El número de muertos por dos ataques de milicianos rebeldes afiliados al grupo Estado Islámico en el este de República Democrática del Congo aumentó a 89, informaron el martes las autoridades congoleñas, en lo que representa uno de los episodios más mortíferos de violencia reciente en una región sumida en décadas de conflicto.
Las autoridades reportaron que 71 personas fueron asesinadas durante un funeral en la aldea de Nyoto el lunes por la noche, mientras que otras 18 murieron en un ataque separado ocurrido el martes en Beni. Ambos asaltos tuvieron lugar en la provincia de Kivu del Norte, una región fronteriza con Uganda que ha sido escenario de constantes enfrentamientos entre grupos armados.
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Los ataques fueron perpetrados por las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), una milicia de origen ugandés que juró lealtad al grupo Estado Islámico en 2019. El grupo ha intensificado sus operaciones contra civiles en las últimas semanas, convirtiendo la zona en un polvorín de violencia sectaria.
“Tras las investigaciones iniciales, ahora tenemos 76 cadáveres, porque los atacantes tomaron a otras personas como rehenes y huyeron con ellas”, declaró Georges Mohindo, portavoz de la sociedad civil del sector de Bapere, donde ocurrió el ataque principal. “Por lo tanto, el número de muertos podría fluctuar en cualquier momento e, incluso, podría llegar a 100 personas”, advirtió.
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“Lo que vi fue horrible”
El asalto más letal comenzó alrededor de las 10:00 de la noche del lunes en Nyoto, cuando decenas de personas se habían reunido para un velatorio. Según testigos locales, los atacantes irrumpieron en la ceremonia fúnebre y abrieron fuego indiscriminadamente contra los asistentes.
“Lo que vi fue horrible. Mataron a casi todos los que estaban reunidos en la funeraria”, relató el padre Paluku Nzalamingi, párroco de Manguredjipa. “Mujeres en colchones en la sala de estar del difunto, otras en el pasillo y otras más afuera, en la parcela. En cualquier caso, muchos fueron asesinados a tiros”.
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Samuel Kagheni, líder de la sociedad civil local, confirmó que al menos 14 viviendas fueron incendiadas durante el ataque. “Algunas de las víctimas fueron quemadas vivas en sus hogares, y otras que trataron de huir fueron abatidas a tiros”, indicó. Cuatro personas resultaron heridas en el asalto.
Los ataques ocurrieron pese a la presencia en la zona de un destacamento de las Fuerzas Armadas congoleñas y unidades del Ejército ugandés, según medios locales. Esta situación evidencia las limitaciones de la operación militar conjunta lanzada en noviembre de 2021 entre Congo y Uganda para combatir a los rebeldes.
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Onesphore Sematumba, analista de Congo en Crisis Group International, explicó a la agencia AP que la campaña militar solo ha dispersado al grupo. “Ha causado lo que puedo llamar el fenómeno de golpear el avispero. Este grupo se ha dispersado en el área con toda la ira posible, y actúan en grupos asesinos”, dijo Sematumba.
Las ADF no se limitan a la violencia contra civiles. El grupo también se ha involucrado en el saqueo y contrabando de productos agrícolas, aprovechando las ricas vetas de oro de la región de Bapere que han atraído a diversas milicias locales y bandas criminales.
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Escalada de violencia
Estos últimos ataques forman parte de una escalada de violencia que ha dejado más de 150 civiles muertos desde julio en las provincias de Ituri y Kivu del Norte. En agosto, las ADF mataron a más de 40 personas en ataques a varios asentamientos en el sector de Bapere, y semanas antes provocaron indignación internacional tras asesinar a decenas de fieles, incluyendo mujeres y niños, durante un ataque a una iglesia católica en la localidad de Komanda.
El gobierno congoleño emitió un comunicado asegurando que ha brindado apoyo al “Gobierno Provincial de Kivu del Norte en la gestión de las consecuencias humanitarias de estos actos terroristas”. Las autoridades añadieron que permanecen “resueltamente comprometidas a continuar las operaciones militares y la caza de terroristas, lo que ya ha resultado en la neutralización de varios de ellos, la destrucción de varias de sus bases y la liberación de rehenes civiles”.
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El este de la República Democrática del Congo, rico en minerales, ha sido un campo de batalla durante más de 30 años entre varios grupos armados que compiten por el control de las minas de la región. La zona, que limita con Uganda y Ruanda, también alberga a la milicia M23 respaldada por Ruanda, que ha tomado amplias extensiones del este congoleño desde que retomó las armas en 2021.
Aunque los ejércitos ugandés y congoleño no han logrado poner fin a los ataques contra civiles, su operación conjunta ha conseguido brindar cierta seguridad a las principales carreteras hacia Uganda desde su lanzamiento hace tres años. Sin embargo, la campaña militar ha empujado a las ADF hacia regiones aisladas y de difícil acceso, donde las fuerzas militares a menudo luchan por llegar a tiempo, dejando a los civiles a merced de los combatientes del grupo.
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(Con información de AP, AFP, EFE)
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