
Un estudio realizado por la Universidad Estatal Paulista (UNESP), en Brasil, identificó que el extracto salino de semillas de moringa puede eliminar hasta el 98% de los microplásticos presentes en el agua, igualando o superando la eficacia del alumbre, el coagulante químico más empleado en Europa. La investigación fue dirigida por la científica Gabrielle Batista y publicada en la revista científica ACS Omega, en un contexto donde la contaminación por microplásticos es una preocupación creciente para la salud y el medio ambiente.
Según el portal de noticias europeo Euronews, la moringa, conocida como el “árbol milagroso”, fue utilizada desde la antigüedad para purificar agua gracias a sus propiedades coagulantes. En el nuevo estudio, los investigadores compararon su extracto con el alumbre, comprobando que ambos logran agregar y filtrar partículas de PVC de unos 15 micrómetros, un tamaño capaz de atravesar filtros estándar y de mayor riesgo para la salud humana y ecológica.
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Por otra parte, el extracto de moringa demostró mayor estabilidad y fiabilidad en un rango más amplio de pH en comparación con el alumbre. Además, su eficacia se mantuvo tanto en filtración directa como en línea, lo que podría simplificar y abaratar el proceso, evitando etapas costosas y demandantes de energía como la floculación.
Ventajas ambientales y desafíos técnicos

De acuerdo con los investigadores, la moringa ofrece una solución renovable y no tóxica frente a los problemas asociados al uso de coagulantes químicos. El alumbre, aunque eficaz, puede elevar los niveles de aluminio en el agua si se utiliza en exceso, lo que se vincula a trastornos neurológicos y a la producción de lodos difíciles de gestionar. Además, su producción conlleva un alto impacto ambiental debido a la minería de bauxita y la energía consumida en su refinado.
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Mientras tanto, la moringa se destaca por su rápido crecimiento, resistencia a la sequía y capacidad para prosperar en suelos áridos y degradados. Su cultivo requiere pocos recursos, actúa como sumidero de carbono y favorece la biodiversidad, añadiendo ventajas a su uso en sistemas de tratamiento de agua.
Sin embargo, el estudio advirtió que el uso de moringa libera carbono orgánico disuelto, lo que podría complicar etapas posteriores del tratamiento de agua y requiere estudios adicionales. Los autores subrayaron la necesidad de realizar pruebas a mayor escala para confirmar la viabilidad del método en plantas de tratamiento y evaluar su impacto en la calidad final del agua.
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Microplásticos: un riesgo creciente y difícil de controlar
Por otra parte, la presencia de microplásticos en el agua potable representa un desafío global. Las partículas, menores a cinco milímetros, son liberadas por neumáticos, pinturas, textiles y envases plásticos degradados, y pueden transportar contaminantes a través de los ecosistemas, entrando en la cadena alimentaria.

De acuerdo con la Unión Europea, en 2024 se reforzaron los protocolos de control de microplásticos en el agua potable, pero los métodos actuales pueden no ser suficientes para capturar las partículas más pequeñas. Investigadores alertaron que estas partículas pueden atravesar el intestino y llegar a la sangre, los órganos e incluso el cerebro, y se vincularon a riesgos como cáncer, enfermedades cardíacas y problemas reproductivos.
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El uso de coagulantes para agrupar y filtrar microplásticos es una de las principales estrategias en las plantas de tratamiento. Por lo general, el sulfato de aluminio es el estándar, pero su impacto ambiental y en la salud genera preocupación. La moringa aparece como una alternativa prometedora, especialmente para países en desarrollo y regiones afectadas por la escasez de recursos hídricos.
Perspectivas y próximos pasos
Mientras tanto, los autores del estudio destacaron la importancia de seguir investigando el uso de la moringa a gran escala. La eficiencia observada en laboratorio debe validarse en condiciones reales y durante periodos prolongados para garantizar la seguridad y sostenibilidad del proceso.
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El “árbol milagroso” no solo destaca por su potencial en la purificación del agua, sino también por sus múltiples usos en la alimentación, la medicina y la agricultura sostenible. Su aprovechamiento en el tratamiento de aguas puede ser un paso clave en la lucha contra la contaminación por microplásticos y en la búsqueda de soluciones ecológicas para la crisis mundial del agua.
El descubrimiento abre la puerta a tecnologías más limpias y seguras, capaces de enfrentar uno de los mayores retos ambientales actuales, y refuerza el valor de los conocimientos tradicionales en la innovación científica moderna.
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