La conciencia

La evolución del significado de la conciencia. Del dogmatismo a la ciencia

¿En dónde está ese lugar en el que sabemos que somos nosotros? ¿En dónde se guardan los pensamientos? REUTERS/Ivan Alvarado
¿En dónde está ese lugar en el que sabemos que somos nosotros? ¿En dónde se guardan los pensamientos? REUTERS/Ivan Alvarado

¿Alguna vez se preguntó en dónde está el yo? ¿En dónde está ese lugar en el que sabemos que somos nosotros? ¿En dónde se guardan los pensamientos? Recuerdo que cuando tenía 11 años buscaba dentro de mi cabeza ese lugar en donde estaba mi yo. Me obsesionaba la idea de no poder localizarme dentro de mi propia cabeza.

Tenía muchos interrogantes y pocas respuestas claras sobre mi actividad mental. Me costaba entender cómo funcionaba el inconsciente y el consciente. En ese entonces (década del 80), había muchas teorías al respecto. La más famosa era la de Freud, creador del Psicoanálisis, que no pudo a lo largo de su vida demostrar que sus postulados eran ciertos, pero tampoco sus detractores podían mostrar que Freud estaba equivocado y pasaba lo mismo con cada una de las teorías de la época. En ese entonces, ninguna corriente o abordaje psicológico podía demostrar nada. Así transcurrió el siglo XX, repleto de dogmatismos que buscaban una explicación coherente y valedera sobre la complejidad de nuestra mente y cerebro.

La ciencia en aquella época poco podía aportar. No contaba con la tecnología adecuada para corroborar o rechazar las muchas teorías que circulaban. Fue a comienzos del siglo XXI y con la aparatología adecuada (resonadores magnéticos funcionales y escáner) lo que nos permitió, por primera vez en la historia de la humanidad, ver los procesos mentales y cerebrales en acción y los resultados de la interacción entre ellos.

La ciencia pudo observar la actividad, en tiempo real, del órgano más complejo del cuerpo humano. Hoy sabemos que la conciencia, la mente, la psiquis, el espíritu o la cognición son distintas formas de expresar lo mismo: nuestra capacidad de percibirnos a nosotros mismos como seres pensantes, saber que estamos vivos e interpretar y darle sentido al mundo que nos rodea.

La mejor explicación sobre el “yo”, a mi entender, pertenece al neurólogo holandés Dick Swaab, que define a la conciencia como algo diferente a las partes que la componen. La conciencia surge como resultado de la interacción de diferentes áreas de nuestro cerebro. Cada área cerebral cumple con su función específica, y esa interacción entre las áreas hace que emerja una nueva función, diferente a las áreas que la componen.

Swaab lo explica con el siguiente ejemplo “Tenemos el hidrógeno y el oxígeno como gases. Si estas moléculas establecen vínculos entre si surge una nueva sustancia con unas propiedades completamente distintas: el agua”. Lo mismo pasa en nuestro cerebro. Es decir: la conciencia es algo diferente a las partes que la componen.

Nuestra actividad consciente es permanente. Mientras estamos despiertos no podemos dejar de pensar. Hace unos años científicos de la Universidad de Cambridge en conjunto con el Departamento de Neurología de la Universidad de Lieja (Bélgica) pudieron demostrar que hasta una persona en estado vegetativo puede tener actividad mental y estar consciente. Pusieron a una paciente que había sufrido un accidente de tráfico y se encontraba en estado vegetativo, en un resonador y respondió a las órdenes que le daban los médicos.

Le dijeron: si nos estás escuchando, imagina que estás jugando al tenis. La paciente contestó imaginando la escena, lo que produjo la activación de un área determina de su cerebro. ¡Había contestado que sí! Luego se le pidió que para responder NO imaginara que estaba caminando por su casa. Lo cual hizo que se iluminara una zona distinta, en otro sector de su cerebro.

Para determinar las coincidencias o diferencias, se utilizó a un grupo de voluntarios que realizaron la misma prueba. El estudio arrojó como resultado que las reacciones neurológicas observadas fueron las mismas, tanto en los voluntarios como en la paciente. Su estado vegetativo no le impidió estar consciente de sí misma y de su entorno y pudo responder, a través de su actividad mental, a las preguntas que le realizaron los médicos. Nuestra mente, nos acompaña toda la vida y puede estar presente aún en un estado vegetativo.

Recuerde: Al igual que el agua, nuestra conciencia es más que la sumatoria de las partes que la componen.

(Foto: cortesía)
(Foto: cortesía)

*Psicóloga y escritora

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio.

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