
Las últimas semanas registraron el doble de bólidos y meteoritos de lo habitual en los cielos de Norteamérica y Europa, generando debate entre científicos y un marcado interés público.
Según la Sociedad Estadounidense de Meteoros, los tres primeros meses de 2026 sumaron 40 bólidos vistos cada uno por al menos 50 personas, lo que duplica el promedio anual reciente. El The New York Times destaca el desconcierto entre los expertos y la incertidumbre sobre las causas de este incremento.
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El aumento reciente de avistamientos de bólidos y meteoritos responde, en parte, tanto a condiciones naturales como al desarrollo de redes de vigilancia y tecnologías ciudadanas.
La proliferación de cámaras personales y el sistema de reportes de la Sociedad Estadounidense de Meteoros han facilitado que más eventos sean documentados y notificados, aunque persiste el debate sobre si el fenómeno revela un cambio real o solo refleja una mejora en la percepción y el registro.
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Lo cierto es que marzo de 2026 estuvo marcado por decenas de bólidos que surcaron los cielos de Norteamérica y diversas regiones europeas, acompañados de estampidos sónicos. Algunos meteoritos impactaron tejados, generando daños mínimos.
Según la Sociedad Estadounidense de Meteoros, 33 de los 40 bólidos produjeron estampidos sónicos, un máximo histórico para la organización. Este aumento no se debió a lluvias de meteoros reconocidas: eventos como las Perseidas o Gemínidas ocurren en otros periodos del año.
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Además, los trayectos de los bólidos no apuntan a un origen común, como señalaron tanto especialistas consultados por el medio citado como responsables de la NASA.
Bill Cooke, responsable de la Oficina de Entornos de Meteoroides de la NASA, comentó sobre la rareza de la situación. “Parece inusual, ¿verdad?”, afirmó al medio.
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Por qué han aumentado los avistamientos de bólidos
El crecimiento en los reportes no se debe exclusivamente a causas astronómicas. La última década ha visto un auge de cámaras personales y sistemas de seguridad, lo que ha convertido a miles de ciudadanos en potenciales observadores del cielo. Cooke indica que “hay mucha más atención en el cielo”, reflejando cómo el interés ciudadano ha multiplicado los avisos sobre bólidos.
Desde 2005, la Sociedad Estadounidense de Meteoros gestiona un sistema público de notificación, y tras su actualización en 2010, el flujo de reportes creció sostenidamente hasta 2020. Así lo explica Mike Hankey, astrónomo aficionado y colaborador de la organización.
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Según Althea Moorhead, especialista de la NASA, la tendencia a largo plazo muestra que algunos años recientes tuvieron menos reportes de lo esperado, lo que puede haber incrementado la percepción de un repunte excepcional en 2026.

Peter Brown, físico especializado en meteoros de la Western University de Ontario, señala que “la atención de la gente es mayor” y que el volumen real de bólidos no difiere ampliamente de años anteriores, como recoge el The New York Times. Las redes sociales y medios digitales han amplificado el interés y cada evento destacable genera mayor participación ciudadana.
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Debate científico sobre el auge de meteoritos en 2026
Pese al aumento reflejado en los registros de la Sociedad Estadounidense de Meteoros, la interpretación del fenómeno divide a los expertos.
Hankey sostiene que la duplicación de reportes se explica por una “oleada de tres a cuatro semanas de actividad de grandes meteoroides” y no solo por un cambio en la percepción tecnológica o social. “No creemos que se trate de extraterrestres”, bromea, descartando explicaciones ajenas a procesos naturales.
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Algunos analistas de la NASA, como Moorhead, defienden una visión más moderada, y su análisis estadístico sugiere que la cifra de bólidos observada en 2026, aunque alta, no excede de forma relevante la tendencia a largo plazo. De hecho, en años anteriores, los reportes fueron inferiores al promedio estimado, lo que contribuye a la impresión de un incremento excepcional ahora.
Respecto al posible origen, Brown apunta que las lluvias de meteoros conocidas no explican bólidos tan grandes ni trayectorias tan distintas, y que los registros no revelan un punto de proveniencia común para los eventos de marzo.
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Así, la explicación predominante entre los especialistas es la aleatoriedad habitual de los desechos espaciales que atraviesan la atmósfera.

Hankey, por su parte, subraya que marzo de 2026 implicó el mayor número de informes en un solo mes desde que existen registros en la sociedad, sosteniendo que fue un repunte breve y puntual.
La intensidad de los avistamientos bajó en abril, lo que refuerza la idea de una variabilidad natural. Para Cooke, Brown y otros astrónomos, la evidencia apunta a una fluctuación normal del entorno espacial, sin indicios de un suceso extraordinario desde la perspectiva astronómica, según señala el The New York Times.
En ocasiones, una configuración inesperada de rocas espaciales permite que miles de personas presencien un espectáculo poco común. Así, el reciente aumento de bólidos y meteoritos sirvió como recordatorio efímero del movimiento constante de nuestro entorno cósmico.
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