
En las afueras de Groningen, en el norte de los Países Bajos, una estructura amarilla de acero y hormigón recorta el horizonte del área deportiva de Kardinge. Se llama Excalibur y, para el centro Klimcentrum Bjoeks, es una promesa: diseñada para escalada con 37 metros de altura y 11 metros de desplome.
Excalibur es la torre de escalada independiente del complejo Bjoeks y está diseñada como un desafío técnico sostenido, no como una postal. Su perfil curvado y su desplome pronunciado obligan a trabajar con el cuerpo fuera del eje, con tramos donde el escalador queda literalmente colgando de la pared. “37 meter hoog en 11 meter overhangend” (37 metros de altura y 11 metros de desplome), describe el propio Bjoeks en la presentación de la estructura, un dato que resume por qué esta torre se convirtió en un punto de referencia para escaladores que buscan rutas con exposición real y dificultad continua.
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La pared no impresiona solo por la altura. El rasgo distintivo es su voladizo: una panza que se proyecta hacia afuera y modifica la escalada desde la primera mitad del recorrido. Esa geometría —la curvatura y el desplome— obliga a alternar fuerza, colocación de pies y control mental. Implica que en varias secciones el escalador progresa con el centro de gravedad separado de la superficie, como ocurre en techos o desplomes naturales.
Una torre que se escala en el aire
Excalibur forma parte del paisaje del Klimcentrum Bjoeks y se promociona como una experiencia exigente, incluso para quienes ya entrenan en rocódromos. No es una pared plana ni un simple “muro alto”: su diseño combina secciones con inclinaciones variables y un desplome dominante que convierte el ascenso en un ejercicio de resistencia y técnica.
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La cifra del voladizo circula como dato destacado y dato duro. El centro Bjoeks lo presenta como 11 metros de desplome, lo que explica la sensación de estar escalando “hacia afuera” en lugar de “hacia arriba”. Según Bjoeks, en relatos divulgativos y guías de viaje, ese mismo rasgo aparece como el elemento que marca la diferencia frente a otras grandes paredes artificiales: la altura se mide, pero el desplome se siente.
El atractivo está en que el ascenso cambia según la cara elegida: hay líneas más inclinadas y otras menos inclinadas y otras que se transforman en un techo sostenido. Quienes la visitan suelen buscar, además, la experiencia psicológica de la exposición. En su descripción, National Geographic Viajes la presenta como una estructura capaz de empujar al escalador a “combatir el vértigo” con un recorrido que no concede descansos evidentes.
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La ingeniería detrás de Excalibur
La estructura de Excalibur tiene un equivalente de ingeniería. La estructura pesa 50 toneladas y descansa sobre una base concebida para absorber cargas y vibraciones sin comprometer la seguridad en altura, incluso con viento. La estabilidad se apoya en una combinación de elementos: 36 vigas y una losa de hormigón de un metro de espesor.
En esa misma línea, otras reseñas técnicas y de turismo especializado describen que las vigas están ancladas en profundidad para garantizar que el desplome no “tire” de la torre hacia adelante bajo cargas dinámicas, según Atlas Obscura.

El resultado es una pared que puede ofrecer rutas en exterior con exposición real, pero con condiciones controladas: anclajes, revisiones y protocolos de un centro deportivo.
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No es un acantilado, pero está construida para reproducir parte de su lógica: irregularidades, cambios de ángulo, lectura de secuencias y un componente mental que, en desplome, suele ser tan decisivo como la fuerza. Según Bjoeks, Excalibur fue inaugurada en 2012.
El récord y sus competidores
El lugar de Excalibur en la conversación global sobre las paredes más grandes depende de cómo se mida. En Groningen, Bjoeks la presenta con su dato central —37 metros— y con un desplome que la vuelve única como torre independiente, según Bjoeks. En el mapa actual de grandes estructuras para escalar aparecen dos referencias.
En Copenhague, el complejo CopenHill promociona una pared de escalada que define como “la más alta del mundo” con una altura de 85 metros, integrada en la fachada del edificio, según CopenHill. Es una pared vinculada a una construcción mayor, no una torre autónoma como Excalibur, pero muestra hacia dónde evolucionó la carrera por el tamaño: paredes más altas, insertas en infraestructura urbana.
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Y en el terreno bajo techo, Guinness World Records, autoridad internacional en marcas y récords, reconoce el récord de la pared de escalada artificial bajo techo más alta con una marca de 51,28 metros, lograda por Shanghai New World Co., Ltd. (Shanghái), instalada en el centro comercial Shanghai New World City.
Esa comparación permite ubicar la singularidad de Excalibur: no compite solo por centímetros. Su identidad está atada a una forma extrema —el desplome— y a una presencia autónoma en el paisaje, un tipo de pared que no se “apoya” en un edificio, sino que se exhibe como una pieza independiente, pensada para escalarse de principio a fin.
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