
La invasión rusa a Ucrania está próxima a cumplir tres meses y, aunque la intensidad de los bombardeos se ha reducido (en algunas zonas), un acuerdo de paz no parece cercano. Ambas partes reconocen que no hay diálogo en curso y que no aceptarían las pretensiones que se lanzan desde el otro lado de la mesa. ¿Cómo puede terminar el conflicto?
Las esperanzas de facilitar una salida a Rusia no tienen mayor sustento si a lo que se apunta es tener un acuerdo duradero que otorgue estabilidad. Eso es lo que explica la investigadora estaodunidense Anne Applebaum, autora del libro El ocaso de la democracia: La seducción del autoritarismo (2020) y experta en temas de Europa del Este.
En una columna para The Atlantic, Applebaum señaló que la esperanza en la posibilidad de un acuerdo se basa en tres suposiciones erradas.
La primera es que Rusia quiere salir de Ucrania antes de sufrir una derrota. Si bien la campaña ha sufrido numerosos reveses, miles de bajas y arroja muestras de incompetencia, el reagrupamiento en el sureste de Ucrania mantiene una superioridad sobre sus rivales, a los que sigue desgastando. En paralelo, frente a la catarata de sanciones, la recesión es menos grave que la que sufre Kiev. Y con la opinión pública de su lado, más el aparato de propaganda, a Vladimir Putin no le importarían las bajas humanas y la prolongación de las atrocidades mientras termine de agotarse el ejército ucraniano.
La segunda suposición tachada por Applebaum es que un tratado o acuerdo sería respetado por Rusia. “La deshonestidad descarada es ahora una parte normal de la política exterior rusa, así como de la propaganda interna”, señaló la autora, quien recordó cómo el Kremlin negaba a inicios de año que esté preparando una guerra, y de la misma forma, no se deberían creen las eventuales promesas sobre la mesa de negociación. Así, cualquier territorio que se pudiese ceder a la Federación Rusa a cambio del retiro de tropas sería foco de crímenes. Según analizó, las poblaciones en zonas entregadas en contra de su voluntad serían víctimas de detenciones y violaciones a una escala sin precedentes, mientras que otras zonas no anexadas seguirían siendo un objetivo de conquista.
Por último, el tercer supuesto indica que Ucrania podría lograr un acuerdo con concesiones y con el aval de la población, lo que daría un mensaje que Rusia puede invadir, secuestrar, asesinar y conseguir ganancias. “¿Qué presidente o primer ministro ucraniano puede aceptar ese trato y esperar seguir en el cargo?”, se preguntó Applebaum, sugiriendo que cualquier líder que acepte un acuerdo de ese tipo sería destituido o forzado a renunciar. Además, las posibles zonas entregadas serían constantemente focos de violencia e insurgencia, al no aceptar a las nuevas autoridades. “Ceder ahora territorio para un acuerdo no hará más que provocar otro conflicto más adelante. El fin de un tipo de violencia llevará a otro tipo de violencia”, destacó.
¿Cuál podría ser, entonces, el camino a seguir?
Para Applebaum, la coalición de Occidente no debería aspirar a ofrecer a Putin una salida, sino buscar una derrota humillante del presidente ruso. No bastaría con que retire las tropas. “Tiene que concluir que la guerra fue un terrible error, uno que nunca puede repetirse. Más aún, la gente que le rodea -los líderes del ejército, los servicios de seguridad, la comunidad empresarial- tiene que concluir exactamente lo mismo. La opinión pública rusa también debe llegar a esa conclusión”, sostuvo.

Esta derrota sería tendría que ser principalmente militar, con un aumento de la ayuda de Washington que permita recuperar el territorio ocupado. Pero también económica, con un embargo que deje sin ingresos a Rusia. Las sanciones, además, tendría que ser no solo para un puñado de oligarcas, sino para toda la clase política. En ese sentido, Applebaum sugirió usar la lista de de 6.000 “sobornadores y belicistas” (políticos y burócratas) elaborada por la agrupación del opositor Alexei Navalny.
No es una vía sencilla ni pacífica. La derrota rusa se conseguiría con pérdidas de miles de vidas más. Pero para Applebaum, es el único camino. “Cualquier alto el fuego que permita a Putin experimentar cualquier tipo de victoria será intrínsecamente inestable, porque le animará a volver a intentarlo. La victoria en Crimea no satisfizo al Kremlin. La victoria en Kherson tampoco satisfará al Kremlin”, advirtió.
Pero una humillación militar no solo alteraría el futuro de Ucrania, también el de rusia. “Podría crear una verdadera apertura para el autoexamen nacional o para un cambio importante, como tantas veces ha ocurrido en el pasado de Rusia. Sólo el fracaso puede persuadir a los propios rusos para que se cuestionen el sentido y el propósito de una ideología colonial que ha empobrecido y arruinado repetidamente su propia economía y sociedad, así como las de sus vecinos, durante décadas”, analizó la autora.
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