El gobierno alemán abrió una investigación para determinar si la oferta de compra de JD.com sobre Ceconomy, la matriz de MediaMarkt y Saturn, representa un riesgo para la seguridad nacional. El Ministerio de Economía confirmó que el proceso de revisión de inversiones extranjeras ya está en marcha y se encuentra en sus primeras etapas.
“El examen busca establecer si la adquisición planificada afecta el orden público o la seguridad de la República Federal de Alemania o de otro Estado miembro de la Unión Europea”, indicó la cartera en una respuesta oficial a una consulta parlamentaria.
El acuerdo, anunciado en julio, prevé que JD.com adquiera Ceconomy por 2.200 millones de euros, equivalentes a unos 2.600 millones de dólares. La dirección del grupo alemán recomendó a los accionistas aceptar la oferta, que valora cada acción en 4,60 euros, con una prima de más del 20 % sobre la cotización previa en bolsa. Con una red de más de mil tiendas y ventas por más de 22.000 millones de euros en el último ejercicio, Ceconomy es un actor central en el comercio minorista europeo y un símbolo de la electrónica de consumo en Alemania.
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La revisión fue impulsada por la diputada Anne-Mieke Bremer, del partido Die Linke, quien cuestionó los posibles riesgos estratégicos de la operación. “El intento de adquisición no es solo un asunto de balances —también es una cuestión de soberanía digital, seguridad del suministro y control democrático”, declaró Bremer. Su advertencia refleja una preocupación que crece en Berlín y Bruselas: que el capital chino avance sobre sectores considerados críticos bajo el argumento de la globalización comercial.
El antecedente inmediato refuerza esa cautela. En 2022, el intento de la estatal china Cosco de comprar una participación mayoritaria en un puerto de Hamburgo generó un áspero debate político. Finalmente, el gobierno solo permitió una participación minoritaria. Ese mismo año, Berlín bloqueó dos adquisiciones de fabricantes de semiconductores alemanes por parte de inversores chinos, alegando la sensibilidad estratégica de la tecnología involucrada. Estos episodios marcaron un punto de inflexión en la política alemana hacia la inversión extranjera y delinearon una estrategia más restrictiva frente a Beijing.
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El caso Ceconomy se presenta ahora como una prueba de hasta dónde está dispuesta Alemania a abrir sus puertas al capital chino en sectores que, aunque no militares ni energéticos, sí están ligados a la infraestructura digital y al consumo masivo. MediaMarkt y Saturn no solo venden televisores y teléfonos; también administran enormes volúmenes de datos de clientes y dependen de redes logísticas que se consideran esenciales en la economía moderna. Para críticos como Bremer, ceder ese control a un gigante tecnológico chino implicaría vulnerabilidades difíciles de revertir.
JD.com, por su parte, busca calmar los temores. En en un comunicado destacó que la operación dará lugar a “un conglomerado omnicanal líder en el mercado europeo” y se comprometió a mantener la estructura corporativa de Ceconomy en Alemania durante al menos cinco años. También prometió respetar los convenios colectivos vigentes y preservar la autonomía de los sistemas tecnológicos europeos. Aun así, expertos advierten que las promesas contractuales suelen diluirse con el tiempo y que la presión de Beijing sobre sus grandes compañías se ejerce más allá de las fronteras nacionales.
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El presidente ejecutivo de Ceconomy, Kai-Ulrich Deissner, reconoció que espera un examen más amplio en Bruselas. “Dados los mercados en los que operamos, es natural que las autoridades de competencia de la UE revisen el acuerdo”, declaró a Reuters. En el ámbito comunitario, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ya había alertado en 2023 sobre la necesidad de “reducir riesgos” en la relación con China, en particular en sectores que combinan tecnología y acceso a datos.
El dilema es claro. Para Ceconomy, la entrada de JD.com supone capital fresco, respaldo tecnológico y una posible ventaja competitiva en la transición digital. Para Berlín, en cambio, la cuestión es si aceptar la oferta comprometería la seguridad económica y digital de Alemania y del resto de Europa. En un contexto de tensiones geopolíticas crecientes, la decisión va más allá de lo financiero. La pregunta de fondo es si Alemania puede darse el lujo de depender aún más de China en un sector tan sensible como el consumo electrónico.
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