
Los resultados preliminares de las elecciones parlamentarias en Irak confirmaron la ventaja del primer ministro saliente Mohamed Shia al Sudani y su coalición Reconstrucción y Cambio, que encabeza las votaciones en ocho de dieciocho provincias, incluidas regiones clave como Bagdad y Najaf.
A pesar del triunfo parcial, ninguna fuerza política alcanzó la mayoría suficiente para gobernar sin alianzas, lo que anticipa un periodo de negociaciones complejas para formar el nuevo Ejecutivo.
La Comisión Electoral de Irak anunció que la participación se situó en un 56% de los votantes inscritos, una cifra sorprendente en comparación con la abstención generalizada registrada en 2021. El dictamen incorpora la votación general del martes y el sufragio anticipado por miembros de las fuerzas armadas y desplazados internos. Sin embargo, la afluencia fue significativamente menor en distritos tradicionalmente asociados a Moqtada al Sadr, el influyente clérigo chiita que boicoteó el proceso y pidió a sus seguidores mantenerse alejados de las urnas.
En la distribución regional, las fuerzas chiitas dominaron las provincias de mayoría chiita, mientras que los bloques sunnitas y kurdos mantuvieron su hegemonía en sus respectivas zonas. La sorpresa se produjo en la provincia de Nineveh —habitualmente dominada por fuerzas árabes sunitas— donde el Partido Democrático del Kurdistán (KDP) se impuso, descolocando las proyecciones previas.
Otro dato inédito se observó en Diyala, donde por primera vez desde 2005 ningún candidato kurdo obtuvo representación parlamentaria.
En los feudos de mayor peso demográfico y político hubo una tendencia clara: la coalición liderada por al Sudani obtuvo la mayoría en Bagdad, donde se asignan 71 escaños, mientras que el KDP lideró en Nineveh (34 escaños) y la lista Tasmeem, encabezada por el gobernador de Basra, Asaad al-Eidani, se impuso en esa provincia clave del sur.
Kirkuk, zona históricamente tensionada por disputas étnicas y políticas, registró enfrentamientos entre fuerzas partidarias antes de la elección. El resultado mostró un escenario polarizado: el Partido Patriótico de Kurdistán (PUK) se posicionó primero, seguido por Taqaddum del ex presidente parlamentario Mohammed al-Halbousi y, en tercer lugar, el partido Turkmeno.
El propio al Sudani celebró la tendencia favorable con simpatizantes en la plaza Tahrir de Bagdad, donde cientos de personas salieron a las calles en caravanas y manifestaciones festivas. En sus redes sociales, el primer ministro afirmó que “Irak viene primero” y expresó “profundo agradecimiento al pueblo iraquí por su apoyo en el camino de trabajo, reconstrucción y logros”.

Pese al optimismo de su entorno, la ausencia de una mayoría absoluta postergará la formación de gobierno para la etapa de negociaciones parlamentarias. Irak tiene un sistema en el que el primer ministro suele surgir del consenso entre las principales fuerzas, especialmente tras la necesidad de combinar bloques chiitas, sunitas y kurdos. Desde la caída de Saddam Hussein en 2003, el cargo de primer ministro recae por convención en un chiita, el de presidente del Parlamento en un sunita y la presidencia de la República en un kurdo.
En 2021, el Bloque Sadrista ganó el mayor número de escaños pero no logró imponer a su candidato; posteriormente, la retirada de los sadristas desató meses de parálisis institucional. La actual fragmentación —acentuada por la abstención sadrista y el ascenso de partidos vinculados a milicias proiraníes y figuras tecnócratas— dibuja un Parlamento donde la gobernabilidad requerirá amplios acuerdos y pactos entre rivales históricos.
El contexto sociopolítico en que se desarrollaron los comicios estuvo marcado por relativa estabilidad, aunque la estructura básica del Estado sigue atenazada por debilidades institucionales, deficiencias en servicios públicos y la presión constante de grupos armados alineados tanto con Irán como con grupos nacionalistas o internacionales. La presión de Estados Unidos para limitar el poder de las milicias próximas a Teherán sigue vigente y llevó a que algunos de estos grupos buscaran representación electoral directa, aunque sin imponerse a escala nacional.

Mohamed Shia al Sudani, quien llegó al poder en 2022 avalado por una alianza chiita pro-iraní, ha procurado en los últimos meses perfilarse como un pragmático, con énfasis en la modernización de servicios, el refuerzo de la seguridad y la búsqueda de un equilibrio entre las demandas de Washington y Teherán.
Aunque solo un primer ministro ha conseguido mantenerse en el cargo más de un mandato desde 2003, Sudani aspira a prolongar su poder y consolidar la imagen de Irak como un país más estable y capaz de mediar entre sus poderosos vecinos y socios internacionales.
(Con información de The Associated Press y Reuters)
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