Al menos trece miembros de las fuerzas de Seguridad del Estado de Líbano murieron el viernes tras un ataque israelí en el sur del país, mientras que Hezbollah se adjudicó un ataque a una base naval en Ashdod, a unos 145 kilómetros de la frontera, en un nuevo repunte de la violencia entre Israel y el grupo terrorista libanés. El incremento de los enfrentamientos se produce en vísperas de conversaciones directas entre el gobierno de Líbano e Israel, programadas para la próxima semana.
Las fuerzas israelíes lanzaron ataques aéreos en varias localidades del sur de Líbano, incluyendo un edificio gubernamental en la ciudad de Nabatieh, que resultó en la muerte de varios integrantes del personal de seguridad. Por su parte, Hezbollah reivindicó otros 31 ataques contra el norte de Israel y contra tropas terrestres israelíes presentes en el sur de Líbano. El viernes, el grupo libanés anunció que su ofensiva contra la base naval israelí de Ashdod respondía a la escalada militar en la zona.
Desde el inicio de la ofensiva israelí, al menos 1.888 personas han muerto en Líbano por ataques de Israel, según informó el Ministerio de Salud. La jornada del miércoles fue la más violenta desde el nuevo estallido del conflicto, con 303 muertes en un periodo de 10 minutos durante una serie de 100 ataques que impactaron áreas residenciales y comerciales densamente pobladas en el centro de Beirut. Equipos de rescate de la Defensa Civil continúan buscando cuerpos bajo los escombros en la capital libanesa.
El principal hospital público de Beirut, el Hospital Universitario Rafik Hariri, se mantiene en alerta ante la posibilidad de quedar en la línea de fuego tras una advertencia de evacuación emitida por el ejército israelí para los suburbios circundantes, incluido el barrio de Jnah. La Organización Mundial de la Salud solicitó que el hospital sea excluido de ataques y no evacuado, y el viernes dijo haber recibido garantías de que no sería atacado. No obstante, el personal hospitalario continúa laborando bajo temor constante, ya que su trayecto al trabajo implica circular por carreteras susceptibles de ser bombardeadas, según explicó el doctor Mohammad Cheaito, director del departamento de emergencias.
Las fuerzas israelíes han justificado la intensificación de sus operaciones como respuesta a los lanzamientos de cohetes por parte de Hezbollah desde el 2 de marzo, acto que el grupo realizó en solidaridad con Irán, considerado su principal aliado y patrocinador.
La confirmación de conversaciones directas entre el gobierno de Líbano e Israel fue anunciada por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu el jueves, indicando que el diálogo abordará el desarme de Hezbollah y la búsqueda de “relaciones pacíficas”. Las autoridades libanesas no han emitido comentarios públicos sobre la convocatoria, pero un funcionario del gobierno, bajo condición de anonimato, señaló que el cese de los combates es un requisito indispensable para avanzar en cualquier negociación directa.
El presidente libanés Joseph Aoun ya había propuesto conversaciones similares al inicio de la guerra, aunque entonces su iniciativa solo contó con el respaldo de Francia y no prosperó. Actualmente, aún no se ha designado a un representante libanés para las negociaciones.
El miércoles, Estados Unidos e Irán anunciaron un alto el fuego temporal que incluía al Líbano, según informó Pakistán, país mediador. Sin embargo, tanto Israel como Estados Unidos negaron la existencia de dicho acuerdo y han optado por separar los canales diplomáticos de los dos conflictos activos.
Hezbollah considera que los ataques israelíes constituyen una violación al alto el fuego, mientras que el gobierno de Beirut busca ser incluido en todas las conversaciones relativas a Líbano y reafirmar su soberanía nacional. En un comunicado difundido el jueves, el secretario general de Hezbollah, Naim Kassem, instó al gobierno a no hacer “concesiones gratuitas” a Israel, sin referirse directamente a las negociaciones.
Decenas de partidarios del grupo respaldado por Irán protestaron frente a la oficina del primer ministro libanés en el centro de Beirut, rechazando las conversaciones como un acto de rendición. Uno de los manifestantes, Hassan Shuaib, expresó: “Nuestra sangre se ha derramado en esta tierra, y nuestro Estado conspira contra nosotros. Nuestro Estado quiere matarnos; nuestro Estado quiere despojarnos de nuestras armas”.
(Con información de AP)
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