Japón y Filipinas acordaron elevar su relación a una asociación estratégica integral durante la visita de Estado de cuatro días del presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. a Tokio, una decisión que, según The Japan Times, acerca el vínculo al nivel inmediatamente inferior al de una alianza militar formal y refleja la centralidad que ambos gobiernos le atribuyen a la estabilidad del Indo-Pacífico frente a sus preocupaciones de seguridad.
En paralelo, Marcos informó el miércoles que empresas japonesas comprometieron USD 3.400 millones en inversiones en Filipinas durante una mesa redonda de alto nivel con grandes conglomerados. La visita también coincide con el 70º aniversario de la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países, la primera visita de Estado de un líder filipino a Japón en más de una década.
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Marcos y la primera ministra Sanae Takaichi anunciaron formalmente la mejora del vínculo bilateral a una “asociación estratégica integral” durante su reunión en el palacio de huéspedes de Estado de Akasaka, en Tokio. En la nomenclatura diplomática japonesa, ese es el segundo escalón más alto, por debajo de una alianza militar formal.
“Mientras la situación internacional se vuelve cada vez más grave, la importancia de que Japón y Filipinas trabajen estrechamente para hacer realidad un Indo-Pacífico libre y abierto más desarrollado nunca ha sido mayor”, dijo Takaichi al anunciar la mejora de la relación.
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En una comparecencia conjunta posterior, Marcos definió el paso como “un hito” y afirmó que “refleja la fortaleza, profundidad y amplitud de nuestros vínculos mientras respondemos a los desafíos y oportunidades cambiantes de nuestro tiempo”.
De la cooperación económica a la seguridad marítima
La decisión coloca a Filipinas como el país más reciente del Sudeste Asiático, después de Indonesia y Vietnam, en alcanzar ese estatus con Tokio. El medio señaló que el anuncio expuso cómo dos antiguos adversarios de la Segunda Guerra Mundial transformaron una relación antes centrada en economía y desarrollo en otra anclada en la seguridad marítima, la estabilidad regional y la defensa del orden internacional basado en reglas.
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Ese giro se produjo después del despliegue, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, de tropas japonesas con capacidad de combate a Filipinas para los ejercicios militares multinacionales Balikatan de abril y mayo de este año, según The Japan Times. El trasfondo, añadió el medio, es la inquietud creciente por la presión de China en el mar de China Meridional y por un eventual conflicto en el estrecho de Taiwán.

Aunque ni Takaichi ni Marcos mencionaron directamente a China en sus breves declaraciones, The Japan Times indicó que ambos países consideran amenazas directas a su seguridad los intentos de alterar por la fuerza el statu quo regional. Japón y Filipinas están situados sobre pasos marítimos clave de la llamada “primera cadena de islas”, que se extiende desde Japón hasta Borneo y delimita áreas de influencia estratégica de Estados Unidos y China, según el mismo medio.
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Antes de la reunión, Marcos había dicho que planeaba abordar la evolución de la postura japonesa en defensa y seguridad. El medio añadió que no estaba claro si la cuestión de Taiwán fue tratada durante las conversaciones.
El presidente filipino ya había dicho con anterioridad que Manila no quiere verse arrastrada a un conflicto sobre Taiwán, aunque la proximidad geográfica de Filipinas haría probable su implicación. Takaichi, por su parte, había irritado al régimen de Beijing en noviembre pasado al declarar ante legisladores que las Fuerzas de Autodefensa podrían desplegarse bajo el derecho a la autodefensa colectiva en escenarios extremos, como un bloqueo naval chino sobre Taiwán, que ella describió como una situación que amenazaría la supervivencia de Japón.
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Pactos militares e inteligencia clasificada
En su discurso ante el Parlamento japonés, el primero de un mandatario filipino en más de una década, Marcos dijo que Japón y Filipinas, como “democracias marítimas”, están comprometidos con que “nuestros mares sigan abiertos, seguros y regidos por normas, no por la fuerza”. También sostuvo que ambos países mantienen un compromiso firme con el derecho internacional, la estabilidad y la resolución pacífica de disputas.
Marcos añadió ante los legisladores que la relación con Tokio evolucionó “de la reconciliación a una profunda confianza mutua” y que esa base permitirá cooperar en áreas “más complejas y estratégicas”, como la cooperación marítima y de defensa, el refuerzo de las cadenas de suministro y las tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial.
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La cooperación en seguridad avanzó con rapidez en los últimos años. Japón y Filipinas firmaron en 2024 un Acuerdo de Acceso Recíproco que facilita el despliegue de fuerzas en el territorio del otro para ejercicios, y este año cerraron además un pacto para que sus ejércitos compartan combustible, alimentos y apoyo logístico en operaciones conjuntas y multilaterales.
Japón ya empezó a suministrar equipo de defensa a Filipinas y, tras flexibilizar sus restricciones a la exportación militar, estudia transferir armamento usado de mayor porte, como destructores de escolta de la clase Abukuma, misiles antibuque Type 88, misiles de defensa aérea Type 03 y aeronaves TC-90. Takaichi dijo el jueves que acordó con Marcos “acelerar los intercambios entre autoridades de defensa” para avanzar hacia la transferencia de equipos como los buques de la clase Abukuma.
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Ambos líderes también anunciaron el inicio formal de negociaciones sobre un pacto de intercambio de inteligencia que permitiría compartir datos de seguridad clasificados. Si se concreta, sería el primer acuerdo de ese tipo entre Japón y un país del Sudeste Asiático.
Ese mecanismo, conocido como Acuerdo General de Seguridad de la Información Militar, o GSOMIA, ayudaría a cerrar vacíos de inteligencia a lo largo de la primera cadena de islas y podría dar a ambos países una imagen operativa continua de la actividad naval y aérea china desde el mar de China Meridional hasta el mar de China Oriental.
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Japón podría aportar imágenes satelitales avanzadas, inteligencia de señales y datos de seguimiento de submarinos del mar de China Oriental y del estrecho de Miyako, mientras Filipinas, que opera radares de vigilancia fabricados en Japón, podría enviar a Tokio datos de rastreo en tiempo real desde el mar de China Meridional y el estrecho de Luzón.
Funcionarios citados sostienen que ese esquema también reforzaría la coordinación trilateral con Estados Unidos, al replicar mecanismos de intercambio de inteligencia ya existentes entre Washington, Tokio y Seúl.
Aunque Japón no reclama soberanía en el mar de China Meridional, ha subrayado repetidamente la importancia de esa vía marítima para el transporte global y la ha vinculado con sus propias preocupaciones de seguridad en el mar de China Oriental, donde están las islas Senkaku, administradas por Japón y reclamadas también por China, que las denomina Diaoyu.
Energía, condecoraciones y un acuerdo sobre reservas de combustible
Analistas describen el vínculo entre Manila y Tokio como cada vez más complementario desde el punto de vista estratégico: Japón aporta capital, tecnología y equipo de defensa, mientras Filipinas ofrece ubicación geográfica sobre rutas marítimas clave. Para Manila, esa ecuación respalda la modernización militar sin desbordar su presupuesto; para Tokio, un compromiso más profundo responde a lo que funcionarios describen en privado como una “defensa adelantada”, dada su dependencia de rutas marítimas que pasan por el mar de China Meridional o cerca de él, según el medio.
The Japan Times añadió que, si Filipinas perdiera el control de su territorio marítimo, esas mismas rutas quedarían amenazadas, con impacto directo sobre la seguridad energética japonesa y arterias económicas centrales para el país. En ese marco, Japón desplegó una recepción de alto nivel para Marcos, que incluyó una reunión con el emperador Naruhito, un banquete en el palacio y la concesión del Gran Cordón de la Suprema Orden del Crisantemo, según el medio.
Más allá de defensa y seguridad, los dos líderes alcanzaron además un acuerdo de cooperación energética a través del marco POWERR Asia, liderado por Japón y anunciado el mes pasado. Uno de los objetivos del programa es ayudar a países del Sudeste Asiático a acumular reservas de combustible con asistencia japonesa ante las consecuencias del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, según el medio.
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