
Las praderas de flores silvestres desaparecieron casi por completo del paisaje rural del Reino Unido en el último siglo, pero encuentran espacios inesperados para prosperar en entornos urbanos, según informó la cadena británica BBC. La transformación de estos hábitats responde a la intensificación agrícola, a la presión de especies invasoras y al cambio climático, pero también revela el potencial de las ciudades para conservar biodiversidad y restaurar servicios ecológicos fundamentales.
De acuerdo con la información, el 97 % de los antiguos prados de flores silvestres ha desaparecido en el Reino Unido durante los últimos 100 años y más de la mitad de las plantas autóctonas han registrado algún grado de descenso desde la década de 1950, cuando comenzaron los registros formales.
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Los factores principales son el reemplazo de la agricultura tradicional por métodos industriales, la utilización masiva de pesticidas y fertilizantes y la reducción del pastoreo, detalló Nadine Mitschunas, ecóloga de polinizadores en el Centro de Ecología e Hidrología, referente en investigación ambiental, del Reino Unido.
La consecuencia más inmediata de esta desaparición es una reducción marcada en la diversidad y abundancia de insectos polinizadores e invertebrados, organismos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.

Flores silvestres en el entorno urbano
Lejos de los campos, las ciudades británicas emergen como reservorios alternativos y, en ocasiones, espacios favorables para las flores silvestres. Según Mitschunas, “las ciudades suelen asociarse con el estrés, y solo las plantas más resilientes pueden sobrevivir. Las flores silvestres, de hecho, prosperan en condiciones estresantes”.
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La ecóloga señaló que en ambientes urbanos no existe la intensa competencia que las desplaza en entornos rurales gestionados. “Necesitan entornos inestables; en ámbitos estables, solo unas pocas especies perduran”. Además, dentro de la ciudad se multiplican los microhábitats —acerados, muros, riberas fluviales, parques— que ofrecen nichos variados para distintas especies.
Las áreas denominadas brownfield, terrenos urbanos previamente dedicados a la industria y hoy abandonados o contaminados por metales y aceites, constituyen otra oportunidad. Estos sitios suelen presentar suelos alcalinos y pobres en nutrientes, que paradójicamente fomentan la diversidad de especies vegetales. Según Heather Rumble, profesora de entornos urbanos saludables en la Universidad del Oeste de Inglaterra, “algunos contaminantes, como metales pesados, pueden incluso ser aprovechados por ciertas especies de plantas, que han evolucionado para usarlos”.
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Un caso es la experiencia del King’s College de Cambridge: en 2020, un pequeño sector de césped se dejó de cortar, lo que permitió el desarrollo de una mini pradera silvestre. Cicely Marshall, investigadora en Ciencias Vegetales de la Universidad de Cambridge, registró allí hasta tres veces más especies de plantas, arañas e insectos que en el césped convencional de la universidad, además de aumentar la presencia de murciélagos atraídos por los invertebrados.

Beneficios para polinizadores urbanos
La presencia de zonas de flores silvestres permite mantener poblaciones robustas de insectos, incluidos escarabajos, himenópteros y sírfidos. El impacto positivo asciende en la cadena alimentaria: Marshall precisó que cuanto mayor es la población de flores silvestres, más especies y mayor número de invertebrados, lo que impacta en la abundancia de otros animales, como los murciélagos.
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Un estudio realizado en Varsovia, Polonia, corroboró que la diversidad de especies que visitan praderas urbanas no difiere significativamente de las que lo hacen en praderas naturales. Las flores silvestres urbanas concentran gran cantidad de insectos polinizadores y son igual de valiosas para estos, según la información.
La discusión sobre especies nativas versus introducidas aún está abierta. Rumble advirtió que la evidencia sobre si las especies no nativas incrementan la biodiversidad aún es escasa, aunque reconoció que al florecer en diferentes momentos del año, prolongan la oferta de alimento. Mitschunas añadió que “los abejorros, que antes solo se veían hasta el otoño, ahora establecen colonias de invierno en áreas urbanas debido a la disponibilidad de flores silvestres”.
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Este fenómeno también se extiende a sírfidos y otros polinizadores activos durante el invierno, que encuentran en los entornos urbanos una fuente importante de sustento gracias a la presencia de estas plantas.

Opiniones y desafíos públicos
El crecimiento de las praderas de flores silvestres en ciudades británicas enfrenta resistencias culturales. “Hay una guerra cultural en torno a los prados urbanos. A las autoridades municipales les interesa por razones de biodiversidad y bajo mantenimiento, pero parte de la población los rechaza porque, durante parte del año, parecen descuidados”, declaró Rumble.
La preferencia histórica en el Reino Unido por el césped corto y verde genera desconfianza hacia espacios menos pulcros. La ecóloga sugirió que podría existir una aversión evolutiva hacia la hierba alta asociada a riesgos como serpientes y arañas, aunque no hay estudios científicos que lo respalden.
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La profesora concluyó que “debemos aprender a aceptar cierta dosis de naturaleza y desorden, porque no podemos existir separados de la naturaleza”.
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