
36 años después del robo Museo Gardner, el misterio persiste con la publicación de “Thirteen Perfect Fugitives”. En este libro, Geoffrey Kelly, exagente del FBI y principal investigador del caso por más de dos décadas, ofrece detalles inéditos de una de las investigaciones de arte más relevantes de la historia.
La sustracción de 13 obras, valoradas en más de mil millones de dólares, no solo marcó al museo de Boston, sino que impactó en el ámbito internacional del arte. Según ARTnews, la obra aporta nuevas perspectivas a partir de la experiencia de quien encabezó la pesquisa.
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El nuevo libro de Kelly brinda acceso directo al testimonio personal de quien condujo la investigación del FBI entre 2002 y 2024, tras el robo en la madrugada del 18 de marzo de 1990. Según el medio citado, Kelly describe cómo su trabajo se centró en recuperar las obras de arte robadas, un objetivo que sigue sin cumplirse y continúa preocupando tanto a especialistas como al público en general.
La investigación del FBI vista desde dentro

“La investigación fue siempre más un esfuerzo de recuperación que un proceso penal”, afirma el investigador principal. En entrevista con ARTnews, detalla: “Trabajé este caso como uno de fugitivos: menos interesado en procesar y más empujado por encontrar el paradero de las obras”.
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Kelly explica que utilizó métodos poco habituales: “Hicimos campañas con anuncios en carreteras y publicaciones en redes sociales, subimos videos en el sitio web del FBI. Nada de eso es típico en una investigación estándar”.
El investigador subraya que esta singularidad motivó la autorización del libro: “Creo que todos entendieron que casi todo lo que relato ya estuvo en expedientes, artículos de prensa o libros. No busqué reinventar la historia, sino reunir los datos y mis experiencias en un solo lugar”.
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La relación de Kelly con Anthony Amore, director de seguridad del museo, fue crucial. “Anthony es ahora un buen amigo porque trabajamos juntos durante tanto tiempo. Él me animó a escribir el libro y convenció al FBI de permitirlo, lo que fue sorprendente para mí”, recuerda. Después de concluir el manuscrito, Kelly lo remitió al FBI para su revisión, que solo pidió cambios menores.

Giros, pistas y secretos del caso Gardner
Al revisar los principales avances, el investigador resalta el papel de testimonios familiares y de la delincuencia organizada vinculada al robo: “Una llamada de Christina, la sobrina de Bobby Guarente, abrió una nueva línea de investigación que nos llevó a Maine, Connecticut y Filadelfia, y revitalizó el caso”.
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“La teoría de la participación de la banda de Carmello ‘Mello’ Merlino estaba desarrollada por mis predecesores, pero fue el testimonio de Christina el que nos orientó hacia nuevas ubicaciones y permitió reactivar la pesquisa tras años estancada”, señala Kelly. Explica cómo algunas de las conversaciones con la viuda de Guarente se volvieron decisivas y memorables porque marcaron un cambio en el rumbo de la búsqueda.
Geoffrey Kelly sostiene que las obras de arte sustraídas siguen existiendo: “Estoy seguro de que no han sido destruidas. Casi nunca los ladrones eliminan algo que puede servirles para negociar. El caso de Stéphane Breitwieser y su madre es una excepción, no la regla”.
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Sobre la dispersión de las piezas, Kelly precisa: “No creo que las 13 piezas sean recuperadas juntas; han ido cambiando de manos y lugares. Algunos testimonios apuntan a que solo vieron dos o tres obras, pero no todas en conjunto”.

Además, destaca que varios implicados fallecieron de modo violento poco después del robo, lo que pudo dificultar la localización de las piezas: “Tres, tal vez cuatro personas relacionadas con el robo murieron de manera violenta en el año y medio posterior, y pudieron llevarse el secreto de las obras a la tumba”.
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En cuanto a la seguridad del museo, Kelly afirma: “El sistema del Gardner en 1990 estaba a la altura de otros museos, pero carecía de redundancia. Si fallaba un elemento, todo el sistema colapsaba. El punto débil siempre es la puerta de entrada y salida”.
El investigador insiste en no basar teorías en datos erróneos: “Nunca hubo uniformes de guardias de seguridad involucrados; los ladrones llevaban uniformes de la Policía de Boston, como confirmaron los testigos”.
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El robo de arte en el crimen estadounidense
En la cultura criminal estadounidense, el robo de arte funciona como moneda en el mercado ilícito.

Kelly ejemplifica: “En Massachusetts el arte robado suele usarse para negociar. En 1972, unas piezas permanecieron escondidas en una granja y luego fueron devueltas a cambio de beneficios penitenciarios. Sucedió algo similar con Myles Connor, quien robó incluso un Rembrandt para reducir su condena”.
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El exagente advierte que, a pesar de los avances tecnológicos, el arte robado continúa siendo difícil de vender: “Hoy, con teléfonos capaces de rastrear cualquier objeto, casi no existe un mercado abierto para piezas reconocidas. Los ladrones terminan atrapados con tesoros imposibles de comercializar sin delatarse”.
Asimismo, enfatiza el valor de la visibilidad pública en estos casos: “La recuperación de obras muchas veces depende de que alguien reconozca una pieza, como me ocurrió en mi última investigación con objetos saqueados tras la Segunda Guerra Mundial. Probablemente algún día, durante una mudanza o en un ático, aparezca una de las piezas del Gardner”.

Para Kelly, el caso sigue siendo un gran enigma con todos los ingredientes de un misterio: “El caso Gardner lo reúne todo: misterio, peligro y una historia que nunca deja de asombrar”.
En conversación con ARTnews, concluye: “La investigación progresó tras la formación del equipo especializado del FBI en crímenes de arte. El caso permanece abierto como un ‘caso de recuperación’, centrado en localizar las piezas de valor incalculable y no solo en identificar a los responsables”.
La experiencia de Geoffrey Kelly demuestra que, en la búsqueda por recobrar las obras, aceptar la incertidumbre es lo que impulsa el avance cuando todo parece irresoluble.
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