
La cuota anual de caza de ballena en Noruega subió en 2026 a su nivel más alto en años, con 1.641 ejemplares de ballena minke autorizados para ser abatidos en aguas noruegas y del mar de Barents, según informó Inside Climate News. Esta decisión se produce en un momento de intenso escrutinio internacional y con un consumo interno en descenso, mientras el país exporta parte de la carne a Japón e intenta diversificar el destino de sus productos, entre ellos su venta como comida para perros y la promoción turística.
La nueva cuota, establecida por el Ministerio de Comercio, Industria y Pesca de Noruega, supone 235 ejemplares más que en 2025. No obstante, el número real de ejemplares cazados ha sido consistentemente inferior al máximo permitido: el año pasado las capturas ascendieron a solo 429 ballenas, según el propio ministerio.
PUBLICIDAD
Desde la instauración de la moratoria internacional que la mayoría de países ha respetado desde la década de 1980, Noruega se mantuvo al margen y ha matado a más de 16.000 ballenas, cifra que la coloca, con diferencia, por encima de Japón e Islandia, los otros dos países que aún permiten la caza comercial.
A pesar del volumen de capturas autorizado por las autoridades noruegas, la aceptación y el consumo de carne de ballena dentro del país se mantienen en niveles marginales. Solo 1% de los noruegos consume carne de ballena con regularidad, de acuerdo con un sondeo realizado en 2024 por la organización ambiental noruega NOAH. “No hay demanda en Noruega”, sostuvo Lottie Pearson, activista noruega de la ONG internacional Whale and Dolphin Conservation.
PUBLICIDAD

Buena parte de la carne cazada —aproximadamente un tercio— se exporta a Japón, mientras que el resto se intenta comercializar internamente bajo la etiqueta de “delicadeza cultural”, según describió Kate O’Connell, asesora principal del Animal Welfare Institute, organización internacional de derechos animales con sede en Washington.
Destino de la carne de ballena
Grupos ambientalistas criticaron la diversificación en los destinos finales de los productos derivados de la caza. O’Connell advirtió que la carne de ballena es ofrecida al turismo en múltiples formatos, como salchichas y hamburguesas vendidas en aeropuertos y tiendas de recuerdos bajo el nombre de “aperitivos vikingos”. La asesora subrayó la preocupación ética y sanitaria que supone esta práctica.
PUBLICIDAD
Una colaboración entre el Animal Welfare Institute, la ONG internacional Whale and Dolphin Conservation y la organización ambiental noruega NOAH detectó en 2024 la presencia de sustancias PFOS, conocidas como “químicos eternos”, en todas las muestras de carne analizadas en Noruega. Los PFOS se acumulan en el organismo y se relacionaron con daños hepáticos y riesgo de diversos cánceres.
Compañías noruegas como Myklebust Hvalprodukter venden carne cruda o deshidratada de ballena como alimento para perros, y promocionan el aceite de ballena por supuestos beneficios cosméticos en animales de tiro y competición.

Opinión pública y perfil de las capturas
A pesar de la visibilidad internacional del debate, la opinión pública en Noruega permanece poco informada sobre la magnitud de la caza actual. “La mayoría de los noruegos no sabe que se siguen matando ballenas en sus aguas”, señaló Pearson. “Fuera de vista, fuera de la mente”.
PUBLICIDAD
Según la regulación local, las embarcaciones que participan en la temporada de caza deben informar electrónicamente variables como el número de ejemplares cazados, desglosados por sexo y condición reproductiva. Los datos de 2025 identificaron que de los animales abatidos, 287 eran hembras y que cerca del 60 % de ellas estaban preñadas. Siri Martinsen, veterinaria y directora de la organización ambiental noruega NOAH, advirtió que esta tendencia se debe a que “principalmente se captura hembras preñadas, porque están cerca de la costa y son más fáciles de atrapar”.
El impacto de este sesgo en las capturas fue analizado por el Comité Científico Noruego para la Alimentación y el Medio Ambiente en una evaluación de 2019. Según sus conclusiones, una disminución desproporcionada de hembras puede reducir significativamente la capacidad de recuperación de las poblaciones y desestabilizar la especie a largo plazo.
PUBLICIDAD
Impacto ambiental y futuro de la especie
A la presión de la caza se suman los efectos del cambio climático sobre la distribución de las presas, que obliga a las ballenas a desplazarse y, en ocasiones, a alimentarse peor. El director de investigaciones de la ONG Endangered Species Protection Agency, Peter Carr, relató que en 2025 varios ejemplares de ballena minke estaban delgados al final del invierno.

Un portavoz del Ministerio de Comercio, Industria y Pesca declaró: “Noruega mantiene capturas sostenibles de ballena minke, como lo ha hecho durante décadas. El stock de esta especie está gestionado de manera sostenible y los niveles de cosecha en los últimos años han sido más bajos que las cuotas establecidas. Por ello, el comercio de productos derivados se mantiene en niveles limitados”.
PUBLICIDAD
Organizaciones ecologistas rechazan este argumento y alertan sobre el posible colapso ecosistémico. La veterinaria señaló: “Ahora sabemos que las ballenas contribuyen a la biodiversidad y la capacidad del océano de combatir el cambio climático”. Los datos de la NOAA Fisheries, organismo científico de Estados Unidos, mostraron que una ballena puede retener en vida casi 30 toneladas de dióxido de carbono frente a las cerca de 12 toneladas que absorbe un roble durante varios siglos. Al morir y hundirse, ese carbono permanece almacenado en el fondo del mar durante cientos o miles de años.
Además de su rol en el ciclo del carbono, las ballenas contribuyen al crecimiento del fitoplancton al excretar nutrientes claves para estos microorganismos que sostienen la base de la cadena trófica marina. Un estudio de 2025 del Instituto de Investigación Marina de Noruega halló que en los caladeros de alta latitud del Atlántico Norte y el mar de Barents, las ballenas, incluidas minkes, jorobadas y rorcuales comunes, pueden aumentar hasta un 10 % la productividad del océano durante los meses cálidos.
PUBLICIDAD
Carla Freitas, coautora del estudio, afirmó: “Lo que mostramos es que las ballenas no solo consumen peces, sino que contribuyen a un ecosistema equilibrado y saludable. Sin ellas, el océano sería mucho menos productivo”.

Bienestar animal y métodos de caza
Noruega exige por ley que la caza minimice el sufrimiento animal, aunque para O’Connell esto resulta inviable: “No se puede hacer la caza de ballenas humana”.
Varias investigaciones revelaron que una de cada cinco ballenas cazadas no muere instantáneamente tras ser alcanzada con el arpón, y muchas tardan un promedio mínimo de seis minutos en fallecer, afirmó la activista noruega. El director Carr detalló casos documentados en que la agonía se prolongó 26 minutos en un ejemplar. En otra ocasión, una ballena herida escapó con el arpón incrustado y otra fue izada viva junto a la nave, con signos de angustia.
PUBLICIDAD
Además de los cuestionamientos éticos y ecológicos, la comunidad científica resaltó el alto grado de inteligencia y sensibilidad de estos animales. El director y su equipo presentaron la complejidad de las conductas y los lazos sociales entre las ballenas, así como las consecuencias emocionales, como el dolor y el miedo, que experimentan durante la caza.
Los grupos Whale and Dolphin Conservation y NOAH intensificaron sus campañas para difundir estas realidades y presionar a las autoridades noruegas para detener la caza comercial. Martinsen instó: “Son ellos quienes pueden terminar con esto”. Por su parte, Pearson concluyó: “Necesitamos que los noruegos se levanten y digan que la caza de ballenas no debe formar parte de nuestra historia actual”.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Las seis alertas de la ONU sobre el agua mundial: ríos en mínimos, glaciares en retroceso y datos que preocupan
En 2025 se registró uno de los años más secos para el caudal de los ríos en más de tres décadas, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial. La situación de la cuenca del Río de la Plata, la Patagonia y los Andes subtropicales

En 2025, cayeron un 42% las reservas mundiales de agua dulce y se ubicaron por debajo de los promedios históricos
Glaciares, ríos, lagos y napas subterráneas registraron niveles inferiores a lo habitual a lo largo del año. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que la tendencia se sostiene desde 2014

El calor puede aumentar hasta 12% la factura eléctrica de los hogares en El Salvador, según experto
El alza de las temperaturas incrementa el uso de ventiladores, aires acondicionados y refrigeradores, lo que se refleja en el recibo mensual, mientras la menor lluvia complica la oferta de generación con agua

Qué reveló el primer estudio sobre el colapso en Nepal: el calor extremo debilitó el glaciar que desató la inundación mortal
Un análisis de más de 20 especialistas identificó cómo el aumento de las temperaturas, el deshielo del permafrost y una pendiente ya frágil convergieron en la tragedia que causó más de 1.400 muertes
Un proyecto de restauración plantó más de 100 mil árboles nativos en el Gran Chaco argentino
La iniciativa de la organización global The Nature Conservancy combinó forestación, monitoreo y siembra aérea con drones para restaurar áreas degradadas y favorecer la biodiversidad. Los beneficios para los ecosistemas y las comunidades locales




