
El papa Francisco aseguró hoy que en la iglesia “hay lugar para todos” pero lamentó las “muchas resistencias interiores” y la pereza que le impiden “ponerse en marcha”, durante la misa por la fiesta de San Pedro y San Pablo.
El pontífice, en la basílica vaticana, defendió su idea de “una iglesia libre y humilde que se alza deprisa, no se queda atrás ante los retos de la actualidad ni permanece en los recintos sagrados” sino que se mueve “por el deseo de llegar y acoger a todos”.
“No olvidemos esta palabra, todos, acudan a las calles y lleven a todos. A ciegos, sordos, cojos, enfermos, justos, pecadores, a todos, todos. Esta palabra del señor debe resonar en la mente y en el corazón, todos. En la iglesia hay lugar para todos”, defendió.
Y agregó: “Muchas veces somos una iglesia de puertas abiertas, pero para despedir y condenar a gente”.

Francisco, en todo momento sentado por sus problemas de rodilla, presidió este miércoles la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, patrones de Roma, y en la ceremonia participaron los arzobispos nombrados en el último año.
En la liturgia, como dicta la tradición, el papa bendijo los palios que llevarán los nuevos obispos, unas estolas de lana blancas con seis cruces de seda negra que se ponen sobre el pecho y hombros.
Ante los prelados, y cientos de fieles, Francisco volvió a avisar de una “perversión” que afecta a la iglesia, el “clericalismo”, la vivencia del clero como si fuera una élite. “El ministro que adopta una actitud clerical ha tomado un camino equivocado”, advirtió.
Francisco lamentó que todavía se experimentan “muchas resistencias interiores que -dijo- no nos permiten ponernos en marcha”.

“A veces, como iglesia, nos abruma la pereza y preferimos quedarnos sentados a contemplar las pocas cosas seguras que poseemos, en lugar de levantarnos para dirigir nuestra mirada hacia nuevos horizontes, hacia el mar abierto”, denunció.
Es decir, que la iglesia de Roma a veces “se asusta por los cambios y se ata a la cadena de sus tradiciones” pero eso, señaló Francisco, termina por “deslizarla hacia la mediocridad espiritual”.
El papa, de 85 años, no entró en la basílica de San Pedro en procesión como el resto de obispos y curiales sino que esperó sentado al lado del Altar de la Confesión, al que llegó caminando ayudándose de un bastón, pero no en silla de ruedas.
Únicamente presidió la primera parte de la liturgia de San Pedro y San Pablo, hasta la bendición de los palios y la lectura de su homilía, mientras que la segunda parte eucarística fue presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re.
(Con información de EFE)
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