Estados Unidos cifra en un 85% la probabilidad de firmar un acuerdo de paz con Irán “en los próximos días”, según declaró el viernes un alto funcionario de la administración Trump a medios, entre los que se encontraba Infobae, bajo condición de anonimato. El pacto contempla el desmantelamiento del programa nuclear iraní, la reapertura del estrecho de Ormuz y un alivio significativo de sanciones a cambio del cumplimiento de obligaciones concretas por parte de Teherán.
“No estamos del todo en la línea de llegada, pero estamos muy cerca”, afirmó el funcionario en una llamada con medios de comunicación. El mismo portavoz señaló que esa confianza había aumentado durante el propio viernes: “Si esta mañana habría dicho un 75%, ahora es probablemente un 80-85%”.
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El acuerdo provisional, estructurado como un memorando de entendimiento (MOU), se articula en cinco ejes según describió el funcionario. El primero es la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes. El segundo, el desmantelamiento del programa nuclear de Irán.
El tercer punto establece que Washington obtendría el material de uranio enriquecido acumulado por la República Islámica, que sería destruido en el lugar y luego retirado del país. El cuarto compromete a Irán a cesar la financiación de grupos armados en Oriente Medio. El quinto prevé un régimen de inspecciones para garantizar el cumplimiento a largo plazo.
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El acuerdo también abarca a Líbano, al Golfo Pérsico y a Israel, según el funcionario. La cuestión libanesa ha sido uno de los puntos más delicados del proceso, dado que Israel ha continuado sus operaciones contra las milicias aliadas de Irán en ese país.
El funcionario fue enfático en que Irán no recibirá contraprestación alguna por la mera firma del documento. “Los iraníes no obtienen nada al firmar el MOU ni durante la negociación en sí”, precisó. Los beneficios económicos se activarían de forma escalonada: si Teherán entrega el material nuclear, recibirá algo; si desmantela sus instalaciones, recibirá algo adicional; si se compromete con la paz regional, obtendrá beneficios suplementarios.
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El vicepresidente JD Vance reforzó esa postura en su cuenta de X: “Los iraníes no están recibiendo ningún dinero, y no se liberan fondos simplemente por firmar un acuerdo o asistir a una reunión”. Vance subrayó que los beneficios económicos solo fluirían si Irán cumple sus obligaciones.
La jornada estuvo marcada por una disputa abierta sobre el contenido real del acuerdo. Versiones del texto filtradas a medios occidentales, pakistaníes e iraníes —y citadas por Reuters— describían términos que favorecerían ampliamente a Teherán: descongelación inmediata de activos por valor de miles de millones de dólares, exención de sanciones petroleras y aplazamiento de 60 días de cualquier negociación sobre el programa nuclear, sin mención explícita al inventario de uranio enriquecido.
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El presidente Donald Trump rechazó esas versiones con dureza. “Los términos que Irán filtró a la prensa no tienen NADA que ver con los términos acordados, por escrito”, escribió en su plataforma Truth Social. “Gente muy deshonrosa con la que tratar”, añadió en referencia a los negociadores iraníes.
Poco después, Trump reposteó un mensaje del canciller iraní Abás Araqchí, en el que este afirmaba que un memorando para poner fin a la guerra “nunca había estado tan cerca”, aunque advertía contra la especulación sobre su contenido antes de que se finalizara.
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El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció en X que se había alcanzado un texto final del acuerdo de paz y que su país trabajaba “estrechamente con ambas partes para definir los próximos pasos”. Washington ni Teherán confirmaron de inmediato esa afirmación.
Una fuente occidental citada por Reuters señaló que, de resolverse el lenguaje sobre el cese de hostilidades en Líbano, el memorando podría ser firmado el domingo por Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf. Ginebra se perfilaba como la sede más probable, aunque el funcionario estadounidense indicó que Europa era una posibilidad y que la fecha y el lugar aún no estaban definidos.
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El funcionario estadounidense reconoció que persisten fracturas dentro del liderazgo iraní, aunque minimizó su alcance. “Creemos que esa disidencia es bastante mínima”, afirmó, y señaló que la mayoría de los dirigentes en Teherán quieren el acuerdo. Los sectores duros del régimen que se oponen al pacto estarían intentando venderlo a su audiencia interna de la manera más favorable posible.
“Los iraníes duros, algunos quieren matar el acuerdo. Pero creo que la mayoría en realidad lo quiere, aunque también quieren presentarlo a sus audiencias internas de un modo que maximice sus beneficios y minimice los nuestros”, explicó el funcionario. Instó además a ser “muy escéptico” con cualquier información proveniente de medios afiliados a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
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El mismo portavoz indicó que el líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, se muestra cómodo con el estado actual de las negociaciones.

Los detalles técnicos sobre cómo se llevaría a cabo el desmantelamiento del programa nuclear iraní aún no están definidos. El funcionario admitió que llevará “tiempo” resolver esa cuestión y que habrá un “proceso técnico para determinarlo”. Las negociaciones técnicas están previstas para durar 60 días tras la firma del memorando.
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No existe, por el momento, un calendario concreto para que Irán desmantele sus instalaciones. Las fuentes consultadas por Infobae señalaron que el texto revisado no incluye mención explícita al inventario de uranio altamente enriquecido —más de 400 kilogramos acumulados por Teherán a niveles de pureza cercanos a los necesarios para fabricar un arma— aunque el funcionario estadounidense insistió en que ese material “será destruido y retirado”.
El anuncio tuvo un efecto inmediato en los mercados financieros: las bolsas mundiales subieron y el precio del petróleo cayó. El crudo Brent retrocedió más de un 3%, hasta su nivel más bajo en casi dos meses. El conflicto se ha convertido en un problema político para la Casa Blanca, con encuestas que muestran una caída en los índices de aprobación de Trump, en parte por el malestar ciudadano ante el encarecimiento de la gasolina.
Algunos legisladores republicanos temen que la impopularidad de la guerra pueda costarles el control del Congreso en las elecciones de mitad de mandato de noviembre, aunque sectores del partido con posiciones más belicosas respecto a Irán podrían tener dificultades para respaldar un acuerdo percibido como concesiones a Teherán.
Israel, que participó junto a Estados Unidos en los ataques lanzados contra Irán en febrero, ha quedado excluido de las negociaciones. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu confirmó que su país no será parte del memorando. El ministro de Defensa israelí declaró que Israel no se retirará del territorio que ocupa en Líbano, mientras que un alto funcionario israelí señaló que su país espera que cualquier acuerdo mantenga el alto el fuego libanés en su forma actual, preservando la libertad de acción de Israel en las zonas bajo su control.
(Con información de AFP, EFE y Reuters)
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