En una visita extraordinaria como embajador de buena voluntad a nombre de la familia real de Gran Bretaña, Felipe el duque de Edimburgo, visitó México en 1964, cuando fue recibido por el entonces presidente Adolfo López Mateos. Su esposa, la Reina Isabel II no lo acompañó.
Durante su primera visita oficial, en la reseña del viaje consideraron a la Ciudad de México como “una capital moderna inspiradora extremadamente bien planificada, que presenta al mundo occidental”.
Admiraron y reconocieron la exquisita arquitectura de la Catedral, ubicada en el corazón del centro, expresión de la religión católica, que tiene sus raíces en Europa.
Resaltaron que la Universidad Nacional Autónoma de México mantuviera la cultura del México antiguo con sus raíces prehispánicas y añadiera en conjunto la enseñanza de la ciencia moderna de la segunda mitad del siglo XX.
Se sorprendieron del bullicio de los mercados y el comercio de los cientos de personas viajaban a la capital desde las zonas rurales, y los contrastes que ello representaba.

Visitó las charreadas en las plazas de toros, donde las adelitas domaban los caballos mientras su caballos bailaban y los jinetes más experimentados hacían gala de su destreza al montar briosos corceles, además de lograr tirar a un toro al jalar la punta de su cola, incluso admiraron que los mexicanos fueran diestros con el lazo desde edades muy tempranas.
Incluso él mismo se vistió de charro con el característico traje, sombrero y dio un paseo a caballo por un valle de una hacienda al interior del país.

Visitó el palacio de Bellas Artes donde fue testigo de los bailes folclóricos más representativos de las diversas culturas del país.
Logró jugar un partido de polo a caballo y ver las carreras de autos del gran Prix.
Posteriormente, el príncipe Felipe visitó México en 1975 junto a la reina Isabel II en una gira que incluyó los estados de Veracruz, Quintana Roo, Oaxaca, Guanajuato y Ciudad de México, donde fueron recibidos por el entonces presidente Luis Echeverría y la primera dama, María Zuno.

Llegaron el domingo 23 de febrero, en medio de la lluvia, el viento, el frío y un fuerte oleaje debido a una tormenta originó la tempestad que impedía el arribo del yate real Britannia a Puerto Morelos, Quintana Roo, donde serían recibidos, sin embargo su recorrido fue de tres horas.
Posteriormente viajaron a la Ciudad de México el 24 de febrero, (Día de la bandera en México) donde fueron recibidos por un mosaico multicolor formado por ramos de flores y las vestimentas típicas de las mujeres mexicanas, acompañadas de música, flores, himnos, aplausos y cantos. La bienvenida que le dio el pueblo mexicano dejó impresionada a la reina.

“Creo que sólo en Nueva Delhi había visto a tanta gente en la calle”, dijo la reina Isabel sobre sus primeras horas en México.
El Zócalo lució imágenes de Charles Chaplin y Cantinflas, como parte del evento donde los personajes se abrazaban. Isabel II dijo durante su visita: “Los mexicanos son alegres. Me di cuenta por la forma festiva en que actuaban en las vallas, por la música y por el bullicio”.
Luego de su recorrido por la ciudad, la reina Isabel sostuvo una charla cordial con los periodistas que cubrirían su visita. A todos los saludó de mano, cuando se presentó ante ellos en un salón del hotel Camino Real, donde se hospedó.

La soberana estuvo en el país por seis días. De acuerdo con las crónicas publicadas de la época, la soberana habló de la contaminación ambiental (que el día de su llegada era muy densa en el centro de la ciudad): “El mismo problema lo hay en Gran Bretaña y se agudiza en la zona industrial de Manchester”, dijo siempre acompañada de su doncella y de la traductora Rosa María Casas.
Posteriormente la pareja de Windsor regresó al país en 1983, vacacionó en Acapulco, Guerrero; Lázaro Cárdenas, Michoacán; Puerto Vallarta, Jalisco y La Paz, Baja California Sur.
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