
El 13 de agosto de 1521, México Tenochtitlán cayó en manos de conquistadores españoles. Este acontecimiento dio paso al establecimiento del régimen colonial que posteriormente daría paso al México mestizo.
Dos años antes, Hernán Cortés había desembarcado en la costa mexicana con 400 infantes, 15 jinetes y 7 cañones, quienes pasarían a la historia como los responsables del derrumbe del imperio azteca.
El triunfo de Cortés no se cimentó en la incorporación de la población nativa en sus filas. A ello se sumó el tumulto de profecías que azotaban a la cultura prehispánica respecto a la llegada de esos "hombres blancos y barbudos procedentes de Oriente".
Otro ingrediente fueron las armas y tácticas de guerra que los europeos utilizaron frente al imperio mexica. En esa época el acero, la pólvora y el uso de los caballos suplieron la desventaja numérica de los conquistadores. Distintos historiadores han destacado además que sus tácticas de combate ayudaron a vencer al pueblo mesoamericano, el cual consideraba que la muerte de un general significaba el final de la batalla.

Estos hechos marcaron el inicio de la conquista española, tras la cual devino la desaparición de un alto porcentaje de la población de nativa, la destrucción de templos nativos, la imposición de una religión ajena a las prácticas de los pueblos originarios y el desarrollo de enfermedades hasta ese entonces inexistentes en el continente Americano.
Epidemias que casi terminan con una población
En tiempo de la conquista la viruela se extendió por toda la ciudad, causando la conmoción de los indígenas, para quienes esta enfermedad era totalmente desconocida.
Miguel León-Portilla plasmó en "La Visión de los vencidos" que la peste "era muy destructora enfermedad. Muchas gentes murieron de ella. Ya nadie podía andar, nomas estaban acostados, tenían que guardar cama. No podía nadie moverse, no podía volver el cuello, no podía hacer movimientos de cuerpo; no podía acostarse cara abajo, acostarse sobre la espalda, ni moverse de un lado a otro. Y cuando se movían algo, daban de gritos. A muchos dio la muerte pegajosa, apelmazada, dura enfermedad de granos."
Antes de que esta enfermedad se extendiera por el continente, llegando hasta el sur, había registros que señalaban a los nativos como una población salubre y densa. Ni siquiera Fray Bartolomé de Las Casas, quien recorrió todo el territorio, menciona casos de paludismos y otras enfermedades anteriores a la llegada de los españoles.

El historiador Antonio de Herrera documentó que cuando los nativos se enfermaban de sarampión, viruela, catarro o fiebres, se acostumbraban bañar en los ríos sin esperar a que la enfermedad mitigara, por lo que morían. A ello se añadía el hecho de que la doctrina cristina no les permitía tener más de una mujer, mientras que antes se acostumbraba la poligamia. Esta imposición les dificultaba aumentar la población.
Todas estas epidemias, la guerra y la explotación por parte los españoles provocaron que la población indígena descendiera de 65 millones a 5 millones entre 1550 y 1700, según lo documentó Ricardo Pacheco Colín.
Imposición de una religión y destrucción de templos
La destrucción de los templos y sitios sagrados fue una práctica sistemática de los colonizadores para imponer su ideología. El Templo Mayor, que simbólicamente representaba el centro de la cosmovisión mexica, fue destruido hasta sus cimientos; lo mismo ocurrió con la ciudad de Tenochtitlan.

Fray Toribio de Benavente, mejor conocido como Motolinía, comparó esta destrucción con las plagas del Egipto.
Además de los templos, la colonización trajo consigo la erradicación de las antiguas doctrinas religiosas. Las antiguas deidades fueron prohibidas y se sustituyeron por la religión católica. Los historiadores señalan que la apropiación del catolicismo entre los nativos fue posible debido a que entre ellos no existía el principio de intolerancia tan característico de los pueblos europeos.

La existencia de santos, vírgenes y apóstoles vinieron a sustituir a todos los dioses que antiguamente los aztecas veneraban, lo que facilitó su adoctrinamiento.
Tras haber ganado la guerra, los españoles y sus nuevos dioses habían demostrado su poder, no sólo derrotando al pueblo guerrero sino a su gran deidad Huitzilopochtli. Este razonamiento en el que la fuerza bélica iba de la mano del poder divino también ayuda a explicar el establecimiento del catolicismo en México.
Estos son algunos de los rasgos generales de la conquista de México. Han pasado cinco siglos desde los sucesos aquí mencionados, sin embargo, los años de dominación siguen representando una herida abierta.
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