
Jane Barton es una médica retirada de 69 años que ha quedado envuelta en un escándalo en el Reino Unido luego de que una investigación la hallara responsable de causar la muerte de 456 pacientes al administrarles una dosis letal de poderosos analgésicos, según reportó la prensa local.
Graduada de la Universidad de Ofxord en 1972, Barton trabajó en el Hospital de Gosport, en el condado de Hampshire, entre 1988 y 2000, y desde hacía décadas había sospechas por sus polémicas prácticas en la administración de opiodes.
De hecho, ya en 2009 y 2010 dos paneles investigaron la muerte de 21 pacientes a su cargo y concluyeron que había cometido "serias faltas profesionales", tras lo cual decidió jubilarse.

Pero una pesquisa más profunda iniciada en 2014 por el gobierno británico y terminada este mes, cuatro años después, concluyó que Barton había provocado la muerte de 456 personas debido a su mal uso de analgésicos, especialmente en pacientes de edad avanzada.
Otros 200 casos podrían engrosar la lista negra de la "Doctora Opio", como llegó a conocerse a esta médica generalista.
En total se estudiaron las muertes de 833 personas cuyos certificados de defunción fueron firmados por la médica.
De acuerdo al informe, citado por The Sun, Barton mostró "desprecio por la vida humana" y una "cultura de acortar la vida" durante su tiempo en el hospital Gosport, aunque no por el momento no hay evidencia de que la doctora hubiera buscado deliberadamente matar.
Sin embargo el reporte claramente establece que Barton lideró una "práctica institucionalizada de acortar vidas", señaló The Telegraph.
A través de su "brusca e indiferente" conducta y su "intransigencia e incapacidad para reconocer los límites de su competencia profesional", la médica instruía a sus enfermeros a distribuir fuertes dosis de diamorfina, especialmente en pacientes de edad avanzada.

Las muertes durante su turno se acumulaban de tal manera que el pabellón del hospital comenzó a conocerse como "el final del camino".
En general, el código que los enfermeros recibían para administrar las dosis letales del analgésico era una nota línea corta escrita en las historias clínicas de los pacientes: "por favor dar comodidad".
De hecho, en numerosas ocasiones enfermeros alertaron sobre el abuso de diamorfina implementado por Barton en Gosport, pero ante la inacción de los reguladores y las represalias sufridas luego por los empleados, las denuncias se redujeron. No así las muertes.
En su defensa, Barton ha dicho que la presión que sufría en Gosport era "excesiva" y su esposo llegó incluso a justificarla alegando que ella sola estaba cargo de 48 camas.

Dado que el informe no ha logrado probar que Barton incurriera en conductas homicidas, se espera que no haya un juicio penal contra la "Doctora Opio" y que por el contrario se avance sobre el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, su cultura del silencio y sus prácticas en lo referido a pacientes en grave estado de salud.
Sin embargo los familiares de las víctimas están pidiendo una investigación aún más profunda que derive en un proceso penal contra Barton y los responsables del hospital.
Las víctimas
En su mayoría las personas fallecidas tenían una edad avanzada y sufrían de serios problemas de salud, aunque no todas eran pacientes terminales al momento de recibir la dosis letal.

Elsie Devine, de 88 años, se estaba recuperando de una infección en el riñón y se le administró diamorfina "como para noquear a un hombre violento de 1,80 de altura", indicó el informe. Murió poco después.
En cambio Leonard Graham, de 74 años, ingresó con un cuadro de neumonía y se estaba recuperando en Gosport. Pero luego pasó al cuidado de la doctora Barton y una enfermera le administró analgésicos, a pesar de que no sentía ningún dolor.
"Murió en cuestión de minutos", relató su esposa Dori a The Sun.
Un caso similar fue el de Robert Wilson, de 74 años, quien estaba recibiendo rehabilitación para un problema en el hombro. Un día Robert se quejó ante su hijo sobre la gran cantidad de drogas que le estaban suministrando, y murió 24 horas después.

El recuerdo de Harold Shipman, el mayor asesino serial de la historia
Lo cierto es que el caso revivió el recuerdo de Harold Shipman, el médico inglés condenado en 2000 por provocar la muerte de 218 personas entre 1975 y 1998 administrando también diamorfina, un poderoso analgésico derivado de la heroína que se utiliza en situacioones de dolor extremo.
Pero en el caso de Shipman la justicia pudo probar que las muertes eran deliberadamente buscadas para su beneficio propio, en ocasiones falsificando testamentos para quedarse con bienes de los asesinados.
El médico administraba las dosis letales, firmaba los certificados de defunción y luego falsificaba también las historias clínicas para inventar problemas de salud que pudieran explicar los decesos.
Por esta razón Shipman es a veces considerado como uno de los asesinos seriales más terribles de la historia, y él mismo terminó con su vida en 2004, ahorcándose en prisión.
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