licencia en Guangzhou, contó al medio que vuelve a su casa para ducharse y lavar ropa antes de regresar al aeropuerto a hacer fila, y que a menudo duerme en el vehículo durante la noche mientras espera pasajeros.
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Subempleo y deterioro salarial
Las estadísticas oficiales apenas dejan ver ese deterioro. La tasa de desempleo urbano en China se ha movido muy poco del 5% durante años, pero esa medición excluye a quienes regresan al campo y ofrece pocas series complementarias para evaluar participación, subempleo o desaliento laboral.
Paul Cavey, fundador de la consultora East Asia Econ, dijo que, a diferencia de otros países, en China no existe un abanico amplio de datos sobre empleo que permita un análisis detallado. Los datos anuales sí confirman que la fuerza laboral total, que superó los 800 millones en 2015, está disminuyendo a medida que cae la población.
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En teoría, esa contracción debía favorecer a los trabajadores. El llamado punto de inflexión de Lewis, una idea central de la economía del desarrollo, describe el momento en que el excedente de trabajadores rurales ya fue absorbido por las ciudades y los salarios empiezan a subir con fuerza. En China ocurrió lo contrario: la economía roza la deflación, el consumo sigue débil y el crecimiento de los salarios urbanos se desaceleró hasta un mínimo récord de 3,4% en 2025, en una de las mediciones citadas por el diario.
Frederic Neumann, economista jefe para Asia de HSBC, resumió ese desequilibrio con una frase: la demanda de trabajo cae más rápido que la oferta laboral. Atribuyó esa dinámica a la automatización en las fábricas, a la crisis inmobiliaria y al impacto todavía no cuantificado de la inteligencia artificial.
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La Organización Internacional del Trabajo ya había advertido el año pasado sobre una “polarización” intensificada desde 2016: en algunos sectores falta trabajo y en otros predominan jornadas extensas que, más que reflejar abundancia de empleo, revelan mala calidad laboral. Jack Linzhou Xing, profesor asistente en la Hong Kong University of Science and Technology, dijo que el mercado podría acercarse al punto en que los ingresos del trabajo por encargo dejen de ser suficientes para vivir.
Conductores y repartidores
El síntoma más visible es la saturación de las plataformas. Varios municipios informaron un exceso de conductores y en junio la ciudad de Shenzhen declaró saturado su mercado de transporte por aplicación.
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Un conductor de Shanghái describió al diario el vuelco con una comparación simple: antes de la pandemia de Covid-19, “la gente esperaba coches; ahora son los coches los que esperan gente”. Hou Feng podría incorporarse a DiDi, la plataforma china equivalente a Uber, pero la considera problemática porque trabajar 15 o 16 horas seguidas puede provocar accidentes.
En Majuqiao, al sur de Beijing, funciona cada mañana un mercado informal de trabajo diario. Un hombre de 34 años dijo que dejó de conducir porque las jornadas eran demasiado largas y ahora solo trabaja unos 10 días al mes. Ma Yuzhu, obrero de demolición de 54 años, suele ganar unos 300 renminbi por un turno de ocho horas, unos USD 45, pero en el último mes solo trabajó cinco días.
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Ma dijo que las fábricas ya no quieren trabajadores de su edad y que solo le quedan los empleos temporales. También explicó que hace años no puede costear el regreso a su hogar para el Año Nuevo lunar.
En Shipai Village, un enclave de callejones estrechos en Guangzhou junto a torres de oficinas, los repartidores enfrentan el problema inverso: sí hay trabajo, pero cada pedido paga menos. Jash Wang, repartidor de 33 años en una zona conocida localmente como el “rey de los pedidos”, contó que antes le alcanzaba con nueve horas diarias y que ahora necesita al menos 11 porque las tarifas por entrega cayeron hasta un tercio en seis años. Sus ingresos mensuales rondan entre 6.000 y 8.000 renminbi.
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Economistas de Standard Chartered señalaron este mes que los trabajadores por encargo suelen afrontar menor estabilidad de ingresos, protección laboral más débil y cobertura incompleta de seguridad social frente al empleo tradicional, un cuadro que probablemente frena el consumo. También advirtieron que la tasa oficial de desempleo oculta el aumento del subempleo y de los trabajadores desalentados.
Más graduados y menos alternativas
El trabajo por encargo ya no absorbe solo a migrantes rurales o exobreros de la construcción. También atrae a graduados universitarios, en un año en que más de 12 millones ingresarán al mercado laboral. Mo Feng, repartidor de 37 años oriundo de Guangxi, contó que trabajó más de una década en la construcción, donde podía ganar con regularidad más de 10.000 renminbi al mes y además recibía comida y alojamiento, pero abandonó ese sector hace dos años tras meses sin cobrar salarios.
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Andrew Batson, director de investigación sobre China en la firma Gavekal, sostuvo que el empleo flexible y el trabajo por plataformas son más un síntoma de la debilidad general del mercado laboral chino que un fenómeno independiente. Según explicó, la baja demanda agregada reduce el poder de negociación de los trabajadores y los obliga a aceptar más subempleo y peores condiciones.
El trasfondo demográfico ofrece un posible alivio de largo plazo. Aunque el empleo urbano sigue creciendo en China, en 2025 solo aumentó en términos netos en 2 millones de personas, muy por debajo de los incrementos de decenas de millones anuales previos a la pandemia. Steven Barnett, profesor de la Hong Kong University y exjefe del Fondo Monetario Internacional para China, dijo que el traslado del campo a la fábrica fue un motor central del crecimiento y que su desaceleración representa un fuerte lastre.
Neumann planteó una perspectiva más favorable a largo plazo: la caída demográfica reduce de forma constante la oferta de trabajo y, si la demanda interna se estabiliza, los salarios podrían subir con rapidez. Pero ese ajuste depende del efecto combinado de una población menguante, la automatización, la inteligencia artificial y el ritmo general de la economía.
Mientras tanto, volver al campo no resulta una opción atractiva. Scott Rozelle, economista del desarrollo en la Universidad de Stanford, dijo que 80% de los jóvenes rurales menores de 40 años nunca trabajó en agricultura, no sabe hacerlo y no piensa dedicarse a eso. Añadió que, además, no cuentan con seguro de desempleo ni seguro por discapacidad, de modo que tienen que seguir trabajando.
Esa resignación ya tiene eco en las protestas en línea. Kevin Slaten, director de China Dissent Monitor, parte de la organización Freedom House con sede en Washington, afirmó que la mayoría de las protestas registradas en redes sociales se relacionan con condiciones de trabajo y, en especial, con salarios. También señaló que al comienzo de este año hubo un repunte súbito, el mayor desde que su base de datos se lanzó en junio de 2022.
En Majuqiao, dos policías vigilan la concentración de hombres que esperan una changa cada madrugada. Ma Yuzhu explicó que, cuando no consiguen trabajo, llevan un pequeño banquito e intentan montar un puesto callejero, pero las autoridades no se lo permiten. Luego resumió su situación en una frase: “Para alguien de mi edad, no tengo ninguna esperanza”.
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