Encontraron un misterioso orbe dorado bajo el mar en Alaska y el enigma duró meses: qué era

Las teorías se multiplicaron entre la comunidad científica desde el primer momento, ya que el objeto de aspecto brillante y textura suave no coincidía con ningún organismo marino previamente documentado

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Orbe dorado de Alaska
El orbe dorado hallado en aguas profundas de Alaska despertó un intenso interés científico y mediático por su misterioso origen (YouTube: NOAA Ocean Exploration)

El hallazgo de un orbe dorado bajo el mar en aguas cercanas a Alaska sorprendió a la comunidad científica y despertó la curiosidad del público general.

Durante una expedición a bordo del buque Okeanos Explorer, un equipo de investigadores descubrió este objeto inusual a una profundidad considerable, en una zona donde el acceso resulta especialmente complejo debido a las condiciones extremas del entorno marino. El orbe, de aspecto brillante y textura suave, fue avistado adherido a una roca, lo que dificultó su extracción inicial y contribuyó al enigma en torno a su origen.

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El equipo responsable del hallazgo documentó el momento y recogió la muestra para su posterior análisis en laboratorio, marcando el inicio de una investigación que mantendría en vilo a los especialistas. La noticia sobre el descubrimiento se difundió rápidamente, impulsando preguntas sobre la posibilidad de que se tratase de una nueva especie o incluso de un objeto de origen desconocido, según los primeros reportes de misiones de la NOAA Ocean Exploration.

Misterio en torno al orbe descubierto

Orbe dorado de Alaska
Las primeras hipótesis sobre el orbe dorado incluyeron la posibilidad de que fuera un huevo marino, restos de esponja o un biofilm desconocido (YouTube: NOAA Ocean Exploration)

El descubrimiento del orbe planteó una serie de interrogantes inmediatos, ya que ni las imágenes obtenidas por el vehículo submarino ni los primeros análisis visuales permitieron identificar con certeza de qué se trataba.

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Las teorías entre la comunidad científica oscilaron entre la posibilidad de un huevo de animal marino, los restos de una esponja muerta o incluso la presencia de un biofilm desconocido, intensificadas por la falta de precedentes y la incapacidad de asociar el objeto con alguna criatura marina reconocida.

En el entorno de las expediciones oceánicas profundas, muchas veces se encuentran organismos que no pueden clasificarse de inmediato, pero este caso destacó porque, a pesar de las tecnologías avanzadas de observación y recolección, la incógnita persistió durante un tiempo considerable hasta que se trasladaron las muestras a centros de alta complejidad.

Análisis científico y hallazgo sobre su origen

Anémonas y medusas
El análisis en laboratorio descartó teorías iniciales y determinó que el orbe consistía en células muertas de una anémona de mar profunda (credito Eilat Gil Koplovitch)

Ante la falta de respuestas claras, el orbe fue sometido a una serie de pruebas detalladas en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Un estudio reciente de abril de 2026 proporcionó finalmente una explicación tras un exhaustivo análisis de ADN y morfología celular.

El equipo liderado por Steven Auscavitch señaló que la muestra fue recuperada gracias a un muestreador de succión, un dispositivo que permite aspirar muestras delicadas del fondo marino sin deteriorar su estructura, lo que resultó fundamental para su estudio.

El informe oficial determinó que el orbe no era ni un huevo, ni una esponja, ni un biofilm, sino un conglomerado de células muertas pertenecientes a una especie de anémona de mar profunda. Este resultado disipó gran parte de las conjeturas iniciales, aportando un enfoque más concreto sobre la naturaleza de estos restos biológicos. En términos directos, el objeto resultó ser un remanente compuesto por tejido de una anémona y no un organismo vivo independiente.

Identificación de la especie y cierre del caso

Orbe dorado de Alaska
Las tecnologías avanzadas de recolección y observación resultaron esenciales para preservar el orbe dorado para estudios detallados (YouTube: NOAA Ocean Exploration)

El estudio concluyó que el orbe era, en esencia, el residuo orgánico de la Relicanthus daphneae, una especie poco común de anémona gigante que habita en el abismo oceánico. La investigación describió el objeto como una “cutícula biológica” o un clúster de células muertas que estas criaturas secretan para fijarse a las rocas.

La identificación de la Relicanthus daphneae como la fuente del orbe otorgó un cierre científico definitivo, subrayando la diversidad de la vida en las profundidades. La confirmación, validada por el Laboratorio Nacional de Sistemática de la NOAA, se dio gracias a técnicas que permitieron distinguir las características moleculares del objeto.

Las misiones del Okeanos Explorer suelen deparar hallazgos sorprendentes, pero el caso del orbe dorado destaca como un recordatorio de que, a veces, los objetos más extraños del océano son simplemente rastros de vida conocida comportándose de formas inesperadas.

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