Por Craig Torres (Bloomberg)

Las empresas estadounidenses pueden haber estado convenciéndose de una desaceleración.

Esa es una forma de interpretar un estudio de Carlyle Group que utiliza técnicas de economía narrativa, un campo emergente que cobrará impulso con la publicación del muy esperado libro del premio Nobel Robert Shiller sobre el tema.

Robert Shiller durante una entrevista de Bloomberg Television en el cierre del World Economic Forum en Davos, Suiza, en enero pasado (Foto: Simon Dawson/Bloomberg)
Robert Shiller durante una entrevista de Bloomberg Television en el cierre del World Economic Forum en Davos, Suiza, en enero pasado (Foto: Simon Dawson/Bloomberg)

Los investigadores de Carlyle querían saber qué historias contaban las personas, en este caso, los ejecutivos corporativos, a otros, y tal vez a sí mismos, sobre la economía. Entonces usaron algoritmos para buscar en cientos de llamadas de ganancias, así como conversaciones con las 277 empresas en la cartera de Carlyle. Así, notaron un fuerte aumento en el uso del término "ciclo tardío" a fines de 2018 y en los primeros seis meses de este año.

"No había una realidad objetiva externa que pudiéramos ver en ese momento para decir 'estamos en un ciclo tardío'", asegura Jason Thomas, director de investigación de Carlyle. Pero "claramente había algo en el agua", asegura, impulsado por el calendario, el cual mostraba que la expansión de la economía estadounidense estaba a punto de convertirse en la más larga. Y, en el momento justo, "hemos visto una desaceleración en el gasto de capital".

'Observe las narrativas'

Parte de esa desaceleración probablemente fue inducida por las tensiones relacionadas con el comercio, aunque la mayor parte del estudio abarcó el periodo anterior a la intensificación de las hostilidades con China por parte del presidente Donald Trump a mediados de este año.

Los investigadores estaban buscaban algo más allá de los números, estimulados por la idea de que las creencias pueden dar forma a lo que la gente hace, y las narrativas dan forma a las creencias.

En la historia reciente de la economía, la teoría de las expectativas racionales trataba a las personas como si fueran una especie de calculadora, mientras que la economía del comportamiento intentaba profundizar en la psicología de la toma de decisiones. La economía narrativa va un paso más allá: pregunta cómo las redes sociales como Twitter –el megáfono favorito de Trump– están acelerando la difusión de las historias y su impacto en cómo actúan las personas.

Para los inversionistas, estas historias ofrecen nuevos datos. Shiller asegura que también es un área vital para el estudio académico.

"Para predecir mejor la actividad económica, necesitamos, entre otras cosas, observar las narrativas", dijo en su discurso presidencial de la Asociación Estadounidense de Economía de 2017.

Los banqueros centrales no pueden simplemente mirar. También necesitan promover sus propias narrativas, y cada vez es más difícil.

Los pronunciamientos del ex presidente de la Fed Alan Greenspan eran considerados la historia más autoritativa. Los mercados creían sus palabras, mientras que el Congreso lo invitaba a testificar sobre todo, desde la demografía mundial hasta la política energética. Pero algo sucedió con la credibilidad del banco central durante la crisis financiera. El público y los legisladores se volvieron más escépticos sobre su capacidad de mirar hacia el futuro.

En el simposio anual de la Fed de Kansas City en Jackson Hole, Wyoming, el mes pasado, los banqueros centrales discutieron los nuevos roles que tienen que desempeñar.

"Soy un chamán", dijo Stefan Ingves, gobernador del Riksbank de Suecia. "Soy meteorólogo, showman y economista". Pero sobre todo: "se espera que sea, y lo soy, un narrador de historias. Cuento historias sobre el futuro".

"Y si tengo éxito en mi narración", agregó, "la gente dice: 'hmm, eso es razonable"'.

Muchos bancos centrales –sin contar el Banco de Jamaica, que promueve su objetivo de inflación con música reggae– son de la vieja escuela cuando se trata de comunicaciones. Eso incluye a la Fed, que se espera que esta semana recorte su tasa de interés de referencia 25 puntos básicos por segunda vez consecutiva.

¿Mensaje recibido?

El presidente de la Fed, Jerome Powell, da sus conferencias desde un podio, con pedazos de papel para referencia y sin medios ilustrativos, a excepción de los pronósticos que se presentan cuatro veces al año. Cuando termina, los mercados analizan sus palabras –generalmente utilizando una o dos frases clave– y luego se van con su propia narrativa sobre lo que significan.

Los bancos centrales no siempre hacen un buen trabajo de seguimiento de cómo se recibe su mensaje en tiempo real. Pero eso es exactamente lo que están haciendo los inversionistas sofisticados, asegura Pedro Domingos, experto en procesamiento lingüístico impulsado por máquinas que dirige una unidad de investigación en el fondo de cobertura D.E. Shaw.

La inteligencia artificial puede tomar la "vorágine de información en las redes sociales" y convertirla en algo cuantitativo, explica Domingos. Dice que los bancos centrales necesitan profundizar en el juego de contar historias, porque "no se puede traer un cuchillo a un tiroteo".

"Las narrativas emergentes determinan las expectativas", asegura Domingos. "Y las expectativas determinan todo lo demás".

Se propagan

Esto puede ser crítico en Estados Unidos ahora. El desempleo es bajo, y los pronosticadores esperan que la economía siga creciendo durante al menos los próximos dos años. Sin embargo, más personas le preguntan a sus bolas de cristal favoritas –ya sea Google o la curva de rendimientos del Tesoro– si es probable una recesión.

Thomas, el economista del Grupo Carlyle, afirma que las narraciones son "miméticas". Una vez que alguien comienza a hacer una declaración, o una pregunta, se repite. Las computadoras pueden ver cómo se desarrolla el proceso en las redes sociales, e incluso rastrear quiénes son los primeros motores.

Shiller ha comparado el proceso con una epidemia. "Necesitamos incorporar el contagio de las narrativas en la teoría económica", escribe en el prólogo del nuevo libro. "De lo contrario, permanecemos ciegos ante un mecanismo muy real, muy palpable, muy importante para el cambio económico".