Arriba: Stefan Löfven (Suecia), Angela Merkel (Alemania), Mark Rutte (Holanda), Justin Trudeau (Canadá) y Alexis Tsipras (Grecia). Abajo: Vladimir Putin (Rusia), Narendra Modi (India), Trần Đại Quang (Vietnam), Enrique Peña Nieto (México) y Muhammadu Buhari (Nigeria).
Arriba: Stefan Löfven (Suecia), Angela Merkel (Alemania), Mark Rutte (Holanda), Justin Trudeau (Canadá) y Alexis Tsipras (Grecia). Abajo: Vladimir Putin (Rusia), Narendra Modi (India), Trần Đại Quang (Vietnam), Enrique Peña Nieto (México) y Muhammadu Buhari (Nigeria).

La democracia representativa es la forma de gobierno más aceptada en el mundo. El 78% de las personas dice que es buena, contra un 17% que la considera mala, según una encuesta realizada por el Pew Research Center en 38 países de distintas regiones. La democracia directa tiene algo menos de apoyo: 66 a 30 por ciento. En cambio, los gobiernos militares caen a 24%, y los que son comandados por un líder fuerte, a 26 por ciento.

Sin embargo, hay otros datos que encienden algunas alarmas. Por más que es algo incompatible con los ideales democráticos, el 49% de los consultados vería con buenos ojos un gobierno de expertos no elegidos por la ciudadanía. En parte, esto puede explicarse porque, aunque la mayoría considere teóricamente buena a la democracia, el 52% no está satisfecho con su funcionamiento.

"Aunque la abrumadora mayoría de las personas diga que apoya la democracia, cuando uno indaga más profundamente sobre lo que esto significa para ellas, o cuando se les pregunta por principios e ideas específicas, se encuentra que muchas no son demócratas comprometidas como quisieran los filósofos políticos", explicó Pedro Magalhães, profesor del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, Portugal, consultado por Infobae.

Los resultados varían mucho de un país a otro. Los tres que tienen el nivel más alto de satisfacción con la democracia son completamente distintos entre sí: India, Suecia y Tanzania, con 79 por ciento. Luego vienen Alemania, con 73%, y Canadá, con 70 por ciento. En el extremo opuesto está México, donde apenas el 6% se manifiesta satisfecho. Casi en el mismo nivel está Líbano, con 8 por ciento. Apenas mejor están Chile (17%), Colombia (18%) y Grecia (21%).

Las realidades de estas naciones son muy diferentes. Es evidente que el funcionamiento de la democracia en Tanzania tiene poco que ver con el de Suecia, así como el de México está muy lejos del de Chile. Lo que este índice mide es lo contentos o enojados que están los ciudadanos según sus propios parámetros y expectativas.

Pero además de preguntar a los encuestados si la democracia es buena o mala, y de pedirles que indiquen su nivel de satisfacción, el Pew Research Center mide el grado de compromiso que tienen con ella. El centro de investigaciones considera que una persona es "demócrata comprometida" si, además de apoyar la elección popular de los gobernantes, rechaza cualquier otra forma de gobierno, como las autocracias o los regímenes de expertos. Si alguien puede evaluar positivamente dos de estas alternativas al mismo tiempo, es calificada como "poco comprometida". Los que directamente rechazan a la primera y prefieren algunas de las otras opciones son considerados "no democráticos".

Aunque la abrumadora mayoría diga que apoya la democracia, muchos no son los demócratas comprometidos que los filósofos políticos quisieran

El promedio global no es muy alentador: sólo el 23% está plenamente comprometido, el 47% lo está parcialmente y el 13% está en contra. "No creo que esto signifique que las democracias alrededor del mundo van a empezar a caerse o que estén amenazadas —dijo Magalhães—. Al menos no más que hace 20 años. Sólo significa que la democracia como nos gustaría entenderla, con derechos y libertades, competencia política abierta, Estado de derecho y sufragio universal, no es necesariamente un conjunto coherente de valores, instituciones y prácticas asentadas sin discusiones en la mente de la gente. También significa que los líderes que no son demócratas comprometidos no están exentos de desarrollar argumentos con los que movilizar a algunas personas, incluso en democracias consolidadas".

El país que lidera el ranking es Suecia, donde un 52% de los ciudadanos está comprometido. Lo siguen Alemania (48%), Holanda (47%), Canadá (44%) y Grecia (44%). Los primeros cuatro son de larga tradición democrática y tienen instituciones políticas muy sólidas. La presencia de Grecia puede ser más sorpresiva, ya que hasta 1975 estuvo gobernado por una junta militar, y su historia reciente está marcada por la inestabilidad política y la corrupción.

La nación en la que los ciudadanos están menos comprometidos con la democracia es Rusia, con apenas el 7% de los entrevistados en esa categoría. Muy cerca están India (8%), Vietnam (8%), México (9%) y Nigeria (11%). En cuatro de los cinco no hay sorpresas, porque tienen una escasa historia democrática. Tras la caída del régimen soviético, Rusia pasó a tener un régimen que en lo formal es republicano, pero que en la práctica tiene mucho de autocracia, sobre todo desde la llegada de Vladimir Putin al poder, en 1999. En Vietnam aún gobierna una dictadura encabezada por el Partido Comunista. Nigeria alterna desde hace tiempo entre gobiernos militares y civiles sumamente débiles, asolados por los conflictos armados internos.

"El apoyo a la democracia es resultado de la democracia —continuó Magalhães—. Sea cual sea la razón por la que un país se vuelve y permanece democrático, el compromiso de sus habitantes se profundiza con una experiencia continuada de alternancia pacífica en el poder".

El compromiso de los habitantes con la democracia se profundiza con una experiencia continuada de alternancia pacífica en el poder

El de México es un caso alarmante. Si bien hubo una larga transición democrática que terminó de concretarse con la derrota del PRI en 2000, que confirmó el pasaje a un sistema de elecciones competitivas que sigue vigente hasta hoy, se mantiene el influjo de una tradición autoritaria. Por otro lado, el arraigo del crimen organizado en gran parte del territorio impide que rija el Estado de derecho con plenitud. India es una excepción. Desde su independencia del Reino Unido, en 1947, y su conformación como república, en 1950, es un país democrático. Las causas del poco apego a este sistema político quizás haya que buscarlas en la supervivencia de formas de organización social a nivel territorial y comunitario que, en muchos sentidos, son contradictorias con los principios liberales.

Otra forma de ver cuán afianzada está la democracia entre los ciudadanos de un país es por la negativa, indagando por el apoyo a regímenes alternativos. Hay cuatro naciones en las que más de la mitad de la población cree que los gobiernos militares son buenos: Vietnam (70%), Indonesia (68%), India (53%) y Sudáfrica (52%). En otros lugares, estas proporciones están en un nivel mínimo. En Suecia y Alemania, sólo lo sostiene el 4% de las personas. En Grecia, Holanda y Corea del Sur, sube a 8 por ciento.

Lo que muchos más se muestran dispuestos a tolerar es un gobierno de expertos. Líbano está en un extremo, con un 70% de apoyo, seguido de Hungría (68%), Vietnam (67%) y Rusia (66%). Los países en los que menos gente considera buenos a estos regímenes son Grecia y Brasil, donde igualmente convencen a un nada despreciable 31% de los encuestados. En Túnez llegan al 36 por ciento, y en Jordania y Holanda, al 39 por ciento.

Ideología, educación y economía

La historia del siglo XX demuestra que las dictaduras pueden ser tanto de derecha como de izquierda. El nazismo y el stalinismo fueron ejemplos particularmente extremos de esto. Sin embargo, quienes se identifican con ideas asociadas a la derecha tienden a apoyar las autocracias en mayor medida que los que se asumen de izquierda. Esto se ve claramente en Corea del Sur y en Australia. En el primero, el 35% de las personas de derecha creen que los autoritarismos son buenos, contra un 15% de quienes están a la izquierda. En el segundo, la relación es de 28 a 8 por ciento.

Pero hay un caso en el que la tendencia es exactamente inversa. En Venezuela, donde el chavismo enterró la democracia y construyó un régimen autoritario en nombre del "socialismo del siglo XXI", apenas el 9% de los que se ubican en la derecha creen que las autocracias son buenas. En cambio, el 40% de los que son de izquierda las evalúan positivamente.

El apoyo a la democracia resulta de cambios culturales vinculados a la expansión de los recursos materiales y cognitivos

Las posiciones políticas de las personas no son azarosas. Hay distintas maneras de entender por qué algunos pueden sentirse más inclinados a apoyar gobierno democráticos, y por qué otros pueden preferir las dictaduras. El nivel educativo y la situación económica pueden ser buenos indicadores.

En casi todos los países se ve la misma tendencia: el apoyo a los gobiernos militares crece entre las personas con menos estudios. En algunos, la brecha supera los 20 puntos, pero en otros es mucho más chica. Un extremo es Perú, donde la aprobación de los gobiernos militares escala del 32% de los más educados al 55% de los menos educados. El salto es similar en Colombia, aunque con guarismos más bajos: del 23% pasa al 42 por ciento.

Este fenómeno se ve incluso en Estados Unidos. Como es esperable, en la democracia más antigua del mundo sólo el 7% de las personas con mayor nivel educativo podría aprobar un régimen militar. No obstante, cuando se indaga entre los de menores estudios, el apoyo alcanza al 24 por ciento. Una explicación posible es que recursos cognitivos y autonomía van de la mano. Cuanto más formado es un individuo, menos dispuesto está a someterse a un régimen en el que otros deciden por él, sin que pueda hacer nada para evitarlo.

"El apoyo a la democracia resulta también de cambios culturales vinculados a la expansión de los recursos materiales y cognitivos. Esto puede cambiar los valores de las personas, haciéndolas desear mayor emancipación y autonomía, y llevándolas a apoyar instituciones que se ajusten mejor a su idea de libertad de decisión", afirmó el politólogo portugués.

La economía también es muy importante para entender el grado de apoyo o rechazo que tiene una forma de gobierno. Quienes están en una buena posición tienden a sentirse más satisfechos con el funcionamiento de la democracia que aquellos que ven que bajo el régimen imperante no tienen garantizadas sus necesidades básicas. De la misma manera, aquellos que ven bien la situación económica del país tienen mayores probabilidades de mostrarse satisfechos que quienes la ven mal.

"Otra idea a tener en cuenta —dijo Magalhães— es que la gente suele apoyar a cualquier régimen que le ofrece prosperidad y un gobierno efectivo. Por eso, así como los daneses, los suecos y los alemanes están muy comprometidos con la democracia, los habitantes de Singapur apoyan un régimen no democrático como en el que viven".

Venezuela es, otra vez, un caso muy interesante. Entre los pocos que consideran que la economía nacional está bien, la satisfacción con la "democracia" tal como funciona en el país asciende al 72 por ciento. Por el contrario, para la mayoría que considera que la situación es crítica, la satisfacción cae al 14 por ciento.

Esa brecha es mucho menos importante en México. Lo que podría ser entendido como algo positivo es en realidad muy preocupante. Entre las personas para las cuales la situación económica es mala, apenas el 3% está satisfecho con la democracia. Pero entre los que ven bien a la situación económica, los satisfechos son solamente el 12 por ciento. Lo que revelan estos datos es que el desencanto con la democracia es tan profundo y generalizado que ni siquiera la defienden aquellos que prosperan con ella.

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