
El tercer hijo de la reina Isabel, aquel que fuera catalogado como héroe en la Guerra de las Malvinas en 1982, es quien más dolores de cabeza está trayendo a la casa real. Se trata de Andrés, duque de York, 59 años, cuyos vínculos con el financista Jeffrey Epstein salieron a la luz luego de la muerte del multimillonario el pasado 10 de agosto, quien estaba en prisión condenado por pedofilia y trata de personas.
Desde entonces, Andrés pretendió dejar oculta su estrechísima relación con el magnate norteamericano. Sin embargo, las pruebas fueron concluyentes: el miembro de la monarquía inglesa habría participado de sus fiestas y orgías, algunas de ellas con menores. Al estallar el escándalo, el príncipe fue señalado como el responsable de tocar el pecho de una niña y cometer otros actos contra al menos dos víctimas en la mansión de Epstein en Manhattan, uno de los puntos donde se cometían los crímenes.
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El otro lugar de reunión era la propiedad que el prolífico hombre de negocios poseía en Florida, decorada en alguno de sus ambientes con fotografías de adolescentes desnudas.
La muerte de Epstein -investigada como supuesto suicidio- ocurrió luego de que el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Segundo Circuito ordenara liberar las 2.000 páginas de documentos con las declaraciones y pruebas contra el financista, que pertenecían a un caso paralelo cerrado contra Ghislaine Maxwell, que trabajó supuestamente como su “reclutadora” de mujeres menores. Al ser revelado el documento, muchos nombres comenzaron a circular. Allí apareció por primera vez el de Andrés. Las luces se encendieron en el Palacio de Buckingham.
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Al conocerse detalles de su participación en las mansiones del sexo, el Duque admitió sentirse arrepentido por haber mantenido su amistad con Epstein después de que fuera declarado culpable de delitos sexuales: “Me quedé con él y eso es ... eso es ... que, por así decirlo, me pateo a diario porque eso no es algo digno de un miembro de la familia real, y tratamos de mantener los más altos estándares y prácticas”, declaró el príncipe en una entrevista ofrecida a la BBC el pasado sábado.
No obstante, el hermano del príncipe Carlos negó haber conocido a Virginia Giuffre -una de las víctimas- quien alegó haber sido forzada por el propio Epstein para tener relaciones sexuales con Andrés. Giuffre narró que el presunto encuentro tuvo lugar cuando Epstein la llevó a Londres en su avión privado con tan solo 17 años de edad.
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—Ella dice que lo conoció en 2001, dice que cenó con usted, que bailó con usted en el centro nocturno Tramp en Londres. Luego tuvo relaciones sexuales con usted en una casa en Belgravia, que le pertenece a Ghislaine Maxwell, su amiga. ¿Su respuesta? —preguntó Emily Maitlis, la entrevistadora.
—No tengo ningún recuerdo o memoria de haber conocido a esta dama, ninguno en absoluto —respondió Andrés.
Pero los cargos que atormentan al príncipe –y al resto de la familia– no cesan desde entonces. Su amistad y las gravísimas acusaciones en su contra provocaron que la prensa inglesa pusiera una lupa aún mayor para este “héroe”, que supo mantenerse durante años bajo ese manto de guerrero dedicado a la familia.
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Casado en primeras nupcias con Sarah Ferguson en 1986, son padres de las princesas Beatriz y Eugenia. Se divorciaron diez años después de contraer matrimonio, pero a pesar de las diferencias que los llevaron a vivir separados, han mantenido una excelente relación, aunque con algún contratiempo económico. Sin embargo, son muchos los que se preguntan cómo hace el menor de los tres hijos de Isabel para mantener el nivel de vida propio y el de su ex.

Vida de príncipe... y algo más
La deslumbrante vida de Epstein subyugó a Andrés. Se conocieron a principios de los 2000 y desde entonces forjaron una gran amistad. Autosuficiente, hecho multimillonario desde la nada misma, el norteamericano compartía con el príncipe sus helicópteros, jets, mansiones, cruceros... y, al parecer, hasta niñas menores de edad. En su mansión de Florida, donde se producían varias de las orgías que el financista organizaba, podían verse posters de adolescentes sin ropa, cuartos de masajes, juguetes sexuales... El príncipe asistió a esa casa en varias oportunidades.
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Como respuesta, el británico lo invitaba a participar de banquetes menos lujuriosos y delictivos, aunque atractivos desde el punto de vista social, algo fundamental para Epstein, un hombre acusado -por si fuera poco- de ser un gran lavador de dinero. Fiestas de cumpleaños en el Castillo de Windsor, jornadas de caza en Sandringham... era parte del círculo íntimo de la realeza británica. O al menos de parte de él.
Pero el mismo duque de York comenzó a tener un nivel de gasto inverosímil para sus ingresos. ¿De dónde provenían?

Como miembro de la familia real británica, Andrés percibe un ingreso anual de 250 mil libras, unos 320 mil dólares. Eso es lo que destina la reina Isabel para su tercer hijo. A eso habrá que sumarle otras 20 mil libras (25 mil dólares) producto de la pensión por ex miembro del Ejército de la Corona. Si bien 355 mil dólares no es una cifra para nada despreciable, por el contrario, no serían suficientes para cubrir sus cuantiosos gastos. A esto habrá que sumarle las sumas por representación alrededor del mundo, más la seguridad que le era destinada.
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Pero fue Epstein, de acuerdo con un artículo publicado por el diario DailyMail, quien le permitió a Andrés vivir como un verdadero aristócrata dispensador de dinero compulsivo. Sus jets, islas privadas y mansiones, estaban a su disposición. Al servicio de su majestad. Costo cero para la Corona. Incluso se cree que hacia comienzos de esta década también le dio vía libre de gastos. ¿Una chequera exclusiva para comprar lo que quisiera?
El multimillonario de Nueva York ya era un pedófilo para entonces, de acuerdo con las pruebas recogidas por la Justicia de esa ciudad. ¿Ya lo sabía Andrés? Las sospechas y evidencias no dejan bien parado al hijo de Isabel.
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El príncipe niega esta acusación. Durante todo ese tiempo, su “amigo” se encargaba de pagar incluso los incómodos “desarreglos” que mantenía con Ferguson, quien le reclamaba sumas de deudas millonarias y amenazaba acercarse a la prensa para hacer la vida de lujo de su ex marido un poco más miserable. Epstein se encargó de todo. Pero a diferencia del duque, Ferguson sí hizo un mea culpa cuando supo que quien había cancelado la deuda había sido un criminal condenado.

Según el DailyMail, durante sus años de amistad con Epstein, el Duque habría ganado gran parte de su dinero gracias a sus contactos y uniendo diferentes personajes del mundo financiero y político alrededor de todo el mundo. Pero los ingresos extras fueron siempre un secreto. Nadie supo oficialmente de cuánto eran las comisiones que pudo haber obtenido por sus servicios. Al parecer, jamás las reportó al fisco.
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En tanto, durante esos años de holgada vida, podía observarse a su fortuna crecer sin límites: reformas millonarias en su propiedad en Windsor Great Park con un costo de 9.600.000 dólares; su finca en Verbier, Suiza adquirida en 2014 de un valor de casi 17 millones de dólares. Allí pasa todos los años desde entonces la temporada de esquí. La mansión tiene todo lo que cualquier amante de la buena vida podría soñar. Incluso para alguien de la realeza, acostumbrado a tales comodidades.
A eso se le suman otros signos de (anti) austeridad: su Bentley verde último modelo y sus relojes de pulsera de diferentes marcas que van desde los 15 mil dólares hasta los 193 mil: Rolex, Cartier, Patek Philippe y hasta un Apple Watch de oro. Decenas de miles de libras... inexplicable con los 350 mil dólares anuales que conseguía del tesoro real.
De acuerdo con documentos obtenidos por el periodista Guy Adams, muchos de los negocios que supo construir a lo largo de los últimos años fueron gracias a su amistad con Epstein, pero a sus lazos con miembros de la oligarquía rusa y de otros magnates pertenecientes a países que fueron satélite de la desmembrada Unión Soviética. El duque se había convertido en un gran nexo entre Gobiernos y empresas para megaproyectos, aunque lo hacía en las sombras. Correos electrónicos a los que accedió el reportero indicaban que Andrés conseguía el uno por ciento en concepto de comisión de los contratos en disputa.
Ahora, el renovado dolor de cabeza de la Reina intenta tomar la iniciativa. Cree que además de afectar la imagen de la familia a la que tanto debe, podría afectar algo más: sus negocios y comisiones.
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