
(Enviado especial a Tel Aviv, Israel) Joe Biden abordó ayer el Air Force One para volar toda la noche desde Washington a Tel Aviv. Tenía que hacer escala en Amman (Jordania) para encontrarse con sus aliados árabes y a continuación aterrizaba en el aeropuerto Ben Gurion para reunirse con Benjamin Netanyahu en el hotel Kempinski, justo enfrente al mar Mediterráneo.
Pero la exhaustiva agenda de crisis de Biden se deshizo cuando un misil cayó en el hospital Al-Ahli, ubicado en la Franja de Gaza y bajo control estricto de Hamas. El presidente de los Estados Unidos asumió que ese misil, cuyos primeros daños eran calculados en cientos de muertos y heridos, condicionaba su respaldo geopolítico a Israel y abría la puerta a una crisis regional que podría terminar con una guerra total en Medio Oriente.
En pleno vuelo nocturno, Biden trató el asunto con su secretario de Estado, Antony Blinken, y su consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, quienes solicitaron información propia al Pentágono y a la CIA. Hasta ese momento, Biden ya había leído que Hamas acusaba a Israel, y que el staff de Netanyahu desmentía su responsabilidad en la masacre.
Muy cauteloso, para no agravar la situación en Medio Oriente, el rey Abdalá de Jordania ya había cancelado la cumbre que iba a protagonizar junto a Biden y los líderes de Egipto, Abdel Fatah Al Sisi, y de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, en Amman. Ya no había dudas que la Casa Blanca debía conocer a los responsables del asesinato masivo en el hospital Al-Ahli.

Antes de aterrizar en el aeropuerto Ben Gurion, Biden tenía información del Pentágono que aseguraba que el misil había sido lanzado por la Yihad Islámica, una organización terrorista controlada Irán. Ese dato clave excluía a Israel y permitía al Presidente de los Estados Unidos respaldar sin ninguna duda a Netanyahu y a su plan de desembarcar en Gaza para exterminar a Hamas.
Durante la reunión a solas, Biden adelantó a Netanyahu los datos clasificados que tenía en su poder y su anfitrión aportó información secreta que había sido obtenida por la Fuerza de Defensa de Israel (FDI). En ese momento, mediodía en Tel Aviv, el líder demócrata ya tenía dos evidencias que exhibían la responsabilidad criminal de la Yihad Islámica y el régimen fundamentalista de Teherán.
Pero el círculo se cerró totalmente cuando Tzahi Braverman, jefe de gabinete de Netanyahu, accedió a un video exclusivo del Canal 12 de Israel. Ese video fue grabado por una cámara propia del medio y demuestra -sin ninguna duda- que el estado israelí no tuvo nada que ver con el asesinato de las personas que murieron en el hospital palestino que controla Hamas.
Braverman mostró el video a Netanyahu en un celular, y el premier israelí acercó las imágenes al staff de inteligencia que trabaja al lado de Biden. Minutos después, el presidente señaló en público, y lo reiteró en privado, que Israel estaba al margen de la tragedia que causó la Yihad Islámica en el norte de Gaza.
Este es el vídeo que Braverman mostró a Netanyahu y que una copia fue entregada al Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Esta evidencia fue clave para ratificar el apoyo político de Washington a Tel Aviv.
Cuando Biden y Netanyahu terminaron de abordar el crimen de guerra cometido por la Yihad Islámica, ambos jefes de Estado avanzaron sobre el plan de invasión a Gaza para exterminar a la organización terrorista Hamas. Biden planteó que antes de iniciar las operaciones formales en el terreno, se debía garantizar la vida de todos los refugiados palestinos que intentan escapar de la Franja. Y Netanyahu estuvo de acuerdo.
Ahora inició una silenciosa negociación con Egipto para que abra un corredor humanitario al norte de Gaza, e Israel se comprometió a restablecer el agua y la electricidad en la Franja para facilitar la evacuación de los refugiados. Netanyahu sabe que Hamas se queda con el agua y limita el uso de la electricidad de los palestinos que intentan huir de una guerra inevitable, pero asumió su palabra con Biden durante las cuatro horas que estuvieron juntos en Tel Aviv.
El lento proceso de evacuación desde el norte al sur de Gaza beneficia la estrategia de defensa de la organización terrorista, mientras Hezbollah -otro brazo armado de Irán- continúa hostigando a este país en la frontera con el Líbano. Desde que llegó Biden a Tel Aviv hasta que partió rumbo a DC, Hezbollah lanzó 30 misiles a los pequeños pueblos israelíes que se ubican a pocos kilómetros del Líbano.

La fecha posible de la guerra total de Israel contra Hamas es un secreto de estado. Pero hay un dato futuro que puede revelar que la invasión a Gaza es inminente: cuando Biden y Netanyahu anuncien que la evacuación humanitaria en la Franja ha concluido.
En ese preciso momento, Medio Oriente será el centro del planeta.
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