
Las acciones más espectaculares de las últimas semanas en la guerra lanzada por Rusia al invadir Ucrania se trasladaron a las aguas del Mar Negro. Drones con explosivos que impactan en cruceros rusos, bloqueo naval ruso a los barcos ucranianos que intentan salir con los granos que alimentan a buena parte del mundo, ataques a ciudades costeras estratégicas y misiles contra los puentes que conectan Crimea con Ucrania y con Rusia. Y la extensión del conflicto a esta zona naval hace que involucre a nuevos actores como Rumania y Turquía.
Lejos del frente en Zaporizhzhia o de los bombardeos en Kiev, el Mar Negro estuvo relativamente en calma durante el primer año de guerra. Cuando se produjo la invasión rusa de febrero de 2022 parecía que uno de los objetivos de las fuerzas del Kremlin era tomar la estratégica ciudad de Odessa, la perla del Mar Negro, pero después de un emblemático incidente en una isla cercana al antiguo puerto griego la lucha se centró en el Donbás, la región industrial de la frontera ruso-ucraniana. El resto, fueron ataques esporádicos a los puentes que unen el territorio ruso con la península de Crimea y que sirven como línea de abastecimiento rusa.
Pero ahora es diferente. En las últimas semanas, los buques de guerra rusos patrullan el Mar Negro, lanzando misiles contra las ciudades ucranianas y creando un bloqueo de facto, amenazando a cualquier buque que intente romperlo. Los nuevos drones marítimos ucranianos responden sigilosamente impactando con explosivos en puertos y buques rusos. Por el aire, los aviones de vigilancia y los drones de la OTAN sobrevuelan las aguas internacionales, recopilando información de inteligencia que transmiten a Kiev para los contraataques. Un escenario muy peligroso que enfrenta directamente a Rusia con tres países costeros miembros de la OTAN: Rumania, Bulgaria y Turquía.

La tensión creció hace tres semanas cuando Rusia anunció que suspendía el acuerdo que permite exportar granos desde Ucrania a países de África, Oriente Medio y Asia. Tanto Rusia como Ucrania son importantes productores de trigo, cebada, aceite de girasol y otros alimentos de bajo costo de los que dependen varias naciones donde el hambre es una creciente amenaza. Con la mediación de las Naciones Unidas y Turquía se había logrado seis meses antes este pacto para permitir que los alimentos pudieran ser exportados.
“El Mar Negro es ahora una zona de conflicto, una zona de guerra tan relevante para Rusia y la OTAN como lo fue hasta ahora Ucrania occidental”, escribió en el New York Times, Ivo Daalder, director del Chicago Council on Global Affairs. “Hay peligro de que en los próximos meses se pueda convertir en un nuevo frente de guerra decisivo para el momento en que ambos contendientes se tengan que sentar en una mesa de negociaciones”.
Rusia considera que el Mar Negro es su proyección natural hacia la cuenca del Mediterráneo, la salida para sus hidrocarburos desde el puerto de Novorossiisk, su cabeza de puente para Siria y el resto de Medio Oriente y su vía de influencia hacia los Balcanes, los estratégicos estrechos del Bósforo y los Dardanelos controlados por Turquía. Desde el puerto de Sebastopol, en la Crimea ocupada desde 2014, opera con su base en Siria y sus aspiraciones sobre Libia, Egipto, Chipre e incluso Turquía, que miembro de la OTAN desde 1952.

El primer gran paso se dio en 1783, cuando Catalina la Grande se anexionó la península de Crimea, en manos otomanas hasta entonces, y comenzó a levantar una serie de ciudades en la región. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética dominaba el mar Negro, se lo conocía entonces como “el lago ruso”. La caída de la URSS y la expansión de la OTAN a Rumanía y Bulgaria, antiguos miembros del Pacto de Varsovia soviético, trajo al Mar Negro un mayor interés occidental y reforzó el papel turco en la región, en especial como plataforma hacia el Asia Central y los ricos recursos energéticos del Mar Caspio, al otro lado del Cáucaso.
Apenas unas horas después de lanzar la invasión a gran escala el año pasado, las fuerzas rusas dispararon un misil que alcanzó el buque comercial Yasa Jupiter, que enarbolaba la bandera de las Islas Marshall. Otros dos buques civiles fueron alcanzados en ataques a puertos ucranianos al día siguiente. Desde entonces, Moscú ocupa tres importantes puertos ucranianos Mariupol, Berdyansk y Genichesk, minó las aguas en una extensión enorme e impuso un bloqueo de facto a la navegación civil desde y hacia todos los puertos controlados por Ucrania. Mariúpol, que conquistó después de meses de una heroica resistencia ucraniana, es el gran puerto de ese país sobre el Mar de Azov, conectado con el Negro a través del estrecho de Kerch, que recibía al año más de 2.500 buques y movía 17 millones de toneladas de carga.
Al romper el acuerdo para la exportación de granos, la fuerza naval rusa atacó otros puertos mas pequeños, pero de importancia para la salida de los cereales sobre la desembocadura del río Danubio, a unos cientos de metros del territorio de Rumania. Fue cuando las fuerzas ucranianas mostraron la carta que tenían hasta ese entonces oculta de los drones marítimos que atacaron en dos días consecutivos a buques rusos. Y anunció que a partir de ese momento seis puertos rusos eran considerados “zonas de riesgo de guerra”. “Debemos defender nuestra propia costa empezando por la costa del enemigo”, había dicho irónicamente el comandante de la marina ucraniana, el contralmirante Oleksiy Neizhpapa.

Más del 3% del petróleo y sus derivados producidos en el planeta circula por el Mar Negro. Históricamente, unos 750.000 barriles de crudo ruso, o el 20% de sus exportaciones de crudo, salen del Mar Negro, aunque el país ha reducido esos envíos a entre 400.000 y 575.000 barriles diarios, según las empresas de seguimiento de petroleros, ya que Rusia trata de sostener los precios con su socio productor Arabia Saudita. David Goldwyn, ex funcionario del Departamento de Estado responsable de asuntos energéticos, afirmó en una entrevista con la NBC que los precios del petróleo podrían subir entre 10 y 15 dólares el barril si se desplazan las exportaciones rusas del Mar Negro. El petróleo cotiza ahora a unos 85 dólares el barril, manteniéndose estable incluso después de que Ucrania atacara al petrolero ruso la semana pasada.
Al principio de la guerra, los funcionarios de la administración Biden habían expresado sus reservas sobre la posibilidad de que Ucrania atacara objetivos o llevara a cabo sabotajes dentro de Rusia, incluidos sus puertos del Mar Negro, temiendo que tales ataques no hicieran sino aumentar las tensiones y exacerbar las reacciones de Vladimir Putin. Sin embargo, los aviones de la OTAN sobrevuelan permanentemente el Mar Negro recopilando información sobre los movimientos de las fuerzas rusas que pasan en tiempo real al comando ucraniano. En marzo, en el único contacto físico conocido entre los ejércitos ruso y estadounidense durante esta guerra, un avión de combate ruso impactó contra un dron de vigilancia estadounidense, haciendo que sus operadores lo derribaran en aguas internacionales.
La posición de Washington se fue flexibilizando en los últimos tres meses y eso ayudó a que el frente de guerra se trasladara hacia la zona marítima del Mar Negro. Ahora habrá que ver si termina suministrando a Kiev las armas que no tienen sus fuerzas navales. Es probable que eso se determine si la contraofensiva iniciada en junio finalmente da resultado y Ucrania tiene la posibilidad no sólo de derrotar a los rusos en el Donbás sino que también intenta recuperar la estratégica península de Crimea y, con ello, el dominio de la salida del Mar Negro.
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