
Unos 12 millones de franceses y turistas se quedaron este jueves sin poder disfrutar de una crujiente baguette recién horneada o un croissant caliente, al permanecer cerradas las panaderías durante el Día Internacional de los Trabajadores, una situación que ha generado un intenso debate sobre las excepciones laborales para servicios considerados esenciales.
La Confederación Nacional de Panaderías y Pastelerías de Francia lamentó el cierre obligatorio que afectó a unas 35.000 establecimientos en todo el país y que, según sus cálculos, provocó pérdidas estimadas entre 70 y 80 millones de euros (80 a 91 millones de dólares).
“Claro que no encuentro esto normal. Sobre todo que nosotros pensábamos que éramos esenciales, como la prensa y otras profesiones”, declaró a la radio Europe 1 Dominique Anract, presidente de la confederación.
Este debate cobra especial relevancia considerando que en 2022 la baguette francesa fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, reconociendo su importancia cultural en la identidad nacional.
Confusión jurídica y vacíos legales

El problema tiene su origen en un vacío jurídico que ha generado confusión entre los propietarios de panaderías. Mientras que durante décadas estos establecimientos habían abierto normalmente el 1 de mayo, el año pasado muchos recibieron inspecciones sorpresa que resultaron en multas y sanciones.
“Desde hace un centenar de años, trabajamos el Primero de Mayo sin problemas”, insistió Anract, señalando la tradición interrumpida por esta interpretación estricta de la normativa laboral.

La situación legal ha resultado especialmente complicada debido a sentencias contradictorias y diferentes interpretaciones de la ley. Recientemente, cinco panaderos de la región occidental de Vendée fueron llevados ante los tribunales por abrir el 1 de mayo de 2023, aunque finalmente todos fueron absueltos la semana pasada, subrayando la ambigüedad existente.
Las multas por incumplir la normativa pueden ser devastadoras para pequeños negocios: 750 euros por empleado adulto y hasta 1.500 euros cuando se trata de trabajadores menores de edad, cantidades significativas para un sector con márgenes de beneficio reducidos.
Una propuesta legislativa en camino

Ante esta situación, el gobierno francés ha decidido respaldar una iniciativa legislativa que busca aclarar la situación de manera definitiva. La propuesta permitiría a las panaderías y otros negocios considerados esenciales, como las floristerías, abrir durante el Día del Trabajador, siempre que los empleados acudan voluntariamente.
“El Gobierno apoyará esta iniciativa porque protege los derechos de los ciudadanos y responde a las expectativas de los panaderos y otros trabajadores esenciales”, declaró a la AFP Catherine Vautrin, ministra de Trabajo y Sanidad, añadiendo que “este texto no se limita a los panaderos: aportará claridad y seguridad jurídica a todas las profesiones afectadas”.
La propuesta, impulsada por senadores centristas, pretende “adaptar la ley a la realidad sobre el terreno” y permitiría a los comercios esenciales abrir el 1 de mayo de forma similar a como ya se les permite hacerlo los domingos. Los legisladores Annick Billon y Hervé Marseille, promotores del proyecto, esperan incluirlo en la agenda del Senado “antes de finales de junio”.
“En ningún caso se cuestiona el carácter festivo y no laborable de este día, sino que se reconoce la especificidad de ciertas actividades que forman parte integrante de nuestra vida cotidiana y de nuestro patrimonio cultural”, señalaron los senadores.
Oposición sindical y realidad económica

No obstante, la iniciativa encuentra resistencia por parte de sindicatos como la CGT, que se ha declarado contraria a “cualquier cuestionamiento del carácter festivo y no laborable del 1 de mayo” y apoya las intervenciones de los inspectores de trabajo para hacer cumplir la actual normativa.
Mientras tanto, algunos panaderos han encontrado formas de sortear la prohibición amparándose en excepciones legales que permiten abrir a los establecimientos que abastecen a instituciones como prisiones o residencias de ancianos, aprovechando para vender también a clientes particulares. Otros optan por abrir con el propietario trabajando solo, sin empleados, para evitar infracciones.
Para muchas panaderías, el riesgo ha valido la pena en años anteriores debido al incremento significativo en las ventas.
Fabrice Collet, propietario de Maison Collet en París, explicó que sus ventas aumentan considerablemente en este día festivo: “Puede que venda 1.300 baguettes tradicionales el 1 de mayo, frente a las 800 habituales. El año pasado vendimos 1.000 pasteles, frente a los 360 de un día normal”.
La situación ha generado reflexiones sobre la importancia cultural de ciertos productos y servicios. “Franceses y turistas que aprovechan el puente no entenderán que en el país de la baguette Unesco, no se pueda ir a buscar un bocadillo en una panadería”, criticó Anract, destacando la paradoja de que un símbolo nacional tan potente no esté disponible en un día festivo.
(Con información de AFP)
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