Respondiendo a Mario Delgado: una reforma hipócrita e innecesaria

Imagino que los asesores del presidente le aconsejaron proponer la reforma, porque consideran que la legislación actual impide que el presupuesto se pueda modificar a mitad del año

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(Foto: Twitter @mario_delgado)
(Foto: Twitter @mario_delgado)

En una entrevista con WRadio del 29 de abril, Mario Delgado –el coordinador de los diputados de Morena y líder de la alianza mayoritaria con el PES, PT y Verde–, defendió la necesidad de la reforma que propuso el presidente para que, en caso de una crisis económica como la actual, se le permita al ejecutivo hacer reasignaciones presupuestarias discrecionalmente.

Delgado ofreció dos justificaciones para respaldar la iniciativa: 1) Que la crisis económica desatada por la emergencia sanitaria representa un cambio de circunstancias suficientemente relevante como para que el gobierno tenga la necesidad de ajustar el presupuesto hacia nuevas prioridades; y 2) que AMLO debe ser admirado por proponer que el Congreso legisle sobre sus facultades, en vez de imitar a sus predecesores, quienes reasignaban grandes porciones del presupuesto aprovechando la falta de controles en la ley.

Sobre el primer punto hay pocos cuestionamientos. El presidente debe impulsar un programa económico para resolver la crisis, el cual necesariamente requerirá cambiar lo que se había previsto cuando se aprobó el presupuesto en diciembre de 2019. Las opciones que se han puesto sobre la mesa para financiar ese programa son aumentar el techo de endeudamiento o reasignar recursos entre distintas partidas presupuestarias. AMLO claramente se decanta por la segunda, pero también se niega a usar los vacíos legales que presidentes anteriores hubieran aprovechado para hacerlo. Esa es la razón por la que propone que se le otorgue la facultad explícita de reasignar.

Imagino que los asesores del presidente le aconsejaron proponer la reforma, porque consideran que la legislación actual impide que el presupuesto se pueda modificar a mitad del año. Después de todo, ley sólo describe un procedimiento específico que se debe seguir cada año para la presentación, discusión y votación del presupuesto del siguiente ejercicio. No hay ninguna mención sobre cómo se podría hacer en otro momento. Sin embargo, ¿la reforma es la única manera en la que se podría resolver el dilema del presidente? Mi respuesta es que no.

Un opción viable sería un presupuesto suplementario. Legalmente, nada le impide al presidente usar su facultad de proponer iniciativas de decretos en cualquier momento para solicitar cambios al decreto del PEF en esta crisis. De la misma forma, nada le impide a la Cámara de Diputados aprobarlo mediante un acuerdo parlamentario que establezca unas unas reglas de discusión y votación. Sería un mero trámite, pues la mayoría de Morena en esa cámara aseguraría la aprobación del cambio en el decreto, pero así se aseguraría que las cosas se hicieran por una vía legítima y legal.

Si eso escapa del imaginario de nuestros políticos, es porque siempre se había resuelto el problema de la reasignación por la vía de los vacíos legales, y no se había dado el caso de un presidente que quisiera hacerlo de otra forma. Pero en otros países con sistemas políticos similares al de México este tipo de procedimientos son muy comunes; un ejemplo sería el paquete de estímulo aprobado recientemente en Estados Unidos.

Aquí viene el segundo punto que hace Delgado sobre la intención de López Obrador. El texto de la iniciativa sugirió a muchos (razonablemente) que AMLO quiere acabar formalmente con el equilibrio de poderes. Delgado ofreció hacer algunos cambios a la iniciativa del ejecutivo para tratar de tranquilizar a la oposición, y, simultáneamente, se lanzó a tratar de colocar en la opinión pública el mensaje (falaz) de que la oposición es mentirosa y que el presidente en realidad es un defensor de la legalidad por no aprovechar las lagunas legales.

¿A qué se refiere con esas lagunas? Los expertos en temas presupuestales –como Leonardo Núñez, citado por Delgado– llevan años advirtiendo que nuestras leyes sobre ejercicio presupuestario son tan laxas que las administraciones pasadas casi siempre pudieron gastar muy por encima de lo que la Cámara de Diputados aprobó año con año. También denuncian que ha existido una práctica sistemática de transferir fondos entre diferentes partidas o renglones, sin respetar lo que el Congreso asigna originalmente a cada uno, y sin notificar sobre esos cambios oportunamente.

A pesar de que estas modificaciones al presupuesto no son ilegales, sí se puede alegar que son ilegítimas, porque van contra el principio de que el control del presupuesto debe ser una facultad exclusiva del legislativo. Por eso, los expertos abogan por reformar la ley para cerrar las lagunas y quitarles discrecionalidad a los ejecutivos.

Aquí es donde Delgado da una maroma discursiva: Su argumento equivale a decir que, si el problema es la falta de legitimidad, la solución es que el Congreso otorgue un permiso explícito al presidente para actuar sin restricciones sobre el presupuesto. Para evitar las críticas, propone mantener la ilusión del control del legislativo sobre el presupuesto añadiendo el requisito simple de que el presidente notifique los cambios.

Es decir, Delgado y su partido están tergiversando el principio de la 4T de no hacer las cosas como se hacían antes. En lugar de cerrar la puerta para que se no sigan empleando las prácticas indebidas de las administraciones anteriores, lo que proponen es un acto de magia para que la ley diga que esas prácticas ya no son indebidas. Por eso concluyo que su argumento es hipócrita.

Por otro lado, aprovechando la pandemia, quieren legislar apresuradamente sobre un tema que debería discutirse con más profundidad y mejores argumentos. La reforma propuesta tiene defectos enormes que las correcciones de Delgado no alcanzan a subsanar. Sería mejor no hacer ninguna reforma que introducir una norma que debilite aún más el control del Legislativo sobre el presupuesto. La reasignación de recursos –urgente en estos momentos— podría hacerse fácilmente por la vía que sugerí arriba: que la Cámara de Diputados apruebe una iniciativa de decreto presentada por el presidente para reformar el decreto del PEF. Por eso también concluyo que la reforma es indeseable e innecesaria.

*Analista y Consultor, Twitter: @atoledou

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio

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