El 23 de diciembre el mundo se sorprendía. La agencia de noticias Reuters informaba que por orden directa del Ayatollah Khamenei, su Fuerza Revolucionaria Islámica había asesinado a 1.500 manifestantes desde el inicio de las protestas en Teherán y en el resto de las ciudades del país. “Hagan lo que sea necesario”, fue su indicación. Así lo hicieron, sin distinguir si frente a sí tenían mujeres o niños. De hecho, 400 de ellas fueron aplastadas durante las marchas, sin compasión alguna.
Las manifestaciones comenzaron luego de que el régimen iraní anunciara un descomunal aumento de los combustibles. El 15 de noviembre, las calles de todo el país experimentaron la masiva salida ciudadana para quejarse por la realidad de la nación. Khamenei fue terminante para impedir que el malestar se expandiera: mandó a reprimir con balas a las multitudes e interrumpir las señales de internet para que el mundo no conociera la masacre que allí estaba desarrollándose.
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Esa orden, confirmada por tres fuentes cercanas al círculo íntimo del líder supremo y un cuarto funcionario, puso en marcha la más sangrienta represión contra los manifestantes desde la Revolución Islámica en 1979. Unas 1.500 personas murieron durante menos de dos semanas de disturbios que empezaron el 15 de noviembre. El número de víctimas, proporcionado a la agencia norteamericana por tres funcionarios del ministerio del interior iraní, incluía al menos 17 adolescentes y unas 400 mujeres, así como algunos miembros de las fuerzas de seguridad y la policía.
Pero hoy, la cadena de noticias Irán International, logró publicar un video en el que muestra cómo miembros de esa fuerza policial rodean a un sujeto, lo golpean ferozmente con sus bastones -uno de ellos lo toma de forma invertida para provocar más dolor en la víctima- e incluso le suministran shock eléctricos con picanas para paralizarlo definitivamente. Una vez reducido, lo dejan en soledad recostado sobre un automóvil y siguen su curso.
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De acuerdo a la publicación, el video fue grabado el pasado 5 de enero, antes incluso que estallaran las marchas por el derribo del avión de Ukraine International Airlines por parte de las fuerzas iraníes, donde murieron 176 personas. La mayoría de las víctimas eran iraníes. La población se indignó con las mentiras del régimen, que desde conocida la noticia intentó cubrir el desastroso error diciendo que se había tratado de un problema técnico del Boeing 737. Sin embargo, las sospechas comenzaron a crecer cuando se supo que Teherán no quería compartir el contenido de las cajas negras con los técnicos de la compañía constructora ni con autoridades de otros países.
Al conocerse la admisión, las protestas estallaron en todo el país. Todavía no se conoce el número de víctimas por la nueva represión.
Las protestas
Las cifras proporcionadas a Reuters, dijeron dos de los funcionarios iraníes que las proporcionaron, se basan en información recogida de las fuerzas de seguridad, morgues, hospitales y oficinas del forense. La oficina del portavoz del gobierno se negó a comentar si las órdenes procedían de Khamenei y sobre la reunión del 17 de noviembre. La misión de Irán ante las Naciones Unidas no respondió a la solicitud de comentarios para esta historia.
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Lo que comenzó como protestas dispersas por un sorpresivo aumento en el precio de la gasolina se extendió rápidamente a uno de los mayores desafíos para los gobernantes clericales de Irán desde la Revolución Islámica de 1979.
Para el 17 de noviembre, el segundo día, los disturbios habían llegado a la capital, Teherán, y la gente pedía que se pusiera fin a la República Islámica y la caída de sus líderes. Los manifestantes quemaron fotos de Khamenei y pidieron el regreso de Reza Pahlavi, el hijo exiliado del derrocado sha de Irán, según los videos publicados en los medios sociales y los testigos presenciales.
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Esa noche, en su residencia oficial en un recinto fortificado en el centro de Teherán, Khamenei se reunió con altos funcionarios, incluidos los ayudantes de seguridad, el presidente Rouhani y miembros de su gabinete.

En la reunión, descrita a Reuters por las tres fuentes cercanas a su círculo íntimo, el líder de 80 años, que tiene la última palabra sobre todos los asuntos de estado en el país, levantó su voz y expresó críticas sobre el manejo de los disturbios. También se enfureció por la quema de su imagen y la destrucción de una estatua del difunto fundador de la república, el ayatolá Ruhollah Khmeini.
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“La República Islámica está en peligro. Haga lo que sea necesario para ponerle fin. Tienen mi orden”, dijo el líder supremo al grupo, según una de las fuentes.
Khamenei dijo que haría responsables a los funcionarios reunidos de las consecuencias de las protestas si no las detenían inmediatamente. Los que asistieron a la reunión estuvieron de acuerdo en que los manifestantes tenían como objetivo derribar el régimen. “Los enemigos querían derrocar a la República Islámica y se necesitaba una reacción inmediata”, dijo una de las fuentes.
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El cuarto funcionario, que fue informado sobre la reunión del 17 de noviembre, añadió que Khamenei dejó claro que las manifestaciones requerían una respuesta enérgica. “Nuestro Imán sólo responde a Dios”, dijo el funcionario, refiriéndose a Khamenei. “Él se preocupa por el pueblo y la Revolución. Fue muy firme y dijo que esos alborotadores deben ser aplastados”.
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