
Francia instauró una de las restricciones más estrictas de Europa sobre las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), conocidas como “químicos eternos”, al prohibir desde el 1 de enero de 2026 la producción, importación y venta de cosméticos, ropa y otros productos que contienen estos compuestos, siempre que existen alternativas disponibles.
La medida, celebrada por organizaciones medioambientales y respaldada por más de 140.000 ciudadanos en una petición parlamentaria, respondió a la creciente alarma sobre los efectos nocivos de estas sustancias en la salud y el medio ambiente. Los PFAS agrupan más de 10.000 compuestos sintéticos que se usan desde la década de 1940 para fabricar artículos diversos como utensilios antiadherentes, prendas impermeables y productos de cuidado personal.
Estas sustancias se caracterizan por su extrema durabilidad; pueden tardar miles de años en degradarse y se detectaron prácticamente en todos los rincones del planeta, desde la cima del Everest hasta el interior de cetáceos en océanos remotos. Esta persistencia facilita su acumulación en suelos, aguas subterráneas, la cadena alimentaria y el agua potable.

La exposición crónica a los PFAS, incluso a bajas concentraciones, se vinculó con daños hepáticos, alteraciones del colesterol, disminución de la respuesta inmunitaria, menor peso al nacer y distintos tipos de cáncer.
Investigaciones recientes señalan que estas sustancias pueden ingresar al organismo no solo por ingestión o inhalación, sino también a través de la piel, lo que incrementó la preocupación por su uso en productos de uso cotidiano, según informó Euronews.
La ley francesa se aprobó en febrero de 2025 y representó un cambio radical para industrias clave como la cosmética y la textil. La industria cosmética francesa, que genera más de EUR 30.000 millones anuales según la asociación FEBEA, reformuló ingredientes y procesos para cumplir la nueva normativa. Las empresas textiles también enfrentaron el desafío de revisar cadenas de suministro y buscar materiales alternativos, debido al uso extendido de PFAS por sus propiedades de resistencia y fácil mantenimiento, de acuerdo con France 24.

La prohibición incluye cosméticos, cera para esquís y la mayoría de prendas de vestir, aunque mantiene excepciones para ciertos textiles industriales considerados esenciales o vinculados a la soberanía nacional.
Tras una fuerte presión del fabricante francés Tefal y otros actores, los utensilios de cocina antiadherentes quedaron exentos. Tefal aseguró que sus productos actuales no usan PFAS clasificados como carcinógenos ni PFOA desde 2012, aunque varios estudios advierten que los recubrimientos de PTFE pueden liberar micro y nanoplásticos durante la cocción.
Entre las obligaciones adicionales, la ley estableció controles periódicos del agua potable para detectar PFAS y contempló multas para los contaminadores. En Europa, se estima que 12,5 millones de personas residen en áreas con agua potable contaminada por estas sustancias.

El enfoque francés contrastó con el de otros países. En Estados Unidos, solo algunos estados, como California, aprobaron prohibiciones parciales sobre los PFAS en cosméticos a partir de 2025, y se prevé que más estados adopten medidas similares en 2026.
Dinamarca eliminó estos compuestos en ropa, calzado y productos impermeabilizantes desde julio de 2026, y los prohibió en envases alimentarios desde 2020. La Unión Europea estudia una normativa integral, pero aún no implementó una prohibición generalizada para productos de consumo .
A nivel mundial, el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes limitó varios PFAS desde 2019, con más de 150 países adheridos, aunque China y Estados Unidos excluyeron algunas restricciones.

Entre las sustancias reguladas figuran el ácido perfluorooctanoico (PFOA), utilizado por DuPont para fabricar teflón desde los años cincuenta, y el ácido perfluorooctano sulfónico (PFOS), empleado por el grupo 3M y severamente restringido desde 2009.
A pesar de los avances legislativos, los PFAS continúan detectándose en numerosos ecosistemas y organismos, lo que subraya la urgencia de alternativas seguras y regulaciones más estrictas en la cadena de consumo.
“Esta prohibición en Francia es una gran noticia para quienes buscan reducir su exposición a estos compuestos nocivos”, señaló Sandra Bell, de CHEM Trust, aunque advirtió: “Es fundamental que la Unión Europea avance hacia una restricción aún más amplia que proteja a todos los ciudadanos”, según documentó Euronews.
La nueva regulación francesa redefinió los estándares en la industria cosmética y textil, planteó exigencias técnicas y económicas, y se convirtió en referencia para futuras políticas europeas orientadas a la protección de la salud pública y el entorno natural.
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