
Una serie de imágenes de una niña siria en un severo estado de desnutrición reveladas el lunes por la agencia AFP ha puesto el foco una vez más en los horrores que afectan al país, envuelto en una guerra civil desde el 2011 que ha costado más de 300.000 vidas, según estimaciones de organismos de Derechos Humanos.
Las fotos muestran a Sahar Dofdaa, de apenas un año de edad y con un peso menor a dos kilos, con la piel traslucida y mal alimentada mientras es tratada por los médicos en el pueblo de Hamouria, en las afueras de Damasco, que está controlado por fuerzas rebeldes opuestas al régimen del dictador Bashar al Assad.

Sahar no pudo resistir más y falleció el sábado. Su madre, como ella, estaba demasiado desnutrida y no podía amamantarla. Su padre no podía comprar la leche y suplementos que necesitaba para sobrevivir.
La ayuda humanitaria apenas llega a este enclave rebelde en la región de Ghouta oriental, rodeado por fuerzas gubernamentales que controlan cualquier egreso e ingreso de personas y materiales desde el 2013.

"Los suministros son muy escasos y si esto continúa más niños morirán", dijo un funcionario de los organismos de ayuda humanitaria, que prefirió mantener el anonimato, al periódico británico The Guardian.
Decenas de miles de civiles viven en Ghouta bajo el bloqueo del régimen. En tanto se calcula que en todo el país 3,5 millones de personas viven en ciudades asediadas o áreas de difícil acceso, la mayoría de las cuales están rodeadas por fuerzas del régimen de al Assad.

Las peleas internas entre los rebeldes y el acaparamiento de algunos mercaderes han contribuido a empeorar una situación ya en extremo difícil.
Yahya Abu Yahya, una médica en la zona, dijo a la AFP que de los 9.700 niños examinados en los últimos meses, 80 sufrían del caso más severo de desnutrición, 200 estaban de un nivel moderado y 4.000 tenían deficiencias nutricionales.

El este de Ghouta es una de las zonas de "desconflicto" creadas por Rusia y Turquía en las conversaciones de Astana para reducir la violencia en Siria, pero el régimen ha continuado con su asedio y generando condiciones de extremo sufrimiento para los civiles.
Funcionarios de organismos de Derechos Humanos aseguran que las familias han tenido que vender los suplementos dietarios que a veces reciben para poder comprar alimentos básicos como pan y azúcar, contribuyendo a los casos de desnutrición.

A modo de ejemplo, un kilogramo de azúcar cuesta en la zona unos 15 dólares, un precio extremadamente alto para los civiles que llevan cuatro años viviendo en condiciones brutales.
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