La variedad robusta amazónico del café ganó valor frente al avance del cambio climático. En el estado brasileño de Rondônia, comunidades indígenas y pequeños productores impulsan esta transformación, mientras expertos sostienen que su resistencia genética podría definir el futuro de la industria global, según informó The Guardian.
Si bien la atención mundial tendió a concentrarse en el café arábica por su sabor, la producción mundial de robusta experimentó un crecimiento notable: pasó de constituir el 28% del café cultivado en la década de 1990 al 44% en 2023, de acuerdo con datos recopilados.
Este avance responde a la mayor capacidad del robusta para soportar temperaturas elevadas. Según un informe de la organización internacional Climate Central, los cinco mayores productores mundiales (Brasil, Vietnam, Colombia, Etiopía e Indonesia) enfrentan hoy un promedio de 57 días adicionales al año de calor extremo. En el caso de Brasil, líder mundial en producción, esa cifra asciende a 70 días más.
Este incremento de temperaturas afecta el rendimiento de las plantaciones. Celso Vegro, agrónomo de la agencia agrícola estatal de São Paulo, indicó que “las altas temperaturas ponen a las plantas bajo estrés, reduciendo su potencial productivo”.
Innovación agronómica y prácticas sostenibles ante el cambio climático
Investigadores de la agencia estatal de investigación agronómica Embrapa trabajaron durante dos décadas para multiplicar por cinco la productividad del robusta amazónico, una variedad proveniente de cruces naturales entre conilon y robusta. Actualmente, Embrapa evalúa 64 nuevas combinaciones genéticas para lograr plantas más tolerantes a la sequía, a las altas temperaturas y con mejor perfil de sabor.
Enrique Alves, agrónomo de Embrapa en Rondônia, detalló: “Si cosechas granos maduros, los lavas y secas adecuadamente, la calidad aumenta exponencialmente”.
Según Alves, cerca de 10 mil fincas cafetaleras familiares en Rondônia aplican este modelo sostenible, cultivando en promedio 3,3 hectáreas cada una, y el 10% ya produce robusta de alta calidad. El entorno forestal aporta humedad, regula las temperaturas y provee agentes de polinización y control biológico de plagas.
El avance de la frontera agrícola, impulsado por políticas federales en décadas pasadas, redujo la extensión de bosque original. En la actualidad, el 45% de la región titulada como “Bosques de Rondônia” es pastizal; el café ocupa menos del 1% del territorio.
Gestión comunitaria y diversificación productiva
La comunidad indígena Paiter Suruí, que en 1981 recuperó tierras colonizadas y debatió la continuidad de los cafetales heredados, ahora utiliza el cultivo del robusta como estrategia de preservación ambiental y desarrollo económico. Celeste Paytxayeb Suruí, barista y productora, lidera una generación que emplea el robusta amazónico como motor de sustento y protección del bosque.
En parcelas colaborativas dentro de la Tierra Indígena Sete de Setembro, cerca de 140 familias Suruí logran altos rendimientos gracias a la adaptación del cultivo al clima local, similar al del Congo, origen de esta especie.
El plan de manejo ambiental de cincuenta años implementado por los Suruí desde 2004 promueve la reforestación y la preservación a largo plazo. Neidinha Suruí, coordinadora de la Asociación de Defensa Etnoambiental Kanindé, enfatizó el peligro de que un aumento de los precios del café derive en la sustitución de fincas sostenibles por plantaciones extensivas y la consiguiente deforestación.
“El robusta es una alternativa, pero necesita una estrategia, o podría generar deforestación porque el monocultivo conduce a ello. Funciona en el caso Suruí porque cuentan con un plan de gestión del territorio”, afirmó.
La familia Bento, residente cerca de la ciudad de Cacoal, desarrolló un modelo exitoso de producción cafetera sostenible, basado en la integración de buenas prácticas ambientales, eficiencia productiva y diversificación.
En su finca de 12 hectáreas cerca de Cacoal, los 14 miembros de la familia procesan robusta en toda la cadena productiva, implementan riego eficiente y plantaron 1.500 árboles para proteger fuentes hídricas. Este enfoque les ha valido premios estatales y resultados económicos positivos. Deigson Bento relató: “Puedes generar un ingreso mensual de BRL 5.000 por familia con solo dos hectáreas”.
Mercado global y percepción del café robusta
La organización científica World Coffee Research lanzó una red internacional para el desarrollo del robusta, que integra a países productores como Vietnam, Ghana, India, Indonesia, Ruanda y Uganda.
Tania Humphrey, directora de investigación y desarrollo de la entidad, dijo que probar cafetos en múltiples países y climas permite observar cómo responden frente a la variabilidad que afrontan los agricultores con el cambio climático.
Uno de los principales retos para el robusta consiste en revertir la percepción de “café amargo” o de baja calidad. Para ello, científicos como Fabiana Mesquita de Carvalho, neurocientífica de la Universidad Estatal de Campinas de Brasil, crearon una “rueda de cata” específica para las variedades canephora (robusta y conilon), mejorando los estándares de evaluación sensorial y diferenciando el perfil de robusta y arábica: “El canephora es como el vino tinto, el arábica como el vino blanco. No todas las notas del tinto serán positivas para un blanco y viceversa.”
Desafíos y perspectivas para el robusta amazónico
Aunque el robusta muestra mejor adaptación que otras variedades, el cultivo sigue siendo vulnerable: depende de la lluvia y puede sufrir caídas abruptas de producción por sequías extremas, como ocurrió en Rondônia en 2024, cuando la producción en la plantación de Celeste Suruí disminuyó 40% y los precios internacionales subieron por la escasez simultánea en Brasil y Vietnam.
El científico Carlos Nobre propone una “transición cultural” para desarrollar mercados de productos forestales no madereros —como nueces de Brasil, açaí o cacao— que, pese a representar el 20% de la biodiversidad mundial, solo aportan el 0,4% del PIB brasileño, conforme indica el medio.
Paytxayeb Suruí señaló la importancia de considerar a las personas detrás del producto: “Cuando hablamos de la Amazonía, se piensa en el bosque, pero no en quienes viven dentro de él. Hay que valorar tanto a la gente como su trabajo y sus historias”.
“Si solo los indígenas hacen su parte, nada cambiará. Se necesita acción colectiva. El bosque es la madre, no solo de los pueblos originarios, sino de todos”, enfatizó.
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