
En el remoto océano Pacífico occidental, una capital insólita emerge entre la selva y los arrecifes: Palikir, sede administrativa de los Estados Federados de Micronesia.
Con una población apenas superior a los 6.500 habitantes, Palikir es una de las ciudades capitales más pequeñas y singulares del planeta, según datos del Gobierno de los Estados Federados de Micronesia. Frente a los grandes núcleos urbanos que suelen caracterizar a las sedes de gobierno del mundo, esta capital ofrece un rostro completamente diferente, marcado por la tranquilidad, la naturaleza exuberante y una historia tan diversa como sus paisajes.
Geografía y ambiente: una ciudad en la selva tropical
Ubicada en la isla de Pohnpei, una de las principales del archipiélago, Palikir se distingue por su situación privilegiada en un entorno de selva tropical, montañas y una costa adornada por arrecifes de coral. El clima es húmedo y cálido durante todo el año, con temperaturas altas y abundantes lluvias, típicas de la región. Entre los meses de junio y diciembre, la capital es vulnerable al paso de tifones que afectan a todo el archipiélago.

La naturaleza ocupa un lugar central en la vida de Palikir. Selvas frondosas, ríos, cascadas y una extensa biodiversidad marina son parte esencial del entorno. Fondos coralinos espectaculares y aguas azules habitadas por gran variedad de fauna marina convierten a Pohnpei en un destino ineludible para exploradores, buceadores y amantes de la naturaleza que buscan experiencias auténticas lejos de los circuitos turísticos tradicionales.
En este entorno, la ciudad se posa discretamente, con construcciones bajas de inspiración tradicional micronesia y calles tranquilas. No exhibe grandes avenidas ni rascacielos, sino edificaciones de dos plantas donde prima la luz natural y el contacto con lo exuberante.
Historia y cultura de una capital joven con raíces ancestrales
Si bien la historia de la isla de Pohnpei se remonta a las primeras navegaciones de exploradores españoles en el siglo XVI, la instauración oficial de Palikir como capital es mucho más reciente. Tras la II Guerra Mundial y el paso de la región por manos alemanas, japonesas y estadounidenses, los Estados Federados de Micronesia alcanzaron la independencia efectiva en la década de 1980.

Fue en 1989 cuando Palikir reemplazó a Kolonia como sede gubernamental, seleccionada para concentrar los poderes federales y crear un centro administrativo moderno.
Pese a su juventud como capital, Palikir es heredera de profundas tradiciones. La cultura local fusiona influencias españolas, alemanas, japonesas y estadounidenses con las prácticas ancestrales de los pueblos micronesios. En las proximidades de la ciudad se alza una de las maravillas arqueológicas de la región: Nan Madol, un complejo ceremonial de más de un kilómetro cuadrado y 92 plataformas funerarias de basalto y coral, testimonio del esplendor de civilizaciones pasadas.
La vida religiosa mantiene una impronta vigorosa en la sociedad. Protestantes y católicos conviven con una pequeña comunidad budista y seguidores de religiones indígenas.
Qué ofrece Palikir

Aunque pequeña y serena, Palikir concentra los principales edificios gubernamentales y organismos del país, incluido el Tribunal Supremo y la administración del estado de Pohnpei. Su función política la convierte en el núcleo de decisión de los Estados Federados de Micronesia, a pesar de que muchas actividades cotidianas y servicios, como el puerto y el aeropuerto internacional, se compartan con la vecina ciudad de Kolonia.
La economía local depende en gran medida de la asistencia financiera de Estados Unidos. Las actividades agrícolas están orientadas a la subsistencia, con cultivo de coco, batata y mandioca, así como ganadería a pequeña escala. La pesca representa una fuente adicional de ingresos, gracias a la concesión de licencias a flotas extranjeras.
El turismo en Palikir es incipiente. De acuerdo con la Oficina de Turismo de Pohnpei, el número de visitantes internacionales ha crecido levemente en los últimos años, aunque la infraestructura hotelera sigue siendo limitada, pero con potencial para el crecimiento.

Los visitantes pueden disfrutar de fiestas con danzas tradicionales, deportes acuáticos como la pesca y el submarinismo, o experiencias culturales únicas. Nan Madol, el sitio arqueológico a pocos kilómetros, constituye uno de los grandes atractivos de la isla. En 2016, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El acceso se realiza principalmente a través del Aeropuerto Internacional de Pohnpei, cercano a Kolonia, con conexiones a destinos regionales e internacionales.
Por eso, para quienes buscan alejarse del bullicio y adentrarse en la autenticidad de las islas, Palikir ofrece una experiencia diferente: la de una capital pequeña, rodeada de selva, tradiciones milenarias y paisajes impresionantes, en uno de los rincones más recónditos del planeta.
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