
La práctica de compartir en redes sociales imágenes, videos e información sobre la vida de los hijos, denominada sharenting, genera un creciente debate entre especialistas en privacidad, psicología infantil y protección de datos.
El término, que surge de la combinación de “share” (compartir) y “parenting” (crianza), describe la tendencia de madres y padres a difundir públicamente momentos cotidianos y eventos significativos de la infancia de sus hijos, muchas veces con la intención de documentar su crecimiento, expresar orgullo o mantener el contacto con familiares y amigos que residen lejos. Sin embargo, esta práctica va mucho más allá de una simple muestra de afecto o registro digital: implica la creación de una huella digital temprana sobre la que los propios niños no tienen control ni capacidad de decisión.
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Según advierten especialistas citados por Vida y Salud y la oficina en Argentina del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el sharenting puede afectar la privacidad, la identidad digital y la seguridad de los menores, incluso años después de realizada la publicación.
El problema central no reside en una imagen o relato aislado, sino en la acumulación de información personal —como nombre completo, edad, dirección, nombre del colegio, actividades diarias, detalles de salud o situaciones familiares delicadas— que, al compartirse reiteradamente, configura un perfil digital detallado sin el consentimiento de los propios niños.
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Una vez que ese contenido circula en internet, resulta extremadamente difícil controlar quién lo visualiza, lo almacena, lo comparte o lo reutiliza, exponiendo a los menores a riesgos que van desde el uso indebido de sus imágenes hasta el ciberacoso o la suplantación de identidad en el futuro.
Riesgos asociados al sharenting y advertencias de los expertos
Entre los principales riesgos identificados por profesionales en protección de datos y psicología infantil se destacan la pérdida de privacidad de los menores, la construcción de una identidad digital prematura y ajena a su control, el posible uso no autorizado de imágenes por parte de terceros —incluyendo la extracción de fotografías para fines comerciales o ilícitos— y una mayor vulnerabilidad ante episodios de ciberacoso o bullying digital en etapas posteriores.
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Además, los expertos subrayan que la publicación de contenidos potencialmente sensibles, humillantes o que expongan situaciones emocionales complejas puede generar conflictos familiares a medida que los niños crecen y toman conciencia de lo difundido sobre ellos, afectando su autoestima, autonomía y la construcción de su identidad personal.

La acumulación de publicaciones, a menudo hecha con la mejor intención, puede convertirse en una verdadera “biografía digital” construida por adultos, que los propios niños heredan sin haber participado en su elaboración. Según UNICEF, este fenómeno plantea desafíos inéditos en la era de la información, ya que los menores deben aprender a gestionar una identidad online preexistente, condicionada por decisiones tomadas por sus padres en la infancia.
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Recomendaciones para compartir de manera más consciente
Para minimizar los riesgos asociados al sharenting, los especialistas recomiendan adoptar una actitud reflexiva y responsable antes de difundir cualquier contenido vinculado a menores. Entre las principales sugerencias se encuentra no publicar datos sensibles como la ubicación geográfica, el nombre del colegio o las rutinas diarias, así como configurar cuidadosamente las opciones de privacidad en las redes sociales para restringir el acceso a personas de confianza.
También se aconseja evitar la difusión de imágenes o relatos que puedan resultar comprometedores, humillantes o que, en el futuro, puedan afectar la imagen pública o el bienestar emocional de los hijos.
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Antes de publicar, es fundamental preguntarse: “¿Mi hijo estaría de acuerdo con esto cuando sea mayor? ¿Esta información podría ser utilizada en su contra o perjudicarlo en algún contexto social, escolar o profesional?”. La crianza digital implica hoy la responsabilidad de proteger la identidad online de los niños, entendiendo que lo que hoy parece un recuerdo inocente o una anécdota simpática podría transformarse en una marca permanente en internet, con consecuencias imprevisibles para su desarrollo y bienestar.
Adoptar un enfoque consciente y respetuoso no solo resguarda la privacidad de los menores, sino que promueve una cultura digital más segura y saludable para las futuras generaciones.
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