
Lo llaman “coma inducido”. Y los célebres economistas Abhijit Banerjee y Esther Duflo parecen estar en lo cierto. La economía global se encuentra paralizada producto de las medidas de confinamiento que adoptaron la mayoría de los países del mundo para hacer frente a la pandemia de coronavirus nacida en Wuhan, China, en noviembre pasado y que ya provocó en pocos meses más de 5 millones y medio de contagios y 350 mil muertos.
En una columna publicada por la revista The Economist, los laureados académicos dieron sus proyecciones sobre qué podría pasar con la economía una vez que los brotes desaparezcan y retorne la normalidad... cualquiera sea lo que ella signifique a partir de entonces. “Con la mayor parte de la economía mundial en un coma inducido, es fácil pensar que se verá obstaculizada permanentemente por la crisis de la COVID-19. Sin embargo, la historia sugiere que si se encuentra una vacuna o un tratamiento, hay una buena posibilidad de que el mundo vuelva a donde estaba, siempre que se apliquen políticas económicas y de salud pública”, comenzaron el escrito.
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Para apoyar su hipótesis, ambos hicieron una comparación con el gran conflicto bélico que sacudió a Europa hace 80 años. “La velocidad con la que Alemania, Japón, Gran Bretaña y Francia se recuperaron después de la Segunda Guerra Mundial es un testimonio de la tendencia de las economías de mercado a volver a su rendimiento anterior cuando se restablezca la normalidad”, explicaron Banerjee y Duflo. Y continuaron: “En Japón, los bombardeos aéreos destruyeron 66 ciudades principales casi por completo y mataron a unas 350.000 personas. Sin embargo, en 15 años las ciudades se habían recuperado por completo. Cuanto peor fueron golpeadas, más rápido volvieron a sus niveles anteriores a la guerra. Algo similar sucedió en Alemania”.
Los autores también recuerdan el caso de la contienda entre los Estados Unidos y Vietnam, entre los años 60 y 70: “Este repunte no es solo una característica de las economías avanzadas”, aclaran. “Durante la guerra de Vietnam, el país fue sometido a la campaña de bombardeos más intensa de la historia, a un costo humano y económico masivo. Y una vez más, para el año 2000, no había diferencia en pobreza, infraestructura o capital físico y humano entre las áreas que fueron bombardeadas y las que no”.
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“Para los economistas, esta rápida convergencia regional es el mejor ejemplo de la lógica del capitalismo. Las cualidades fundamentales que hicieron un área atractiva en primer lugar todavía están allí: un río, una ubicación central, una larga historia, un buen sistema educativo y similares. Las empresas querrán invertir, la gente querrá regresar y cuanto más dañada esté una ciudad, más rápida será su recuperación. Una pandemia es algo similar a los bombardeos durante una guerra, ya que la nivelación de la economía es causada principalmente por fuerzas externas. Entonces podemos esperar que ocurra algo similar. Por supuesto, si una vacuna o tratamiento no aparece en el futuro cercano, entonces las cosas serán considerablemente más complicadas, ya que será necesario repensar la forma en que opera cada negocio”, dicen Banerjee y Duflo.
Los académicos del Massachusetts Institute of Technology -premios Nobel de Economía 2019 junto con Michael Kremer, de la Universidad de Harvard- prosiguieron con su análisis: “Vale la pena recordar que la convergencia económica que prevaleció después de la Segunda Guerra Mundial no ocurrió sin la intervención del Gobierno. En Europa, el Plan Marshall trajo la muy necesaria financiación estadounidense. El Vietnam de la posguerra era una economía altamente centralizada que podía dirigir fondos a donde quisiera con facilidad y rapidez”.
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“Otra característica es que estos países emergieron del conflicto con Gobiernos fuertes que gozaban de una buena cantidad de legitimidad (aunque con sistemas políticos muy diferentes). Finalmente, y de manera relevante, la mayoría de estos países tenían muy poca desigualdad, lo que seguramente contribuyó al sentido de una empresa conjunta. Probablemente no sea accidental que en países donde las instituciones y la economía colapsaron en tiempos de guerra, como la República Democrática del Congo, Somalia y Afganistán, no hubo un repunte cuando terminaron los conflictos. En cambio, los países se sumieron en un mayor caos”, advirtieron Banerjee y Duflo.
“El mayor peligro, por lo tanto, es que la combinación de una crisis de salud pública en la que mueren muchas personas y una crisis económica que resulte de los confinamientos socavará la legitimidad del Estado y exacerbará los problemas preexistentes”, señalan. “Esto puede hacer que sea muy difícil volver a un equilibrio social más o menos estable. Este riesgo es probablemente más alto cuando el equilibrio social ya es frágil, por ejemplo, en gran parte del mundo en desarrollo”.
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Respecto a los países menos desarrollados y con problemas económicos preexistentes, Banerjee y Duflo indicaron: “Para preservar su futuro, es fundamental que el Estado en muchos de estos países vulnerables actúe para mantener su legitimidad idealmente reconstruirla. Esa es una tarea compleja, pero como mínimo implica organizar una respuesta competente a la crisis de COVID-19, incluida la gestión de sus implicaciones económicas. Existe un consenso general entre los expertos en salud pública y los economistas sobre lo que los países deben hacer. Primero, evitar un colapso del sistema de atención médica durante el pico de la epidemia. En segundo lugar, apoyar financieramente a los ciudadanos vulnerables a través de transferencias de efectivo incondicionales y casi universales, para que la cuarentena sea soportable (y factible). En tercer lugar, evaluar el virus de manera sistemática en suficientes personas para determinar cuándo y dónde es posible la reapertura”.
“Sin duda, esto va a costar mucho. En los países ricos, esto no debería ser un problema en absoluto, y el no hacerlo sería una herida autoinfligida. Pueden pedir prestado a muy bajo costo sin afectar su solvencia crediticia. Esperamos que los Gobiernos de Estados Unidos y Europa recuerden las lecciones de 2008 y no pidan un retorno a la ‘disciplina’ fiscal demasiado pronto. Sin embargo, los países pobres se preocupan por sus calificaciones crediticias si se considera que no tienen disciplina fiscal. Incluso la India, una gran economía de ingresos medios, está paralizada por el miedo a las consecuencias si se desvía del conservadurismo macroeconómico. En África, los países no pueden implementar las medidas necesarias a menos que reciban apoyo financiero y que sus deudas sean condonadas. Además, necesitarán fondos para pagar los medicamentos y las posibles vacunas”, escribieron.
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Finalmente, los Nobel concluyen: “Entonces estos países no se las arreglarán solos. Lo que el mundo necesita ahora es un Plan Marshall COVID-19 para los países pobres. Solo entonces tendremos la oportunidad de experimentar una recuperación posterior al coronavirus que se parecerá más a los ‘treinta años gloriosos’ que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, a la Gran Depresión y antes de eso, la última gran pandemia”.
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