
En un gesto calculado para rebajar tensiones en uno de los momentos más delicados de la relación transatlántica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acordaron este lunes dar un impulso decisivo a las negociaciones arancelarias. El anuncio, realizado tras una reunión bilateral en los márgenes de la Cumbre del G7, marca un intento por frenar el deterioro comercial entre Washington y Bruselas, bajo la amenaza de aranceles del 50% que la Casa Blanca amenaza con aplicar desde el 9 de julio.
“Traté con el presidente Trump temas cruciales, desde Ucrania hasta el comercio. En materia comercial, instruimos a los equipos a acelerar su trabajo para alcanzar un acuerdo positivo y justo”, escribió Von der Leyen en un mensaje publicado en X, acompañado por una fotografía sonriente junto al mandatario estadounidense.
La reunión se celebró en Kananaskis, una localidad enclavada en las Montañas Rocosas de Canadá, donde los líderes del G7 discuten este lunes y martes una agenda dominada por las guerras en Ucrania y Medio Oriente, la inestabilidad económica global y los desequilibrios comerciales. En este contexto, el endurecimiento del discurso estadounidense ha centrado la atención en Trump, quien en las últimas semanas elevó el tono contra la UE con amenazas arancelarias.
A finales de mayo, el mandatario republicano advirtió que impondría aranceles del 50% a las importaciones europeas, endureciendo su postura frente al 20% originalmente previsto. Tras una conversación telefónica con Von der Leyen, Washington aceptó posponer la aplicación de los nuevos gravámenes hasta el 9 de julio, fecha límite en la que ambas partes esperan haber alcanzado al menos un principio de entendimiento.
En vísperas de la cumbre, tanto Von der Leyen como el presidente del Consejo Europeo, António Costa, defendieron la necesidad de preservar un comercio internacional “estable y predecible”. En una rueda de prensa conjunta, Costa advirtió: “No es el momento de crear incertidumbre económica. Necesitamos fortalecer nuestra base económica para asumir mayores responsabilidades en defensa”.
El mandatario portugués subrayó que tanto Europa como Estados Unidos requieren bases económicas sólidas para afrontar desafíos comunes. “Estamos hablando de la relación comercial más importante del mundo, y debemos protegerla para poder enfocarnos en los temas clave de seguridad y defensa”, sostuvo.

Von der Leyen coincidió con esa visión y expresó su preferencia por una solución negociada, reafirmando que la UE está comprometida con un comercio justo. “Debemos centrarnos en una respuesta del G7 a las prácticas comerciales perjudiciales que pretenden socavar nuestras economías”, dijo, en alusión a China y otros actores que distorsionan el mercado global.
El principal asesor económico de Trump, Stephen Miran, también expresó su optimismo en días recientes sobre la posibilidad de cerrar un acuerdo con Bruselas. En una conferencia organizada por AmChamSpain y Europa Press, Miran destacó el rol que España podría desempeñar como facilitadora de un acuerdo equilibrado.
“España, como parte de la UE, puede ayudarnos a reducir el riesgo que implica un socio comercial como China, que explota lagunas legales y subsidios para favorecer a sus empresas”, declaró. A su juicio, Estados Unidos no busca limitar el comercio, sino “equilibrarlo con sus aliados” para garantizar la seguridad económica colectiva.
Miran reconoció que las negociaciones con un bloque compuesto por 27 países pueden ser complejas, pero insistió en que la relación entre ambas orillas del Atlántico “sigue siendo la más importante del mundo”.
Durante su intervención, el asesor económico delineó los cuatro pilares de la política económica de la administración Trump: incentivos fiscales, desregulación, energía barata y una política comercial agresiva. En particular, subrayó que los aranceles no son un fin en sí mismos, sino herramientas para obtener “acuerdos más justos” y proteger el sector manufacturero estadounidense.
El uso de estas herramientas, agregó, está orientado a lograr reciprocidad, derribar barreras no arancelarias y mejorar el acceso de productos estadounidenses en mercados estratégicos.
Miran también criticó iniciativas como el impuesto global mínimo del 15% impulsado por la OCDE o los gravámenes europeos a servicios digitales, calificándolos como “aranceles encubiertos” contra empresas estadounidenses.
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